Parece algo alarmante el título de este artículo, pero yo creo que es muy poco pálido ante la realidad de los hechos y su dramatismo.

     Debemos avergonzarnos como españoles de que los precios de nuestros vinos, cara a la exportación, sean envilecidos por los propios exportadores de la Península.

     En cuanto hay una posibilidad de exportar unos cientos de hectolitros, determinados importadores o sus agentes abren una subasta en España y a ella acuden nuestros exportadores como moscas alocadas a mendigar una migaja del plato de lentejas que se les ofrece. Si el precio inicial de tanteo de compra para el extranjero era de 100, el primer postor ofrece a 60; el segundo a 50 y el otro a 40 y el siguiente a 30. Luego, todos ellos regalan las bonificaciones, las devoluciones y la Biblia en verso.

 

     El resultado final es que se exportan unos miles de hectolitros a precios de miseria, cuando se podría exportar a un precio lógicamente remunerador.

     Esta situación de cosas necesita un arreglo urgentísimo, demostrativo de que los exportadores españoles son capaces de enmendarse, reflexionar, reanimarse, deliberar y emprender un camino más constructivo y efectivo que la loca carrera actual.

     Al Sindicato Nacional de la Vid brindamos la idea de convocar una reunión de exportadores al objeto de sanear las salidas al mercado exterior.   

 
 

     Es indudable que la economía nacional sufre el quebranto de centenares de millones de pesetas con la caótica situación actual.

     Es evidente que no se exporta un solo hectolitro de más con este dumping absurdo e innecesario y que con ello se perjudica enormemente el crédito de la calidad de los vinos españoles, que parece que no tienen otro valor, sino el que algunos aprovechados del mercado internacional le quieren aplicar.

     Este sistema, practicado por unos pocos desaprensivos, obliga a compradores y a vendedores a pasar por las horcas caudinas, con la consiguiente ruina de sus negocios y el descrédito y el vilipendio de la mercancía con que trabajan.

     Afortunadamente hay sectores de exportación de vinos que se salvan en este delirio colectivo y que pueden servir de ejemplo a los suicidas. Nos referimos concretamente a los exportadores de Jerez. Esta magnífica organización puede servir de modelo y de estímulo a esos exportadores de vinos que creen que no hay otra solución que tirar los precios, regalar las bonificaciones y luego exportar calidades inferiores.

     Los jerezanos han demostrado que el talismán para conseguir el aumento de sus exportaciones, "el crédito de las firmas exportadoras, y, en suma, el buen crédito de los vinos ESPAÑOLES, estriba en la CALIDAD, generadora del BUEN PRECIO, de la buena organización y consiguiente prosperidad de las organizaciones exportadoras.

     El problema lo conocen muy bien todos los exportadores de vino español, porque sufren en su carne la afrenta de esta situación que, nos consta, quieren modificar a toda costa, solucionando urgentemente la situación actual.

     Sólo falta que este llamamiento al Sindicato Nacional sea también recogido urgentemente por los Sindicatos Provinciales, por todos ellos, porque el problema interesa a los de las zonas exportadoras y también a los que no lo son, porque todos se perjudican igualmente con la actual situación, incluyéndose entre los más perjudicados el Estado español por la menor entrada de divisas que ello representa.

     Ahora los interesados tienen la palabra y esperamos de ellos una viril y efectiva reacción.

 
 

 
   

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1965)