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| Cuando ve la luz el primer numero de El TRULLO que edita la IX Fiesta de la Vendimia requenense, parece obligada la inclusión en él de un resumen o comentario de lo más destacado sobre el papel y sobre el terreno de cuanto aconteció en las pasadas Fiestas. ¿Hubo alguna novedad respecto al programa de años anteriores? En líneas generales se persistió en el clásico pregón, en el acto de presentación y proclamación de la Reina y su corte de honor, las calles se engalanaron lujosamente, el monumento alegórico arrojó vino sin cesar para su degustación gratuita durante tres días como asimismo se sirvió vino gratuitamente en todas las calles engalanadas, hubo música, pólvora, actos religiosos, toros, actos vitivinícolas, concursos de uvas y vinos, bailes, cabalgata y batalla de flores, etc. Pero por encima de todo esto, que es por sí solo suficiente motivo para dar cuerpo a una Fiesta que atrae a nuestra población gentes de fuera en número tal que se duplica su censo, encontramos algo en la VIII Fiesta de la Vendimia tan elocuente que gustosos lo señalamos en letra de imprenta para perpetua memoria. De una parte la VIII Fiesta en trance de elaboración, concretamente un mes antes de su celebración, recibe un susto tremendo con motivo de las tempestades de piedra que descargaron en esta Comarca ocasionando daños que se tasaron en muchos millones de pesetas; tal el susto, que las Comisiones, sacando de tripas corazón, como suele decirse, se vieron en trance de superar una crisis que se avecinaba irremediablemente a base de fe, de sacrificio económico -en el que no anduvo corto el Muy Ilustre Ayuntamiento de la Ciudad- y contando con algún resorte de efecto decisivo en el resultado de la Fiesta. Esto no obstante, la VIII Fiesta de la Vendimia se celebró con inusitado esplendor, superando en líneas generales, según es norma de la Fiesta desde su fundación, todo lo anterior. ¿Cual es la razón de la contradicción entre las dificultades y malos augurios del planteamiento y el éxito del resultado? Son varias y complejas. Se ha evidenciado precisamente con este motivo que la Fiesta posee un cartel, que es conocida mas allá de las fronteras comarcales y aun provinciales, y el público del exterior, el que en nada ha sido afectado por el desastre que asoló esta comarca, ha acudido puntual al llamamiento festivo contagiándonos su buen humor y dejándonos una pequeña porción de su dinero. La población de Requena y sus Aldeas hubo de hacer números y recortar el presupuesto, pero... si se ha podido presenciar una corrida de toros esta ha sido la de la Fiesta de la Vendimia, si se ha podido disponer de cualquier exceso sobre las cantidades destinadas a atender las mas estrictas necesidades cotidianas se ha dispuesto en favor de la Fiesta, si se ha descansado de la diaria faena olvidando desastres y recobrando esperanzas esto aconteció con motivo y durante los días de la celebración de la VIII Fiesta de la Vendimia. Es decir, la Fiesta creó tal ambiente que los requenenses encontraron en los tres días de su celebración olvido absoluto de sus problemas, reaccionando a la manera clásica de quienes cuentan entre su maravilloso refranero aquel que dice "a mal tiempo buena cara" o aquel otro que dice "el que canta su mal espanta". Persiste en el pueblo la capacidad de reacción ante la adversidad y la Fiesta que comentamos ha sido piedra de toque índice de bien elocuentes resultados. Pero además, es necesario reconocer el acierto en la elección de la Reina de la VIII Fiesta de la Vendimia y agradecer en todo su valor a ella misma y a sus ilustres progenitores la aceptación del reinado, tanto por la expectación despertada, como por el sacrificio personal que supuso para la Srta. Cabot Lodge, todavía convaleciente entonces de una operación quirúrgica a que había sido sometida, como por el síntoma de buena voluntad y sincero propósito de aproximación y entendimiento entre los pueblos que ha supuesto la aceptación del reinado que comentamos. Nada hay mas expresivo y espontáneo en esta causa que el entendimiento del pueblo con el pueblo, desprovistas totalmente tales relaciones del ceremonial protocolario que es de rigor entre gobiernos, al margen del cálculo cerebral de lo que debe y no debe hacerse en el terreno diplomático por temor a su interpretación, con la palabra a flor de labios sin la reserva y prudencia que aconseja toda gestión en país extranjero aún tratándose de dos países amigos y colaboradores. Así hemos visto a la Reina, hija de embajadores extranjeros, y así hemos visto al Sr. Embajador y muy especialmente a su distinguida esposa, identificada rapidísimamente con la población requenense y haciendo gala de un poder de adaptación extraordinario. Todo esto es muy de agradecer. ¿Resultado? Ya lo señalamos al principio: éxito rotundo de la VIII Fiesta de la Vendimia contra viento y marea y buen barbecho para la IX Fiesta que comienza sus funciones en ambiente bien distinto del creado a raíz del desastre del pasado verano y que terminará, Dios mediante, como ya es proverbial, empalideciendo todo lo anterior.
(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1955) |
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