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¿Realidad o espejismo?
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| DEPENDE DE TI | ||
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La escena se desarrolla un domingo; el mes, uno, ¡qué más da!; el año... lee amigo, lee. Nuestro personaje es un muchacho avispado. Ahí le tenemos buscando entre libros viejos, uno de Química. En su afán de búsqueda entre los libros de su padre, encuentra una revista: "El Trullo"; la conoce por oír a su progenitor que pregonaba la Fiesta que se celebró hace muchos años. El muchacho hojea su contenido; hay fotografías de personas a las que no conoce, en cambio, los nombres le son familiares. Se olvida de su Química; lee con interés los artículos publicados. Transcurre un buen rato, y la voz de su madre, invitándole al acto de la comida, hace que salga del ensimismamiento. Pero la revista no quedó en su sitio, la lleva consigo, quiere preguntar y saber ciertos pormenores de ella que no ha visto en sus líneas. Ya está la familia sentada y la madre distribuyendo la comida. Nuestro personaje conserva su hallazgo y pregunta al cabeza de familia: -¿Es la revista que pregonaba las Fiestas de tu juventud? El padre la examina por encima; se detiene y prorrumpe en exclamaciones para expresar los gratos recuerdos que vienen a su mente. La madre teme que se enfrié la comida pero al fin también hojea las páginas. ¡Qué tiempos! Todo se ha contagiado de nostalgia y recuerdos de la juventud. Así transcurre la hogareña comida, con recuerdos y comentarios de los cónyuges. Ya terminó; el padre da nuevas explicaciones; oigamos lo que dice: ...Oíste comentar más de una vez lo que fueron esas Fiestas; ahí en ese "Trullo" habrás visto como fue en su forma externa. La gente no solo del pueblo y comarca, sino de toda España, amigos ausentes nacidos aquí aprovechaban las vacaciones por esas fechas. La persona cambiaba en su aspecto externo y en el interno; era otra, distinta al resto del año. Entre sus festejos destacaban la Cabalgata; el Concurso de Vinos; la Ofrenda a la Patrona con flores y frutos, etc. Todo ello era organizado por la Comisión Central y Barrios. La visita al Monumento era obligatoria y como un rito. Había algo que no está en los programas, tal vez lo más intimo para mi: adornar las calles; los vecinos eran los artistas y ¡¡cómo se engalanaban!! Nadie pensó que existieran tantos artistas innatos en la Villa o en las Peñas. Todo era alusivo al vino, a la vid y salutaciones a los visitantes. No terminaría hoy si te contara muchas cosas. Ahora que sí quiero decirte que en la Fiesta existió otro aliciente; la gente no se daba cuenta, pero lo hubo, cumplió una finalidad social, unió a personas de diferente posición económica y cultural bajo el bello marco de la Fiesta. Estas personas se conocían únicamente muy por encima. Intelectuales, artesanos, agricultores, etc.. aunaban sus esfuerzos para conseguir que su Fiesta superara a la del año anterior. Todos cumplían con su misión. Lo importante fue la voluntad, el deseo de que nuestra Fiesta de la Vendimia fuera famosa. Nuestro mozalbete interrumpe al padre: -¿Y se consiguió? Si -prosigue nuestro hombre-. La Fiesta se conoció en toda la nación y llegó su eco a tierras muy lejanas. Las pantallas y emisoras le dedicaron su atención en varias ocasiones; los periódicos, incluso del extranjero, así como revistas semanales de gran tirada, ofrecían fotografías y reseñas de lo que había sido aquel año. Más aún, fuimos nosotros heraldos de ella; a la menor ocasión, al amigo e incluso al extraño, dábamos una visión de conjunto, ¿por qué?, era nuestra. Todos cooperamos con el granito de arena y ese fue nuestro orgullo. A su realización contribuía de manera directa una comisión, renovada todos los años; de ahí que pocas familias hubo en Requena que no conocieran la Fiesta por dentro. El entrometido del primogénito insiste con nuevas preguntas: -¿Qué pasó?; si todo era tan bello, si la gente estaba tan unida, ¿cómo pudo desaparecer y no volver a celebrarse? El padre contesta: -No sé; no es fácil decirlo. ¿Los vecinos se cansaron de la Fiesta?,creo que no, puesto que daba aliciente al pueblo durante todo el año organizando festejos en fechas señaladas y cuya finalidad era recabar fondos para las fiestas septembrinas. Como te decía, no lo sé; ¿tuvimos todos la culpa? ¡Qué sé yo! Los cimientos de la Fiesta eran el apoyo moral y económico de los vecinos. En su principio éste venía de todo el pueblo; luego, ayudaron diferentes Organismos Oficiales. Con el tiempo se escatimó a la Fiesta ese puntal que la sustentaba, era el principal, sin entusiasmo por parte de comisionados y vecinos nada puede tener feliz realización. Se perdió sin saber el porqué. Te diré incluso que la Fiesta obtenía cada vez menos apoyo económico. Queríamos fiestas, pero sin que nuestro bolsillo cooperara, al menos, dentro de las posibilidades económicas de cada uno, y te diré más. . . . .. . . . . . . . . Siguen las preguntas y contestaciones entre padre e hijo; no sé qué pasó, no se oye nada de lo que dicen. En la faz del narrador se dibuja la nostalgia de los gratos recuerdos. Por fin vuelve a oírse la voz del padre: -encontrarás todas las demás en el mismo cajón. Tenía todos los "Trullos" publicados. Y queda en unión de sus pensamientos. A su mente vienen más cosas de lo que fue la Fiesta. Intenta justificarse, -"todo tiene su principio y su fin" -se dice-. ¿Lo crees tú, amigo lector? Esta imagen puede ser real o simplemente un espejismo. Ello depende de ti requenense. A.V.C. (Publicado en El Trullo de Septiembre de 1958) |
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