Las páginas de EL TRULLO ofrecen el texto íntegro de una monografía. escrita expresamente para la revista y dedicada a uno de los municipios integrados en nuestro distrito: VENTA DEL MORO.
    Como muestra de cordial hermandad hacia todas las tierras de la comarca.

    

 

     Iniciamos con este breve reportaje histórico- geográfico y costumbrista una serie de trabajos compendiando todo lo que los pueblos de la bien llamada Castilla Valenciana tienen en relación con su definida cabecera histórica y tradicional, la vieja y solariega Requena, con el deseo de unir con más fuerza los lazos existentes entre la diversidad de pueblos vecinos y nuestra inmortal ciudad. Dando comienzo a nuestro empeño, vamos a sintetizar las relaciones de toda índole entre Venta del Moro y Requena, hoy hermanados en un quehacer paralelo en la historia patria, y ayer hija y madre con idénticos desvelos.

   

     DESCRIPCIÓN GENERAL E HISTÓRICA


     El actual término municipal de Venta del Moro perteneció primero como caserío y después aldea al de Requena hasta el año 1813, en que tras la expulsión de los franceses y como consecuencia de las liberales directrices de la Constitución de Cádiz y por relevantes servicios prestados a la Corona, se otorgó a Venta del Moro la separación de Requena con la categoría de villazgo, condición que se perdió en 1814 en la época absolutista de Fernando VII, para recuperarla en 1836 ya definitivamente. El deslinde de ambos términos se verificó ya en 1813 y en 1814, el cual prevaleció en la mayoría de edad definitiva tras varios pleitos con Requena y la decisión última de Isabel II y su madre la Reina Gobernadora, según escrito del jefe político de la provincia de Cuenca (a la que perteneció toda la comarca hasta 1851), de fecha 16 de junio de 1837, en que se reconoce la segregación de Caudete, Fuenterrobles y Venta del Moro.

     Adoptó entonces Venta del Moro su propio escudo, el genérico de los pueblos castellanos que carecían de blasones específicos, "un castillo almenado, con más trazas de vigía que de fortaleza", que la tradición asienta sobre un puente romano (el de Vadocañas, sobre el Cabriel); hay que tener en cuenta a este respecto que el historial ventamorino carecía de grandes relieves al constituir solamente un haz de fibras dentro del denso fondo histórico de Requena; recordamos también haber visto un blasón antiguo, orlado por una corona de hojas de roble, emblema de lealtad y firmeza, que dice: "Leal Villa de Venta del Moro."

     Este término municipal, el más occidental de la provincia de Valencia, tiene límites convencionales con los de Villargordo del Cabriel, Fuenterrobles, Caudete de las Fuentes y Requena, dentro de la región valenciana, y otro limite natural, el río Cabriel, que lo separa de los términos de Minglanilla e Iniesta, en la provincia de Cuenca, y Villamela y Casas Ibáñez, en la de Albacete, en un recorrido tortuoso de cerca de 50 kilómetros, en que haciendo numerosas inflexiones crea paisajes maravillosos, ásperos y de una belleza singular.

     Este término municipal, de gran extensión superficial, con 272 kilómetros cuadrados -exactamente 27,191 '875 hectáreas-, es uno de los mayores de España y el segundo de la provincia de Valencia, tras el de Requena. Su altitud media es de 700 metros, según apreciaciones conjuntas de los vértices geodésicos situados en el Cerro de la Cabeza, Cabeza del Moro, Puntal Merino, La Erilla y Muela de los Antones.

 

     DATOS GEOGRÁFICOS


     Climatológicamente este Municipio disfruta de ambiente generalmente seco y cielo transparente y claro; sus oscilaciones térmicas son las propias de un clima continental no extremado, con ligeras variaciones producidas por su relativa proximidad mediterránea. Las lluvias son frecuentes en primavera y otoño, además de las propias precipitaciones invernales, todo ello con bastante irregularidad, recogiéndose hasta 400 litros por metro cuadrado y por año; la frecuencia de tormentas y pedriscos afectan considerablemente los campos. Los vientos dominantes son el cierzo, "matacabras" y solano. La media térmica anual es de 16 grados.

     Orográficamente Venta del Moro corresponde al declive de la Cordillera Ibérica en su tramo oriental, al igual que toda la Castilla Valenciana. Las características esenciales de sus elevaciones y depresiones son el achatamiento de alturas a causa de la erosión eólica, el desnivel constante de las tierras con la formación de vaIlejos, cerritos de escasa consideración, pequeñas mesetas, barrancos, cárcavas y cuevas naturales.

     El terreno ventamorino está separado en dos partes, de características completamente distintas, por una cadena montañosa en bien dibujado arco; se trata del límite natural de las zonas pobladas y terrenos cultivables, al norte y al este, y de la zona abrupta que forman las vertientes del Cabriel, comúnmente llamada Derrubiada, en donde apenas hay cultivos debido a su escabrosidad. Esta cadena empieza en el Pico de Moluengo, cerca de Villargordo, con 1.100 metros, seguido de los Cerros del Mapa, Cruces, Puntal Merino y otros menores, hasta acabar a 650 metros en su parte meridional en sus lindes con el Municipio requenense por Ganahaciendas.

     Hidrográficamente el río que afecta a este Municipio es el Cabriel, afluente del Júcar, límite natural entre Castilla y La Mancha con Valencia, en un arco que penetra en el término de Venta del Moro por las Hoces de la Fuenseca, cerca de Contreras, y termina en este mismo término por el Retorno, todo ello por un cauce estrecho, recortado y profundo, con revueltas y tajos entre montañas, despeñándose y arrastrando las mangas arcillosas de sus riberas, que le dan un tono parduzco y en pocas ocasiones tranquilo; hace honor a su nombre (Flumen Caprae, río de la "cabra montés"), saltando de risco en risco y abriéndose paso por vericuetos casi inabordables.

     Afluentes de este río discurren varias ramblas o arroyos, siendo la más importante la rambla Albosa, que pasa por Venta del Moro y por sus dos aldeas más populosas, Jaraguas y Casas de Pradas, y precisamente la que origina los escasos regadíos del Municipio. Otras ramblas importantes son la Ullana y la del Boquerón, que se unen a la Albosa para desaguar en el Cabriel por Casas de Caballero.

 

     GEOGRAFÍA ECONÓMICA:
 

     LA AGRICULTURA:

     A pesar de su gran extensión, más de la mitad del territorio se encuentra sin explotar por no ser susceptible de cultivo alguno, ni apenas de explotaciones forestales, por la escabrosidad del suelo, la falta de caminos viables en una gran zona y por la deficiente conservación de suelos y tierras laborables. Por ello, y a pesar de que la otra mitad es de una fertilidad regular, este Municipio no es de una prosperidad progresiva. Sin duda contribuye a este hecho el estar sus núcleos de población a bastante distancia de las grandes arterias de comunicación (carretera y ferrocarril Madrid-Valencia). Otra cosa seria, quizás, si hubiese prosperado la construcción del ferrocarril Baeza-Utiel, que atravesaba el término de sur a norte en toda su extensión.

     La circunstancia, en otros tiempos un poco favorable a esta economía, de existir escaso latifundio y hallarse la propiedad rústica bastante repartida, ha sido en los últimos tiempos un factor decisivo para la emigración de la población rural hacia las grandes urbes, por resulta antieconómico el cultivo de pequeñas parcelas con mediano rendimiento.

     Sin embargo, ha contribuido a amainar el absentismo rural comarcal la creación de entidades cooperativas, de las cuales hay una en cada una de las aldeas y tres en el propio casco de la capitalidad; estas entidades, la mayoría vinícolas, aseguran un mayor y mejor rendimiento y una más efectiva defensa colectiva de los productos.

     La distribución de la riqueza rústica es la siguiente: 11.850 hectáreas de monte alto, 130 hectáreas de regadío, 8.850 hectáreas de secano, 6.180 hectáreas de monte bajo, y el resto, tierras yermas y terrenos edificados. El catastro parcelario, finalizado en el año 1921, dividió al Municipio en 292 polígonos, distribuidos en unas 12.000 parcelas en más de 1.000 parajes distintos, con toponimia característica y variada.

     De las tierras cultivadas, unas 4.500 hectáreas corresponden al viñedo, 2.600 hectáreas al cereal y el resto a olivos con más de 60.000 árboles. Los regadíos tienen escasa importancia, reduciéndose en todo caso al característico huerto familiar; sin embargo, ha adquirido singular importancia el cultivo de frutales, sobre todo el almendro, del que se obtienen óptimos beneficios. 

     La riqueza forestal merece relativa importancia; el pino carrasco es base del monte comarcano y del cual se ha obtenido un mediano rendimiento que ha sufrido últimamente un acusado descenso.

     En cuanto a la ganadería, existen unas 5.000 cabezas de ganado lanar; esta riqueza es muy susceptible de mejoría, pues aunque la conservación de dehesas, abrevaderos, majadas y veredas no ha sido todo lo eficaz que hubiera sido de desear, podrían aprovecharse pastos y rastrojeras, así como innumerables parcelas antaño cultivadas y hoy tendentes a su abandono dado su resultado antieconómico; todo el Municipio es muy apto para incrementar esta importante riqueza, ya que además existe una buena distribución por polígonos ganaderos y una red de veredas importantes.

 

     GEOGRAFÍA POLÍTICA:


     NÚCLEOS DE POBLACIÓN:


    La población del término era en 1950 de unos 4.400 habitantes; en la década de los años 55 al 65 sufrió un tremendo descenso, y hoy llegará a los 4.000 habitantes escasamente; la población relativa es de 15 habitantes por kilómetro cuadrado; el movimiento demográfico actual alcanza unos 90 nacimientos, 50 defunciones y 35 matrimonios por año.

     Los núcleos de población del término municipal son los siguientes:

     Venta del Moro: 1.400 habitantes y 420 edificios.

     Casas del Rey: 300 habitantes y 80 edificios; distancia, tres kilómetros.

     Casas de Moya: 450 habitantes, 150 edificios; distancia, seis kilómetros.

     Casas de Pradas: 550 habitantes, 220 edificios; distancia, cuatro kilómetros.

     Jaraguas: 700 habitantes, 200 edificios; distancia, seis kilómetros.

     Los Marcos: 230 habitantes, 70 edificios; distancia, ocho kilómetros.

     Las Monjas: 300 habitantes, 95 edificios; distancia, siete kilómetros.

     Son también aldeas: Pedriches, Retorno, Santa Bárbara, Cárceles y Fuenseca, todos ellos, hoy, con menos de 25 habitantes. Además hay, prácticamente deshabitados, varios caseríos y casas de labor, excepto aquellos en que por su mecanización y conversión en explotaciones agrícolas importantes conservan caseros y productores.

     Venta del Moro, la capital, sigue los altibajos propios de la actualidad rural; no obstante, las inquietudes de sus dirigentes y vecinos la hacen prosperar en lo posible, y constituye, sobre todo en verano, un lugar muy apropiado para el descanso y la vacación. Tiene cura párroco, farmacia, dos médicos, biblioteca, salón de cine, fuentes públicas, cinco escuelas, Cuartel de la Guardia Civil, matadero, comercios, sucursales de Banca y algunas industrias de transformación de productos agrícolas y forestales. Su iglesia parroquial data de los últimos años del siglo XVIII, y una hermosa torre presidiendo el caserío, que fue construida hacia 1770. Fue siempre filial del Salvador de Requena hasta su independencia en 1823. Su primer cura párroco fue don Felipe Antonio García. Tiene carreteras que la enlazan con la general Madrid-Valencia y con la de Córdoba-Valencia, y otras que la unen con sus aldeas en diferentes derivaciones.

     Está regida en lo administrativo y económico- social por los organismos de vigencia actual: Ayuntamiento, Hermandad de Labradores y Ganaderos, C. N. S., Juzgado de Paz y tres cooperativas. Su actual alcalde es don Virgilio Valero Lerín. 

     Su denominación "Venta del Moro" obedece, sin duda alguna, a que primitivamente, tras la conquista de Requena por San Fernando en 1238, fue una "venta" o posada en el camino obligado de la gente de armas, en principio, y de la industriosa arriería, después, y que fue regentada en sus albores por un "moro" de los que al huir de Requena encontró en ella su quehacer cotidiano con la relativa tranquilidad y libertad que no encontraba al lado de los caballeros cristianos de la Conquista.

     La aldea más populosa e importante es Jaraguas, cuya denominación típica nos hace suponer su ascendencia árabe o quizás más antigua; constituye así el núcleo habitado más antiguo del Municipio y hasta de toda la comarca.

     Las demás entidades adquirieron su nombre a consecuencia del establecimiento de familias de labradores o hidalgas requenenses; de aquí su denominación de "Casas" de Pradas, de Moya, etc.

     Casas del Rey se llama así por haber estado en ella el archiduque Carlos, presunto rey, en la Guerra de Sucesión, allá por el 1702. Las Monjas se llama así por haber sido una heredad propiedad del convento de Monjas Agustinas de Requena.

     Parajes típicos y maravillosos son Las Hoces de Fuenseca, las riberas del Cabriel, las fuentes y olmedas de Albosa y la Ullana, el Boquerón, etcétera.

     En general, la salubridad de todo el Municipio lo hace atracción veraniega, en donde la paz se remansa y hace soslayar el ajetreo de la agitada vida del momento. 

     La fiesta mayor de Venta del Moro es el 10 de diciembre, festividad de su Patrona la Virgen de Loreto. El Patrón de Jaraguas es San Francisco Javier (3 de diciembre); el de Casas de Pradas, San Gregorio Magno (25 de mayo); el de Casas de Moya, San Antonio Abad (17 de enero); el de Casas del Rey, la festividad de Cristo Rey; el de Los Marcos, San Isidro Labrador (15 de mayo), y la Patrona de Las Monjas, la Virgen del Carmen (16 de julio). 

     Las tradiciones más típicas en estos lugares son: "Las Hogueras", de la Virgen de Loreto, San Antón y San Julián; "Colgar el Judas", en al domingo de Pascua; "La noche de Mayos", el amanecer del primero de mayo, con canciones a la Virgen y a las mozas; el "lavatorio" de las mozas en la mañana de San Juan, etc.

     Y esto es Venta del Moro y su Municipio. Comercialmente ligado a Utiel por tradición y costumbre, como pueblos hermanos, pero con el corazón ligado a Requena por lazos perdurables e inmarcesibles de hija que no olvida a su madre y a su progenitora. Hidalgo y hospitalario como Requena, emprendedor y generoso, todo actividad y todo honradez en el corazón y el alma de sus moradores.

 

F. Yeves Descalzo

Ex alcalde de Venta del Moro

 

(Publicado en El Trullo de Febrero de 1970)