La Ciudad de Requena tiene su leyenda. Su leyenda bonita. Esta afirma, nada menos, que fue fundada en el año 1531 antes de Jesucristo, unos 400 años después del Diluvio Universal; y que recibió el nombre de "Roquena" por estar asentada sobre Una gran roca.

     Sigue la fantasía -no por tal, menos bella-, hablando de una estancia del Cid Campeador en Campo Arcís y su posterior llegada a Requena, con su esposa e hijas, donde se aloja y donde, posteriormente, sus hijas doña Sol y doña Elvira casan con los Infantes de Carrión.

     Estos hechos y aun otros, nunca probados, podrán ser legendarios o fantásticos, pero es indiscutible que la Leyenda, con sus matices poéticos, sólo surge donde se dan fuertes valores humanos.

     No se sabe con seguridad que se estableciese aquí un poblado romano; pero sí se puede asegurar que hubieron fincas de labranza e incluso quintas de recreo, ya que los vestigios romanos encontrados (fundamentalmente lápidas), no tienen razón de ser en un monte despoblado.

     Lo que sí tiene ya garantía histórica, es la existencia de una pequeña población árabe fortificada, que fue tomada con gran esfuerzo por los ejércitos castellanos, poco después de la conquista de Cuenca, y que volvió al poder agareno en breve tiempo. Vuelve a verse asediada la Requena mora, en esta ocasión por el Arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, que a los pocos días ha de levantar el cerco con grandes bajas. De nuevo se intenta la conquista pocos años después, y de nuevo hace fracasar las apetencias cristianas Zeit-Abu-Zeit.

     Finalmente, las huestes de Fernando III el Santo conquistan definitivamente Requena, muy posiblemente en el año 1238, el mismo en que D. Jaime el Conquistador entra triunfalmente en Valencia. En Requena se entrevistan los monarcas aragonés y castellano. Uno de los varios encuentros habidos con motivo de los litigios de frontera que tuvieron ambos reinos, y que finalizan con la caballeresca cesión de D. Jaime a su yerno Alfonso X el Sabio, de la plaza de Requena, al igual que hizo con Cartagena y Murcia.

     Don Alfonso enferma en Requena, y reconocido a las atenciones recibidas de sus habitantes, les concede Carta dé población en 4- de agosto de 1295 (un 4 de agosto pierde España Gibraltar. Curiosa coincidencia de fechas que depara la historia de Requena); en la primitiva población que constaba de dos calles inmediatas al castillo (Somera de Arriba y Somera de Abajo, con los portales del callejón del Ovejero y el de la cuesta del Santo Angel), podíamos decir que situó Alfonso el Sabio "treinta caballeros y escuderos fijos-dalgos", y otros tantos ciudadanos y peones, dándoles a todos y a su descendencia el Fuero de Cuenca. Numerosos privilegios concedieron sucesivos monarcas a Requena, y a ella acudieron nobles caballeros que fundaron casa y de cuyos blasones aún quedan vestigios en viejas mansiones.

     Requena goza de fructífera paz, sólo truncada con la muerte de D. Pedro el Cruel, en que el Alcaide de la población hace entrega de la misma a las fuerzas aragonesas, que la disfrutan poco tiempo, ya que el fraticida Enrique de Trastamara la recupera para la corona castellana al año escaso. Vuelve a una existencia tranquila, bajo los reinados de Juan I, Enrique III y Juan II, hasta que el bienaventurado Enrique IV tiene la ocurrencia de donarla en señorío al poderoso o magnate don Alvaro de Mendoza, Conde de Castro- Jeriz, quien como primera medida sitúa una fuerte guarnición en el Castillo. Justamente resentidos, protestan ante el rey los vecinos de la población y éste revoca la injusta donación, autorizándoles para hacer armas contra Castro- Jeriz; lo que origina fuertes combates hasta que Requena, con sus propias fuerzas, logra desalojar al intruso, concediéndole el rey el título de Villa Muy Leal.

     Pero dos años después, el tornadizo monarca concede de nuevo la villa, esta vez al famoso Marqués de Villena "con los derechos del puerto, que son de mucho interés por estar el pueblo a raya ,del Reino de Valencia", y de nuevo los requenenses defienden sus derechos de realengo con tenacidad y bravura, hasta que al advenimiento de Isabel la Católica decide ésta no enajenar nunca Requena, que ya queda definitivamente propiedad de la Corona.

     Requena vuelve a gozar un largo período de paz bajo el mandato de los Austrias, hasta que surge la Guerra de la Sucesión, en que abraza el partido del francés Felipe V. Su tenaz fidelidad le hace sufrir el terrible embate de las tropas del Archiduque Carlos de Austria. Un tremendo asedio y bombardeo de 18 días, en el que quedan destruidos 300 edificios, le obliga a capitular, siendo ocupada por el enemigo año y medio. Finalizada la guerra con el triunfo de Felipe V, éste le testimonia su gratitud concediéndole los títulos de Muy Noble, Muy Leal y Fidelísima. Tiempo después, todavía Felipe V le acredita su cariñoso recuerdo y aprueba las ordenanzas de la hermandad y arte mayor de mercaderes y fabricantes de tejidos de seda de Requena, en 28 de julio de 1739.

     El rey Fernando VI, en 26 de marzo de 1747, aprueba las ordenanzas para el gremio de tejedores de paños y estameñas. Y el mismo monarca pone en vigor las del gremio de lienzos. El rey Don Carlos, en 31 de agosto de 1784, aprueba los estatutos de la Sociedad Económica de Amigos del País.

     En el pleito dinástico que suscita la muerte Fernando VII, Requena es partidaria de Isabel. Ello le vale el asedio del famoso general Cabrera, en 20 de setiembre de 1835, que tiene que abandonar el campo ante el arrojo de sus habitantes.

     De nuevo resiste el ataque de un fuerte ejercito carlista de casi 15.000 hombres, formado por las partidas de Cabrera, Gómez, Quiles, Serrador, etc., que otra vez se ven obligados a desistir de su empeño para ya no volver más.

     La reina Isabel II declara a la villa "Muy Noble y Muy Leal Ciudad" y le invita a que proponga escudo de armas.

     Desde entonces, tuvo en el centro de su escudo un Hércules, con la corona de laurel en la mano derecha y la maza en la izquierda (como símbolo de fortaleza), y el lema "Libertad, Victoria".

     El antiguo escudo de la población, hoy restablecido, evoca la pugna sostenida con el Conde de Castro- Jeriz, y entre dos grandes cuernos de la abundancia y bajo corona real, aparecen, en una cartela, una estrella, una llave y un yugo roto.

     Y ya hasta la fecha, Requena, salvo escasas y penosas vicisitudes de ingrato recuerdo, entra en un campo de plena madurez cultural y laboral, que culmina hoy día con su Fiesta de la Vendimia, a la que yo dedico este... digamos artículo, por ser mío, a la fuerza es modesto y exiguo, pero que lleva un sincero deseo de que sea a la manera de testimonio material de mi admiración y afecto.

JOSE SAGRERAS

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1970)