Desde el pasado mes de julio de 1962, para tratar de defenderse contra el azote del pedrisco en la zona que comentamos, han puesto su mayor entusiasmo e interés las Hermandades de labradores de Requena, Utiel, Venta del Moro, Camporrobles, Villargordo, Caudete, Fuenterrobles, Sinarcas, Benegéver, Yátova y las de Mira y Aliaguilla, pertenecientes a Cuenca. 

     Como es normal en todo nuevo proceso del tema de que se trate, han existido dificultades, detractores de su puesta en marcha, descontentos, elementos carentes de colaboración, faltos otros de entusiasmo y lealtad, etc., etc.

     La ciencia de la física de las nubes tiene mucho camino para recorrer, por lo que no puede el hombre entregarse para hablar de resultados, ni con excesivo optimismo ni, por el contrario, abandonado al pesimismo.

     Por cuantos intervienen en este tipo de defensa, deben procurar cumplir con el cometido asignado, para poder obtener conclusiones favorables o condenatorias del sistema y de su organización.

     En repetidas ocasiones se ha dicho, tratando sobre esta cuestión, que a medida que el agricultor vaya obteniendo resultados, será el momento de tratar de ir cambiando los aparatos que se emplean sencillos, de fácil manejo, inclusive por mujeres, carentes de peligrosidad y toxicidad, etc., etc. Será entonces cuando pueda proponerse al agricultor mayores sacrificios para la defensa, al tener que, lógicamente, aumentar considerablemente el coste de las experiencias, no tan sólo en los aparatos que se empleen, sino particularmente en lo gravoso de su organización y desarrollo del servicio.

     Se habla frecuentemente de resultados en materia de defensa de los pedriscos de técnicas que se emplean en el extranjero, etc. Ello es un grave error, porque depende de las características de la orografía y por tanto condiciones metereológicas de cada nación, así como de las condiciones económicas del país y también de la psicología de los individuos que habitan en esos pueblos. 

     Insistimos una vez más, en que los aparatos sencillos que se utilizan en esta zona para la defensa contra los pedriscos, no han sido los primitivos, que se confeccionaron en el extranjero para esta finalidad, ya que se colgaban en los árboles  haciendo la combustión del carbón y yoduro de plata al mismo tiempo. Pero es cierta la existencia en la actualidad de modernos generadores, que producen no mayor calidad ni distintos núcleos, sino mayor cantidad.

     Para suplir esta disminución de núcleos, nos ayudamos con mayor cantidad de estos sencillos aparatos, los que, por otra parte, tampoco producen insuficiente cantidad de dichos núcleos, ya que, según teoría científica, con una pequeña cantidad que se eleven a la atmósfera es suficiente.

     El pasado año de 1963, según memoria editada por la propia Hermandad de Requena, el aminoramiento de daños por pedrisco fue bastante considerable, a excepción de Camporrobles, que por encontrarse en el límite de la zona, no queda protegido a no ser que se extienda a Cuenca la zona de protección. Esta circunstancia ya se hacía constar en el primer proyecto de fecha mayo 1962, que se presentó para esta clase de defensa contra el pedrisco.

     Se supone que dichos aminoramientos de daños se deben al empleo de estos quemadores. Se han observado una serie de fenómenos no habituales antes de su empleo por distintas personas y determinados lugares. Se ha visto granizo blando, días de aparatosas tormentas sin producirse los aparentes desastres que el agricultor esperaba, etc.. etc.

     Ahora bien, requiere un mayor número de experiencias para poder pronunciarse sobre ello.

     No podemos olvidar que toda la ciencia del hombre es limitada, como lo es su propia existencia, y por tanto, sus conocimientos ni son permanentes y mucho menos exactos, para sobre los mismos asegurar sus resultados. 

     Por otra parte, toda clase de beneficios, del tema de que se trate, no dependen tanto en cuanto a la ciencia que los preside, sino al interés y sacrificio que pone el hombre en la obtención de sus resultados.

     La Naturaleza es muy pródiga con el hombre y éste, con su inteligencia, a medida que obtiene ventajas puede ir aumentando su fe, sobre las diversas actuaciones que con su esfuerzo va realizando.

     Los inconvenientes y fracasos que en la vida cosecha, frente a la riqueza que la Naturaleza posee, se deben en gran parte a su falta de esfuerzos y en particular a las injusticias que comete. 

     Para terminar este breve escrito de introducción sobre la defensa del pedrisco en la zona Requena-Utiel, solamente pedimos que siga aumentando como hasta el presente el interés en cumplir, los encargados de los puestos, con las medidas que se les han indicado, teniendo la completa certeza que todo acto de buena voluntad que el hombre realiza, en beneficio del bien común, tiene el premio de la auténtica paz.

 

JOSÉ DE VILLALOBOS

 

(Publicado en El Trullo de Julio de 1964)