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Con la delicadeza y
suavidad de las bellas cosas la Fiesta está aquí. Igual que un sueño. Y tenía que ser así, aquí que se dan cosas que son casi sueños: mieles, flores, sedas, vinos"... Y Requena en ésta su decimoséptima demostración a todos invita a presenciar en calor y olor de poesía, el nacimiento de su primer mosto; a ese momento en que nuestras
mujeres, como en un friso griego, llevan sus uvas al lagar, convertido en peonza de ensueño por las vueltas de los pisadores, y brota, cantarín, por la piquera, el mosto primero, y por el cual Requena logra
el instante más pleno y significativo de su vida anual. Es como si la ciudad expresara, en un
solo vocablo, fugitivo y enorme, toda la sustancia inmemorial de su ser. Pero lo más hondo es el sacudimiento que un espectáculo como éste es capaz de ocasionar: y es que en este mundo de hoy, cada vez más triste, más maniatado, más niquelado, más fuera de proporción, todo lo que supone manifestación de la tierra, del
"humus" mismo, pone de un golpe las cosas del alma en su sitio. Y es la tierra madre, en efecto, la que se hace ostensible en la Vendimia Requenense, en los rostros atezados de sus gentes, en el fresco rumor de
cañada del vino al caer, en gestos, en palabras, en piedras, en ramas... Es la tierra de la Requena campesina quien pronuncia entonces su palabra inextinguible... ANDRÉS LÓPEZ
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