Con la delicadeza y suavidad de las bellas cosas la Fiesta está aquí. Igual que un sueño. Y tenía que ser así, aquí que se dan cosas que son casi sueños: mieles, flores, sedas, vinos"... Y Requena en ésta su decimoséptima demostración a todos invita a presenciar en calor y olor de poesía, el nacimiento de su primer mosto; a ese momento en que nuestras mujeres, como en un friso griego, llevan sus uvas al lagar, convertido en peonza de ensueño por las vueltas de los pisadores, y brota, cantarín, por la piquera, el mosto primero, y por el cual Requena logra el instante más pleno y significativo de su vida anual. Es como si la ciudad expresara, en un solo vocablo, fugitivo y enorme, toda la sustancia inmemorial de su ser. Pero lo más hondo es el sacudimiento que un espectáculo como éste es capaz de ocasionar: y es que en este mundo de hoy, cada vez más triste, más maniatado, más niquelado, más fuera de proporción, todo lo que supone manifestación de la tierra, del "humus" mismo, pone de un golpe las cosas del alma en su sitio. Y es la tierra madre, en efecto, la que se hace ostensible en la Vendimia Requenense, en los rostros atezados de sus gentes, en el fresco rumor de cañada del vino al caer, en gestos, en palabras, en piedras, en ramas... Es la tierra de la Requena campesina quien pronuncia entonces su palabra inextinguible...
     Requena,..en estos días; es como una encrucijada blanca, azul y verde entre los recios paisajes conquenses y la hechicera hermosura de la huerta. Su aire todavía huele a pino, pero ya presiente el azahar de los naranjos. Aún su pan tiene el color moreno del de Castilla y su traje típico no alcanza el barroquismo rutilante de los de la huerta presentida, Aún la cohetería no llega al fragor de la locura sonora de las fallas, ni la cal de sus paredes al deslumbrante blancor de cal y azúcar de los pueblos costeros. Pero en su recia parla se mezclan, junto al romancero cotidiano que palpitó entre sus muros, las vocales abiertas características del mediterráneo. En Requena ya se présiente un no se qué sensual, anunciador del almendro y la palmera. Requena, tierra frontera, encrucijada de ensueños, acogedora y fuerte, quiere -en este su gozo anual- y ahora que el verano ha cerrado su abanico de ensueños, dejar en el corazón de todos la imagen del genio de nuestra raza en la que vibran todas las viejas estirpes que dieron su perfil singular a esta parcela del Levante español.

ANDRÉS LÓPEZ