Cuando Noé plantó el primer sarmiento,

aseguran, que el diablo su trabajo

observó, y con desparpajo,

hizo muecas de claro descontento;

y al acercarse al primigenio foso

donde Noé inventó su sembradura,

confuso y receloso,

preguntó con falaz desenvoltura:

-¿Para qué, Noé, plantar intentas

un palitroque tan árido y enjuto?-

-Si a tenor de tal padre nace el fruto,

con sacar gran provecho no hagas cuentas.

Más Noé, que ya sabía

de vínicas fragancias y dulzuras,

cantó las hermosuras

del cálido fervor de la ambrosía.

haciendo que el sulfúrico diablejo

le frunciera, de envidia, el entrecejo.

Argucias y artimañas

inventó el travieso diablo con sus mañas.

Y trayendo un cordero y un cochino,

y un león, y un macaco muy ladino,

que todavía andaban junto al Arca,

el afán enturbió del Patriarca;

pues sin haber con ellos compasión,

degollando al cordero y al león,

al mono y al cochino,

con la espuma del líquido sangriento,

en torpe desatino,

regó la primer planta del sarmiento.

De travesura tal, recibe consecuencias

el hombre que, o cautelas o imprudencias

observa cuando bebe

poco, bastante, mucho, o más que debe

del caldo del racimo, hecho fermento

para servir de amor y de alimento.

Suave como un cordero

es el hombre que bebe con esmero

el vino que mitiga sus sudores;

es fuerte cual león, quien sus ardores

extrae de una copa bien provista

sin que se turbe lo agudo de su vista;

loco como un macaco

es aquél que con el vino se arma un taco,

y haciendo travesuras como el mono,

pierde serenidad, cordura y tono,

y llega a extremo tal,

que más que hombre, parece un animal;

y por fin, el hombre que bebe en demasía,

comete una gran majadería,

y en su asquerosa crápula,

es semejante al cerdo de esta fábula.

¡Oído al cuento!

La moraleja se explica en un momento:

"Todo aquél que no piensa cuando bebe,

o quiera beber más de lo que cabe,

que beba solamente lo que debe,

so pena de incurrir, como ya sabe,

en hacer, como el mono, tonterías,

o en hacer, como el cerdo, porquerías;

y es buen camino,

y es gran lección,

saber ser un cordero con el vino,

y poder con el vino ser león."

 

F. YEVES

(Junio de 1968)