Asidos a la Vid, que es la madre afanosa,
y a los tiernos sarmientos fraternos abrazados,
rebosantes racimos de granos sazonados
a Requena le ofrendan su fruta deliciosa.

     Bajo colcha de pámpanos en frondoso verdor
que borda de oro el sol del pleno mediodía,
y de plata la luna al acostarse el día
con luceros y estrellas en romántico amor,
la tierra agradecida si se ve compensada
del trabajo y desvelos del labrador sufrido,
libre de tanto riesgo otro año más temido:
-el hielo traicionero que la deja asolada,
el pedrisco inclemente que merma su cosecha,
el precio incierto y bajo que a los gastos no alcanza
y desnivela en contra la hogareña balanza,
la sequía, la plaga que solapada acecha-;
la tierra sí, si al fin cercano octubre
las uvas ya maduras, llenas y rezumantes
son codicia de abejas y hambrientos trashumantes,
con júbilo de triunfo en mosto remojado de la pródiga ubre

bien mereces iOh Vid!, emporio de riqueza,
que la Ciudad del vino en hermandad cristiana
su Fiesta Vendimial, con alegría, ufana,
celebre como súbdita tu popular realeza.

 

Valencia, agosto de 1964

(Publicado en El Trullo de Septiembre de 1964)