|
|
||
| De pocos años a esta parte, los vinos elaborados vienen acusando un exceso de hierro, con el natural desvirtuamiento del "bouquet" (el buen paladar del vino), lo que sin duda obedece a que cada vez se emplean más maquinarias de hierro, así como conducciones de mostos del mismo metal, ya que si al fabricar sulfitamos bien, en su debida proporción, la vendimia, estos excesos no nos los producirán las tierras y cúpricos que pueda llevar la uva al lagar procedentes de tratamientos anticriptogámicos, porque unas y otros se depositarán en el fondo del envase al decantar el mosto. Los treinta y cuatro años que llevo elaborando me hacen aconsejar que se tenga gran cuidado con la maquinaria de hierro, pues si bien es cierto que con su empleo hay un gran ahorro de jornales, también es necesario que se cuide como es debido, ya que nada adelantamos con elaborar mucho y pronto si luego obtenemos vinos de deficiente calidad. Esto es muy importante en los tiempos de competencia que corremos, por lo que debemos elaborar caldos de excelente calidad y por tanto que sean de fácil adquisición por el comerciante y de grata degustación por el consumidor, y con ello conseguiremos mayores propaladores de la más higiénica y alimenticia bebida alcohólica, que no es otra que el vino. Sin ser un convencido de todos los sistemas de maquinaria para la elaboración del vino (a algunas les tengo verdadero pánico), reconozco lo necesarias que son, ya que en pocos días son muchos los millones de kilos de uva que tenemos que triturar; pero conocedores como somos de lo perjudicial que es para el vino el que los mostos pasen por maquinaria y tuberías de hierro, que por los muchos años ya instalados están descascarilIados y con herrumbre formada, porque haya desaparecido el barniz que traen de fábrica, o porque el galvanizado ha desaparecido por su uso. Para evitar que la maquinaria no aumente hierro a los vinos hechos, es de necesidad que todos los años, quince o veinte días antes de que se vaya a dar comienzo a la vendimia, se proceda a lijar bien todas las partes de las mismas que no tengan barniz, y cuando ya estén bien limpias, se les dará las manos que sean necesarias con un buen barniz inatacable a los ácidos, con el fin de que cuando demos comienzo a la campaña se encuentren en perfectas condiciones de sequedad. Estos barnices se encuentran fácilmente en nuestro comercio, donde hoy se fabrican con el esmero y sapiencia como lo puedan hacer en cualquiera otra parte del mundo. Los tubos de hierro, conductores de mostos, me producen verdadero pánico, pues la experiencia me ha demostrando que a los tres o cuatro años como máximo, desaparece el galvanizado de los mismos, formándose en su interior un orín que contamina al vino grandes cantidades férricas que siempre les produce enturbiamientos y desvirtúan el paladar del mismo. . Esto se podría evitar, en parte, siempre que cada tres años se galvanizasen de nuevo; pero desde luego soy partidario de sustituirles por conductores de mostos preferiblemente por buenas mangueras de goma y lonas, ya que si éstas sabemos conservarlas duran varias campañas, y hasta estoy por asegurar que al final resultan más baratas. Ignoro si los vinicultores españoles estarán conformes con la tesis que sustento, por lo que desde aquí me disculpo; pero si ellos reconocen como real cuanto expongo, en otros trabajillos, modestos como míos, seguiré tratando sobre este tema y de algún otro que también pueda tener importancia, aunque ésta sea muy relativa, para la buena elaboración de nuestros vinos.
(Agradecemos a D. Miguel Castellanos su colaboración, y esperamos poder, en sucesivos trabajos seguir conociendo sus experiencias e impresiones sobre estos interesantes temas.)
(Publicado en El Trullo de Septiembre de 1956) |
||