|
|
|
Una vez más ha sido víctima gran parte de España, y, sobre todo, la comarca Requena-Utiel, de las heladas y los pedriscos, dos azotes poderosos que casi todos los años merman las cosechas. De poco sirve que el vino tenga un precio bueno, si es a costa de la disminución de la producción de gran parte de los agricultores. A los damnificados no les puede compensar el precio la merma de la cosecha. Estos daños plantean dos cuestiones diferentes: una la de tratar de evitarlos por todos los medios al alcance del agricultor, y otra, la de indemnizar los perjuicios sufridos, caso de no poder evitarlos.
Las heladas En cepas blancas, el Macabeo brota después del Bobal, y su producción es comparable a éste, siendo su grado y calidad muy superior. Por ello, esta variedad es aconsejable en sustitución del Bobal; pero haría cambiar las características de los vinos de la comarca, cosa que puede tener sus inconvenientes, ."Aunque los vinos blancos se pagan bien, y algunos años mejor que los tintos. La Planta Nova, que se va extendiendo por esta comarca, desde el punto de vista de la brotación es más temprana que el Bobal, y por tanto más peligrosa. Tenemos que pensar, por ello, "también, en otras maneras de defendernos de las heladas de primavera, y en este sentido la poda tardía es un buen medio porque retrasa mucho la brotación. Durante el invierno, debemos realizar una poda previa, dejando seis o siete yemas a cada sarmiento de los que conviene conservar, y cuando empiecen a brotar las puntas, podar definitivamente, dejando sólo una yema vista y la ciega. De este modo, se retrasa la brotación de estas yemas unos días, que suelen ser suficientes para que no sufran los efectos de las heladas o queden muy atenuados. El éxito de esta práctica lo hemos comprobado muchas veces, y por ello deberían realizarla los viticultores en toda la comarca. Por otra parte, se deben ensayar otros medios de lucha directa contra las heladas, y entre ellos la producción de nieblas o humos, obtenidos con aceite de recuperación y vapor de agua, procedimiento que en algunos sitios ha dado buen resultado, aunque en otros no tanto, y el de hornillos para quemar aceite pesado, que ha dado mejores resultados en la comarca de Champagne, aunque es procedimiento caro. El Ministerio de Agricultura dispone de aparatos adecuados para el primer método, que ya ensayamos hace tres años, en pleno invierno, en la Aldea de Los Duques, y convendrá volver a emplear ahora en la primavera en el momento peligroso.
Los pedriscos Este año, por desgracia, los pedriscos han empezado más pronto sus estragos, y algunos agricultores han sufrido ya varios de ellos, además de las heladas. La lucha contra el pedrisco se viene realizando desde hace más de 60 años mediante los cohetes granífugos, que preconiza en Francia el general Ruby y en España el coronel Castañ; pero sus resultados son dudosos, y para tener algún éxito, se necesitaría una red muy completa de puestos de tiro, en sitios adecuados y no sobre las propias fincas que se quieren defender, ya que cuando llegan a ellas las nubes el granizo ya está formado. La Federación de Agricultores Arroceros tienen una organización de puestos de tiro bien llevados en la comarca de Amposta desde hace varios años, y en la Ribera del Júcar ha empezado a instalar una organización análoga, al parecer con buen resultado.
Pero no puede olvidarse que los cohetes alcanzan sólo a 1.000 ó 1.500
metros de altitud, mientras las nubes de granizo suelen ir mucho más altas. Actualmente puede preveerse la formación de estas nubes, mediante observaciones metereológicas adecuadas, y (al:,e organizar un servicio de defensa con algunas probabilidades de éxito. En Francia, es sabido que lleva funcionando unos cuantos años una organización de este tipo, y en la provincia de Barcelona se viene haciendo algo en este sentido, .aunque muy rudimentariamente. Pero para lograr éxito se necesita un número crecido de hornillos y precisa organizar un servicio muy completo, como ya se ha pensado para la comarca Requena- Utiel, con la colaboración del Ministerio de Agricultura y del Servicio Meteorológico Nacional. Es, pues, un camino ya trazado que sólo necesita un apoyo eficaz del Estado para llevarlo a cabo.
Indemnización al agricultor El procedimiento seguido es el del Seguro con carácter libre; pero en esta forma se aseguran sólo los riesgos máximos, ello, unido a los elevados gastos de administración y comisiones que llevan las mutuas que en la actualidad se ocupan de este asunto, da lugar a que las primas con sus recargos resulten muy elevadas. El camino tiene que ser, darle carácter obligatorio al Seguro, con primas muy moderadas en relación con el riesgo probable, y gastos de administración a cargo del Estado; se dirá que ello equivale a un gravamen más de los que sufre el agricultor, pero si tiene que pagar en la actualidad la contribución del Estado, de la provincia y del municipio, las cuotas de seguros sociales y tantas otras cosas más, es más lógico y más justo que abone una cantidad para lograr ampararse de los daños de esos estragos meteorológicos. Tenemos que considerar estos seguros con carácter análogo a los de los seguros sociales. La nación se ha preocupado, muy justamente, de aliviar la situación de los obreros accidentados, de los enfermos, inválidos y de edad, y, siguiendo el mismo criterio, hay que pensar que los agricultores modestos, que pierden gran parte de sus cosechas, y ello les supone muchas veces su ruina. El agricultor realiza una función económica de carácter nacional, sometido a todos los riesgos ,que supone tener sus productos a la intemperie, y por ello es justo que, en caso de desgracia, le ayude toda la nación. No se trata de que le abone todo el perjuicio sufrido, pero sí que se le ayude, por lo menos, con el importe de los gastos que pueden fijarse fácilmente por comarcas. La solidaridad social es la característica de los tiempos actuales, y por ello no se puede dejar abandonado al pequeño agricultor en sus desgracias. El propietario adinerado puede ser su propio asegurador y tiene medios para soportar estas desgracias; pero el modesto agricultor es asimilable al obrero, y se le debe considerar como tal para todos los efectos. Este criterio, que hemos mantenido desde hace años, ha sido compartido por la última Asamblea Nacional de Hermandades, celebrada en Madrid en 1957, y esperamos llegue a: ser realidad si el agricultor lo solicita con insistencia.
PASCUAL CARRION (Publicado en El Trullo de Septiembre de 1960)
|