PRELUDIO:

El juglar canta trovas en la Calle Somera,

y la grey apiñada hace unánime coro;

un laúd diapasona con su verbo sonoro,

todo el aire roqueño de la Villa frontera...

El ocaso ya vela los espacios azules;

mas la noche detiene su celoso crespón,

para oír la leyenda que descorre sus tules,

en las tristes estrofas de una dulce canción.

Un batir de corceles por la calle se aleja;

un guerrero detiene su gallarda andadura,

y al juglar se aproxima, hasta ser su armadura

el espejo en que el bardo sus facciones refleja.

El juglar enmudece ante el noble infanzón,

y un suspiro se escapa del laúd lastimero,

hasta ver en los labios del gentil caballero,

la licencia que afirma proseguir su canción.

El juglar nuevamente sus sentidos comprime,

y en honor que merece tan galante apostura,

recomienza su trova con ardor tan sublime,

que aureola de encanto su don osa figura:

 

                    ROMANCE:

¡Ay, Requena, mi Requena!

¡Hogar de mi triste infancia,

cuna donde yo naciera!

-¡Yo nací en Bodega Honda,

mesón de vino y leyenda,

donde las tinajas saben

canciones de amor y guerra!

-¡Cómo exhalaban los mostos

su aroma de estirpe recia,

henchidos de parabienes,

y cuajados de promesas!

-¡Yo viví en Bodega Honda!

¡La mejor de las bodegas

que escanciara vino tinto

al Cid de la barba luenga!

-¡Entre sus muros silentes,

ya lloró Doña Jimena

nupcias de traición y dolo,

nupcias de baldón y afrenta,

mientras Rodrigo y Alfonso

pactaban lides y empresas!

-¡Ay, Requena de mi amor!

-¡Ay, mi calle de Somera,

donde mis juegos soñaban

lirios de raso y de seda

en las mejillas tempranas

de infantinas y doncellas!

¿Por qué no lloras conmigo,

mis desdichas y mis quejas,

calle, que sentiste el paso

de la más triste tragedia?

-¡Mi padre era el mesonero,

mi madre la mesonera,

y un hermano que yo había,

-¡ay, cómo lloro de pena!-

era el encanto y el gozo

de la calle y la bodega !

-¡Todo lo perdí una noche!

-¡Fue la noche más perversa

que la roca requenuda

sintió en sus hidalgas piedras!

-¡El cierzo 'batió sus alas

cortantes, frías, y negras!

-¡La envidiosa morería

clavó su garra siniestra,

dibujando cimitarras,

y medias lunas sangrientas,

en las tinajas orondas

de la flor de las bodegas,

con la sangre de mis padres,

y el vino de tres cosechas!

-¡Y un hermano que yo había,

-¡ay, cómo lloro de pena!

fue preso de la morisma,

y llevado a infieles tierras!

-¡Ay, cómo diera mi vida,

y mil vidas si tuviera,

por ver de nuevo a mi hermano

en mi calle de Somera!

-¡Yo me salvé de milagro

en aquella noche negra,

y quise ser peregrino

por la cristiana Meseta

para ahogar en otros lares

mi orfandad y mi tristeza!

 

-¡Pero ya no pude más,

-¡ay, Requena, mi Requena!-

que quien vivió entre tus muros

jamás olvida tus piedras!

-¡He vuelto a Bodega Honda,

pues la sangre de mis venas,

quiere dejar de correr

donde mis padres murieran!

-¡Ay, cuna donde nací!

-¡Fuerte roca en pina cuesta!

-¡No pude vivir sin ti,

aunque amargor me recuerdas!

-¡Por volver a verte, vine

fortalecido en mi ausencia,

con romances y con trovas

que hablan de amor y de guerra1

-¡Por eso mi juglaría,

hoy desborda la elocuencia,

que no hay hijo que no cante

con toda pasión y fuerza,

al solar de sus mayores,

y a la cuna en que naciera!

                DESENLACE:

El unánime coro siente pena del mozo;

y el guerrero, que vive una emoción singular,

el silencio desata con un vivo sollozo,

oprimiendo en sus brazos al rendido juglar:

El hermano perdido, que rompió el cautiverio

tras los duros agobios de mortales jornadas,

del alcázar roqueño tiene ahora el imperio,

y es señor que dispone de invencibles mesnadas...

El juglar ríe y llora... -El gentil caballero,

para ,honrar al hermano con nobleza y amor,

sus espuelas le calza, y le ciñe el acero,

que en cruzadas viriles le colmaran de honor.

Y velando sus armas, para escudo brillante,

-en la cava en que vieran los hermanos la luz-

el juglar imagina media luna sangrante,

bajo el arco trenzado por dos lirios en cruz.

¡Ya es novel caballero el dicho juglar!

¡Ya el laúd ha trocado por flamígera espada!

¡A la guerra del moro llevará su mesnada,

con la mente en Requena, y en la boca un cantar!

 

                    BRINDIS:

Esta es, amigos, la historia

que me contaron un día;

¡Guardadla en vuestra memoria,

y ved que la juglaría,

puede ser timbre de gloria!

¡Alzad vuestro vaso amigo,

y haced entrañable ronda!

¡Bebed su vino conmigo,

y decid, como yo digo:

¡Loor a BODEGA HONDA!

 

F. Yeves Descalzo

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1968)