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El momento histórico que vivimos pa rece marcado por el signo de la evolución cambiante en el terreno de las ideas y de los principios y, como su consecuencia ineludible, el relevo de los hombres que han de ponerse al servicio de las nuevas orientaciones. Asusta, en cierto modo, una remoción tan profunda de algunos de los más sólidos cimientos sobre los que gravitaban nuestras creencias, en lo esencial, y muchísimas de las circunstancias más o menos accidentales que les daban forma exterior. Y apena decir adiós a hombres y situaciones que discurrieron paralelamente a nuestra existencia, aun cuando no hubiere otras razones, por la más importante: la vida es irreversible, y cada minuto que transcurre deja' huella grata o nefasta en nuestro recuerdo; ha sido la medida de una oportunidad de convivencia positiva, un cargo o abono en la cuenta de las monedas que el Señor nos entregó al nacer, y, por supuesto, un girón de vida que hemos perdido a cambio de la porción correspondiente de nuestro acceso a la historia.Así las cosas, también en nuestra vida local se han producido acontecimientos que representan remoción y renovación de situaciones y de hombres, transcendentes por el carácter público de las Instituciones afectadas, unas sujetas a una periodicidad conocida, otra, la que es objeto de nuestro comentario, excepcional: nos referimos, naturalmente, a la sustitución de la persona que ostentaba el cargo de Alcalde Presidente del Muy Ilustre Ayuntamiento de Requena. |
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Durante veintidós años, don Heliodoro Collado Vicente, requenense y Abogado, ha ostentado la presidencia de la Corporación Municipal, y aun cuando no ha sido raro el largo mandato de los Alcaldes de otras ciudades, la excepcional longitud del que nos ocupa ha producido generalmente un fenómeno tan acabado de asimilación mental entre cargo y persona que, todavía en este momento (tres meses después de cesar en su mandato) y presumiblemente durante mucho tiempo, llamamos "Alcalde" al señor Collado cuando a su persona nos referimos, y por la misma razón, pero a sensu contrario, necesitamos aclarar, cuando al actual Alcalde nos referimos, que se trata del señor Viana González, Y no es sólo por inercia, Creemos que viene a ser una canalización afectuosa de nuestro subconsciente hacia el reconocimiento de que este relevo había de producirse una vez por el imperio inexorable del desgaste, pero que, con esta salvedad, nuestra Alcaldía difícilmente encontraría otra persona dispuesta a ostentar el cargo con una mayor dedicación y un más acuciante desvelo por los intereses generales de nuestra comunidad municipal. Llamar hoy a Collado "el Alcalde" es algo así como dejar escapar una voz interior que le proclama patricio, pro-hombre o persona que, durante veintidós años, se ocupaba de nuestros asuntos comunes, en los que tenemos una cuota parte de bienes y derechos y también obligaciones, mientras nosotros, los demás ciudadanos no implicados en la gestión municipal, hemos confiado tranquilamente en que ellos trabajarían por nosotros, solazándonos en las hermosas realizaciones cuando no ensañándonos frente a proyectos que nuestra crítica, mal informada o tendenciosa, ha juzgado indebidamente, para concluir, generalmente, con un silencio aprobatorio. |
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Ocupar un cargo público implica el riesgo inminente de verse despedazado por la ira de aquellas personas, distintas en cada circunstancia, que por razón de la inevitable oposición de intereses de todo orden en que lamentablemente se mueve la humanidad, ven limitadas sus aspiraciones particulares como consecuencia de las resoluciones de interés general, y hasta las pasiones, debilidades o excesos del carácter que, como humanos que somos, afloran con tanta frecuencia sin otra transcendencia mayor en el ámbito de nuestra vida privada o profesional, en un hombre público se airean, transcienden, escandalizan y le conquistan antipatías o resentimientos. Ya es mérito suficiente someterse en forma voluntaria a un acto de servicio por el que ha de pagarse un precio tan elevado, sabido como es que ninguna persona podría aspirar a una misión redentora como la de Cristo por la que, constituyendo el más alto servicio a la humanidad, recibió toda suerte de ultrajes hasta la crucifixión. Creemos que el mayor esfuerzo de objetividad que podemos realizar, porque es justo y porque en algo contribuye a dignificarnos, consiste en olvidar aquel pequeño resentimiento que llevamos en el macuto cada cual -si es que existe y tuvo razonable fundamento-, por la caridad a que nos obliga el reconocimiento de que quizá cualquiera de nosotros hubiese obrado de idéntico modo, y, tras ello, proclamar que Heliodoro Collado se ha hecho digno de nuestro reconocimiento y gratitud y que, si en algún modo ha de dársele cuerpo a esta gratitud, parece muy oportuna la propuesta del actual Ayuntamiento dirigida a la concesión en favor de aquél de la Medalla de Oro de la Ciudad. |
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Y al relevo ha entrado don José María Viana González, requenense, comerciante y agricultor, amén de inspirado poeta y hombre apasionado por las cosas de su tierra, que ya ha demostrado con cuánto entusiasmo responde a cualquier requerimiento que tiene a Requena por peticionaria. Tanto que, como lo conocemos bastante y lo estimamos en la misma medida, creemos que Requena no va a salir perjudicada con el relevo, pero él sí. La porción de historia local que va a escribir el señor Viana González todavía está por redactar y es por ello impropio de nuestro temperamento usar de adjetivos, aplicados a su gestión municipal, que, aunque adivinamos, son de prematuro empleo. Sí, confiamos plenamente en su acierto, que deseamos vivamente, porque creemos con fe ciega en que su amor por Requena es, cuando menos, de tantos quilates como el del resto de los requenenses, y con este bagaje la calificación a que se haga acreedor en su día tiene que ser de notable hacia arriba. ¡Enhorabuena, señor Viana! P. GIL OROZCO (Publicado en El Trullo de Mayo de 1971) |
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