|
|
||
|
Deja tu trabajo y ven. Ven a mi vera, mujer, que estoy soñando con ganas de esconderme entre las nubes para poderte coger la estrella que te ilumine. Es fiesta esta noche, ven. Es fiesta porque te quiero y porque te quiero ver, mis luces sobre tu piel, con hambre de vida y fe, con la alegría del niño, ilusión a flor de piel. Deja tu trabajo y ven. La vida es aquello y esto. Dios hizo la vida bien.Ven que te bese, mujer, que es sano besar la vida para que la vida sepa que la queremos tener. Sácame del vino viejo y a la mesa has de poner aquel mantel de la abuela, que para eso lo hizo aquella buena mujer y una hogaza bien cocida, y uva temprana también; y habrás de poner al fin tu presencia y tu compañía, que no habré de comer solo cual si no hubiera mujer, que solo ya trabajé un tanto más por tenerla, como Dios me dio a entender. Con ello estará completo lo que he de menester para sentirme contento viendo como Dios me da casa, mujer y sustento, y satisfacción de estar mi vida suya, viviendo. Si algo más quieres servir, -lo que será natural en tus gracias de mujer-, será regalo que me haces, y te besaré otra vez para que sepas que sé que es más de lo necesario, que tu risa, por el aire, se me ofrece en el mantel. Y abriremos nuestra puerta por si alguien quiere tener parte en nuestra Fiesta y mesa.Requena, amigo, es mi casa, mi puerta abierta estará, mi mujer es mi mujer pero si te gusta el pan, la fiesta sana y el vino, la Paz después del camino, ven; yo te haré sitio en mi mesa y tú comerás conmigo, y te daré de mi paz y te daré de mi vino para que sigas después, caminando tu camino. JOSÉ MARÍA VIANA (Publicado en el Programa de Fiestas de la XXIII Fiesta de la Vendimia - 1970 -)
|
||