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Todos los que estamos consagrados al negocio de vinos y alcoholes, tenemos en estos momentos una grave preocupación por la próxima campaña 1956-57. De todos es sabido que la cosecha de 1955 se dio oficialmente como deficitaria pero en contra de todos los pronósticos hemos llegado a fin de esta campaña con suficiente vino para enlazar con los de la nueva elaboración. Los cálculos que se vienen haciendo sobre la próxima recolección son mucho más optimistas que los previstos por estas mismas fechas en 1955. Se da por descontado que el volumen de vinos será superior al elaborado en 1955 ya que, si bien en algunas zonas la muestra de uva es todavía inferior a una normal, queda la incógnita de saber si los racimos suplirán, igualarán o superarán, con su abundante jugo, al recolectado el año anterior. La cosecha de 1953, con sus 22.145.000 hectólitros de vino, ya sabemos la serie de calamidades que descargó sobre la vinicultura, con la desvalorización total de los vinos. La cosecha de 1954, con sus 18.142.000 hectólitros, no logró remontar las 14 pesetas grado y hectólitro en los vinos manchegos hasta el mes de junio de 1955, cuando se vio claramente que se iba a una cosecha corta. Pero no se tuvo en cuenta que arrastrábamos un excedente de 1953-54, de unos tres millones y medio de hectólitros, cantidad que transformó la cosecha suficiente de 1954-55, en cosecha nuevamente excedentaria. Esta misma fatídica herencia que viene desde 1953 la vamos a pasar a la campaña 1956-57, que estos días se inicia oficialmente. Es posible que no quede vino en manos de la Comisión de Compra pero sí quedan nada menos que unos 100.000 hectólitros de alcohol, cantidad que nuevamente frenará la actividad de la industria alcoholera con todas sus graves consecuencias para sus industriales y para el mercado de vinos que necesita de esa salida normal de vinos. Ahora bien, si con 14.879.000 hectólitros de vino elaborado en 1955, no hemos podido pasar de una medianía de precios en toda la campaña y comprobamos ahora que el mercado flojea y está en declive en casi todas las zonas, ¿qué pasará si la nueva cosecha, como parece, alcanza otra vez los 18 millones de hectólitros?. Es indudable que nos tendremos que enfrentar con una nueva crisis si no eliminamos a tiempo al enemigo. Se ha visto claro que de poco sirve retener vino y alcohol de una cosecha para sumarIo a otra nueva cosecha. Lo que importa es eliminar, no retener. Y aquí viene el punto principal de este comentario. Aparte de las disposiciones que en su momento pueda adoptar el Gobierno a través de la Comisión de Compra, para sostener los precios de las uvas y de los vinos, es preciso que desde ,ahora todos los viticultores se decidan a remediar por su parte una crisis que se ve como inminente. Los viticultores pueden evitar la crisis o por lo menos suavizarla mucho. ¿De qué forma? Destinando gran parte de sus uvas a consumo de mesa y a zumos, bien de uva, bien concentrados. No es aquí el momento de extendernos en las ventajas que supone el consumo de uva fresca ni el de los zumos de uva, ni de pretender demostrar la posibilidad de multiplicar las ventas de ambos productos en el mercado europeo (que hay extraordinarias posibilidades de incrementarlas). Lo único que deseamos es que los viticultores se decidan a vender sus uvas en estado fresco tanto como lo permita el mercado de consumo español para aquellas variedades que no son típicamente de mesa; y para que se envíe dentro de la temporada actual el mayor contingente posible de uvas de mesa al extranjero. Económicamente puede tener una gran importancia esta solución para los viticultores.. En primer lugar porque la uva que vaya a consumo directo, aun, como hemos dicho, de variedades no típicamente de mesa, se viene pagando a mayor precio del que se puede confiar se pague si las uvas van a vinificación. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que si el volumen de uvas que corrientemente se destinarían para vino y ahora se destinan a consumo de mesa fuera muy importante, traería una revalorización general de las uvas de vinificación. Otro punto muy importante, ya para cuando llegue la elaboración, es transformar en mostos apagados buena parte de los mostos elaborados. Es el mejor sistema para poder servir durante la campaña mostos no fermentados bien: para fabricar zumos de uvas o bien para elaborar mostos concentrados. Los zumos de uvas y los mostos concentrados de uvas tienen un enorme porvenir en los mercados europeos. Bastará que la calidad de nuestros zumos y mostos puedan competir con los que vienen ofreciendo Francia e Italia para que encontremos grandes consumidores principalmente en los países del centro y norte de Europa. Estamos plenamente convencidos de que los viticultores pueden salvar a tiempo a la vitivinicultura nacional de una crisis tan seria y tan aguda como la que nos trajo la cosecha de 1953. Es más, ellos pueden lograr que el signo del mercado vínico-alcoholero que se viene moviendo en un ambiente de pesimismo en las últimas campañas, cambie por completo de signo en la nueva. Todavía queda mucho campo abierto al consumo de uva fresca en los mercados nacionales y es insuficiente la reserva de zumos de uva y de mostos concentrados en atención a la demanda que hay. Los viticultores tienen la palabra: de ellos depende ofrecer una mercancía en cantidad, calidad y precio a la altura de la competencia. Solamente falta que nuestros hombres se convenzan de la necesidad de aportar su grano de arena para prevenir una nueva crisis vinícola. Siempre es mejor prevenir que curar.
(Publicado en El Trullo de Septiembre de 1956)
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