NUESTRA RONDALLA

     En los lares del eximio guitarrista Gil-Orozco y del popular bandurrista Pedrete, nunca faltaron hábiles tañadores de vihuelas y octavillas que animaron el ambiente ciudadano con sus rondas, mayos y comparsas. Tampoco faltaron los buenos aficionados al "bel canto" que, desde un escenario, lucían voces desgranando plegarias o romanzas zarzueleras. Pero los ecos de estos entusiasmos artísticos apenas si llegaban a las "asomás".

     El fuego sagrado de los populares instrumentos de pulso y púa lo mantuvo durante largo tiempo el "conservatorio" de la calle de Cantero que regía el veterano Nicolás Navalón, en donde numerosos muchachos aprendieron a tocar la mazurca "del majuelo" y otras piezas por el estilo.

     En 1934 se organizó, bajo la dirección de don Rafael Bernabeu, una agrupación numerosa: la Rondalla Requenense, con la ambición de formar una verdadera orquesta de pulso y púa. Esta agrupación realizó grandes progresos y dio también algunos conciertos.

     Tras el paréntesis de la guerra, la Rondalla inició de nuevo sus actividades con creciente entusiasmo.     

     Años después, una singular circunstancia incorporó al conjunto instrumental un nutrido grupo de cantantes de ambos sexos, naciendo así la Rondalla y Coros de Requena bajo la insustituible dirección de don Rafael Bernabeu.

     Esta feliz novedad fue promovida por nuestro Ayuntamiento con motivo del certamen de "Mayos" convocado en Cuenca en 1954, y al que concurrieron los rondallistas requenenses fuera de concurso. Con tal motivo se exhumaron temas folklóricos requenenses, deliciosas habaneras, las clásicas rondas de mayo...

     Tras intensos ensayos, la Rondalla y Coros montó, una tras otra, grandes selecciones de nuestras más famosas zarzuelas, originales recopilaciones folklóricas, música religiosa. En suma, medio centenar de obras importantes que culminaron con el "Aleluya", de Haendel, y grandes selecciones operísticas, aparte de afortunadas adaptaciones corales de obras netamente  sinfónicas. Un trabajo fabuloso, sin precedentes. Miles de horas consagradas a esta generosa e incomprendida empresa (instrumentaciones laboriosísimas, copias del material, ensayos parciales a golpe de tecla, conjuntaciones, escuela de aprendices...). Y todo con fervorosa entrega e ilusión: desde el director hasta el último rondallista; con una auténtica hermandad al servicio del arte y Requena.

     Y, sobre la marcha, conciertos y más conciertos, viajes y más viajes que fueron dejando bien sentado el pabellón artístico de nuestra ciudad a lo largo de más de cien recitales clamorosos (Cuenca, Valencia, Madrid, Málaga, Granada, Albacete, Baeza, Almansa, Tomelloso, Villarrobledo, Gandía, Alcira, Sueca y otros muchos lugares de la provincia), con un recorrido de más de 12.000 kilómetros en autobús y un movimiento económico sin precedentes.

     Tomamos del "Ideal" de Granada (25 enero 1959):

     "Fue triunfal la presentación en la sala de fiestas del Centro Artístico, totalmente llena de público distinguido, de la Rondalla y Coros de Requena. Es realmente impresionante el conjunto de estos entusiastas de la música, de tan diversas categorías, oficios y edades. Es un milagro del arte y un orgullo de las tierras valencianas. Con este legítimo sentimiento de orgullo y veneración nos hemos acercado a este concierto. El salón estaba repleto, como pocas veces se ha visto. El programa era realmente interesante. En la primera parte, una selección de zarzuelas. "La Calesera", del maestro Alonso, en homenaje a Granada. "La del soto del Parral", de Soutillo y Vert, donde destacó la espléndida voz de la soprano (Pilar González) y la fresca y bien timbrada del barítono (Pedro Alarcón). El conjunto sonoro del coro y la cosquilleante y ágil música de rondalla nos impresionaron gratamente. Todos los números de zarzuela fueron de calidad. Siguió el "Baile de Luis Alonso", de Jiménez, con exactitud y gracia, y una deliciosa selección de "Moros y Cristianos", de Serrano. La interpretación de la escena de la consagración y final del segundo acto de la ópera "Aida", de Verdi, provocó un verdadero entusiasmo en la sala. Una interpretación digna y exacta, sin concesiones a la facilidad y con una acomodación para rondalla suficientemente parecida a una orquesta. Es altamente laudable el empeño de estos muchachos y su voluntad de enfrentarse con partituras tan difíciles. El resto del programa fue una apoteosis. Vuelven a su verdadero estilo con el "Villancico requenense", de Cervera, una joya de estilo popular y perfecto ritmo navideño que suena divinamente. Sigue "El puñao de rosas", de Chapí, perfectamente conjuntado, y una magnífica selección de "Marina", de Arrieta, y termina el concierto ahogando los aplausos los compases últimos de "La Tempranica", de Jiménez. Todo este estilo de obras y las dos de maestros requenenses (Sosa y Pérez Sánchez) con que respondieron a los continuos aplausos de los asistentes, suponen un éxito sin ningún género de paliativos. Es un orgullo para la patria chica. Nuestra más cordial felicitación y sinceros aplausos por la labor cultural que vienen realizando."    

     Podríamos aportar diversos elogios de la critica acerca de "la calidad y disciplina del conjunto de cuerda y púa de los rondallistas requenenses que nos deleitaron con sus interpretaciones de perfección técnica y sutileza ejecutiva, así como la exquisita intervención de los coros bien conjuntados y perfectamente dirigidos". Pero, de cara a la realidad, nos haremos la siguiente pregunta: ¿Hemos calibrado aquí en su justo valor la proyección cultural de esta magnifica agrupación, única en su género, a lo largo de quince años de afanosos esfuerzos?

     En el curso actual, gracias a la generosísima ayuda de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia, se han mantenido clases instrumentales y de solfeo, por las que vienen desfilando numerosos niños y jóvenes que constituyen la esperanza de nuestra olvidada agrupación.

     Los veteranos seguimos en la brecha esperando ayudas y nuevos alientos, ya que el tiempo no pasa en balde, pues la Rondalla y Coros de Requena, en el fecundo caminar por los senderos del arte, la acompaña el recuerdo emocionado de los rondallistas fallecidos: Práxedes, Alvaro, Domínguez, Emilio, Ruiz, Masiá, Gregorio, Viana, Royo.

R. y C. de R.

 

(Publicado en El Trullo de Julio de 1969)