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Población de habla castellano-aragonesa, de origen romano, fue tomada a los árabes por las tropas del Rey Don Jaime I, en el año 1238 después de la conquista de Valencia. Como Municipio es relativamente moderno, desmembrado de Sot en el año 1841. Pueblo situado en la Serranía valenciana, a 20 kilómetros de distancia de Requena, a 34 de Villar del Arzobispo y a 70 de Valencia, cabeza y corazón del glorioso reino de su mismo nombre. Se halla pintorescamente situada en un llano rodeado de elevados y ásperos montes, su término mide una superficie de 5.890 hectáreas; constituye uña serie de elevadas prominencias por entre las que discurre el río Sot a una altura no inferior a los 500 metros, originándose dentro del mismo estribos que enlazan con las Cabrillas y las Gradas, que, desde la meseta requenense descienden hasta el Turia. Limita este término, por el NE, con el de Sot de Chera; por el NO, con el de Loriguilla; por el SE, con el de Gestalgar; por el S, con Siete Aguas, y por el O, con Requena. La citada superficie se distribuye del siguiente modo: Cultivos de regadío, 184 Ha; de secano, 1.240; terrenos de pinos y pastos, 4.318; yermos, 138, y edificados, 10 hectáreas. El cultivo de regadío era eventual hasta el 6 de abril de 1008, pues se obtuvo un alumbramiento, con motivo de la construcción de un pozo de sondeo en la partida Los Olmos, con moderna maquinaria y bajo la dirección técnica de la Delegación Provincial de Valencia del Instituto Nacional de Colonización, que, previo aforo, dio un caudal superior a los 5.000 litros por minuto, repercutiendo en asegurar el riego para todas las huertas existentes en Chera, teniendo la convicción de que, aunque no hubiera otro manantial, con el agua conseguida se podría regar toda la huerta del término de Chera y convertir de secano a regadío unas 50 hectáreas más. En regadío predominan, los cultivos de hortalizas, tubérculos, cebolla, judías y maíz. En secano, almendros, viña, olivos y cereales. En el inventario de bienes del Ayuntamiento de Chera, figura un rico patrimonio de montes cubiertos de pinadas cuya explotación regular, a raíz de la ordenación de montes llevada a cabo por la Jefatura del Distrito Forestal de Valencia, permite cubrir las atenciones de los servicios municipales. Por su proximidad a Requena, por cuya ciudad realiza su tráfico con la capital del Reino, mediante la única línea regular de transporte por carretera de que dispone, hace que en los últimos tiempos se hayan afirmado los lazos de buena vecindad y comercio con la ciudad castellana, hasta el punto de que en las reuniones de tipo político celebradas, Chera ha militado con los pueblos de la comarca de Requena. La población de Chera es alegre y atractiva. Se alza pintorescamente en medio de una llanura, rodeada de tierra de labor. Dispone de los correspondientes servicios higiénicos, de instrucción y de policía. En la gran plaza del Ayuntamiento existe una fuente rodeada de jardines y frondosos árboles. Cuenta también con una banda de música, bajo los auspicios de la Sociedad Musical y Recreativa Santa Cecilia, de Chera. Existen tres Cooperativas: Agrícola, Eléctrica y de Consumo. El Ayuntamiento tiene un proyecto de alumbrado moderno, y actualmente se está construyendo una Piscina Municipal de Reglamento, y en los próximos años se instalarán otros deportes y cafetería. La altura sobre el nivel del mar es de 650 metros, aproximadamente, la ideal para el verano, siendo sus cimas principales: el Pico Ropé, a 1.136 metros; el Puntal de Fernando, a 1.117 metros, y Cinco Pinos, a 1.171 metros. Cuenta Chera con varias fuentes naturales, siendo la más cercana a la población y de más fácil acceso, la Fuente del Barrio, distinguiéndose por su belleza y paraje magnífico. |
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Uno de los más bellos lugares, comprendidos dentro de la extensión valenciana, es el Pantano Buseo, situado en el término municipal de Chera, a 74 kilómetros de la capital; el desplazamiento es: Valencia-Requena; allí, desvío por la carretera provincial Requena-Villar del Arzobispo, orlada de pinos y vericuetos, a Chera y a cuatro kilómetros de zigzagueantes perspectivas, el Pantano, que visto desde lejos y desde el repecho, semeja a un lago qué nada tiene que envidiar a los estanques pirenaicos y paisajes suizos. Avalan esta impresión las hermosas montañas que lo enmarcan, tachonadas de pinos y arbustos hasta las rizadas orillas. El Pantano de Buseo tiene excelentes paisajes y lugares muy pintorescos, belleza natural sin igual, grandiosa obra de la naturaleza y el hombre, fue construido en 1003, aprovechando el. magnífico valle del mismo nombre, con un aforo de 58 hectáreas de superficie, ideales para el vaso del embalse, formado por la retención de las aguas del río Chera, que recibe la valiosa aportación caudalosa del impresionante barranco de la Hoz, siempre cantarino por las linfas alborotadas de las fuentes de la Teja y de Regalos. Estas excepcionales condiciones orográficas y geológicas hicieron que el ingeniero don Fernando de Juan y Buniel trazara los primeros estudios de la gigantesca obra, considerada como la más importante de las ocho realizaciones iniciales del plan de obras hidráulicas, proyectado por el Estado, a propuesta del ministro de Fomento don Rafael Gasset y Chinchilla, mantenedor de la llamada "política hidráulica", creada para incrementar la riqueza agrícola de España. |
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Van en aumento las personas que llegan con su turismo hasta los bordes del pantano, instalan la tienda y se deleitan con sus encantos. Según la época pescan o cazan. Necesariamente para estas actividades tienen que poseer las oportunas licencias, el agua, el silencio y la quietud que constituyen la suprema aspiración de quien intenta evadirse, siquiera sea a lo largo de unos pocos días, del quehacer cotidiano del resto del año. Pero la mayoría de los que acampan, quedan estáticos contemplando la tersa superficie del embalse que refleja los vuelos de torcaces y gavilanes. Los senderos que circundan el perfil del valle, invitan a realizar sosegados paseos que se interrumpen para escuchar a los ruiseñores y a los mirlos enamorados; no es extraño ver en la lejana cota del pantano (por donde entra el río), la inteligente zambullida del martín pescador, que remonta el vuelo con un pececillo atrapado. No dejen de visitar el barranco de la Hoz, de salvaje belleza. Lo deben remontar hasta el risco del Fraile, perenne guardián de la profunda grieta; caminen callados; quizá tengan la ocasión de presenciar la singular carrera de los inabordables erizos. En los dorados atardeceres del lánguido otoño llegan a los nidos de las rocas lisas alcaudones y zorzales con el buche lleno de la caza que han encontrado en Marjana y el Oralillo, a medio camino entre la sierra y el llano. |
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Admiren la puesta del sol en el pretil que corona la presa; el paisaje es encantador, la laguna es un descomunal espejo que despide destellos rojizos, y refleja los cúmulos apelotonados, similares a lenguas de fragua y a los encumbrados montes que la cercan, tapizados de frondas pardas. Al otro lado del muro de contención, el río sigue su interrumpido curso, abierto a empellones por el tremendo desfila dero del Tormagal, cuyos alaridos, en los días de viento, pasman.Cuando la noche se cierne en el Buseo, el embrujo de las tinieblas cautiva al excursionista: buhos, chotacabras y gatos monteses salen de sus tabucos, beben pausados en la mansa orilla y parten en busca de aventuras, volviendo al amanecer sitibundos, arrogantes con sus presas. En las noches serenas, las estrellas y la luna se miran en el lago, que las hace más bellas. Otro lugar estupendo de Chera es la Ermita, situada en ladera, oculta desde la carretera por las ruinas del antiguo castillo; se llega desviándose de la carretera de Requena a Chera, por la izquierda antes de llegar a la población; tiene un caudaloso manantial de agua cristalina y pura, frutas exquisitas propias de la alta serranía valenciana, y sobre todo, se toma contacto con la Naturaleza, gozando de la paz y el aire limpio, puro y perfumado de sus pinares, que es bálsamo milagroso para las dolencias del pulmón fatigado de muchos hombres de empresa o de aquel viejecito asmático que trabajó sin descanso en el taller, la fábrica o el despacho. |
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Miguel Palomo Monfort Secretario del Ayuntamiento
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1970) |