¿Prefieres la capital?
¡Mía es la paz de la aldea!
Nunca me convencerás
con tu canto de sirena
susurrando otros lugares,
pintándolos de belleza
¡no me harás torcer el rumbo
que me dicta mi alma inquieta!.
¡Soy del campo! ¡Labrador!
por que tengo el alma llena
de las vides y olivares
de la siempre verde vega
te digo que soy del campo
y no abandono mi tierra.
Me ahogaría la capital
-palidez de estrecha celda-
con el aire enrarecido
por las altas chimeneas.
¡Qué gusto da contemplar
apenas el día empieza
esos reflejos que el sol

arranca a la torre esbelta

mientras una débil brisa

sobre la llanura inmensa

va meciendo los olivos

y en sutiles brazos lleva

la canción que el labrador

arranca sobre la esteva!

Por eso prefiero el campo,

el campo me hizo poeta,

y por eso no abandono

lo que a mi mente recrea.

Este suelo, que al herirlo

con las aceradas rejas

del arado, lo agradece,

y generoso te ofrenda

ese vino sin igual

que nos pide España entera.

¡No quiero la capital!

¡Me moriría de pena!

¡Soy del campo! ¡Con orgullo!

¡Me enamoré de mi tierra!

 

(Publicado en El Trullo de Septiembre de 1958)