No hace muchas fechas tuve el gusto de ser presentado a unos señores de la directiva de una agencia de viajes valenciana, a los cuales les guiaba cierto interés en conocer nuestra Villa, sus pormenores, detalles y el visitar nuestras Iglesias, así como saber si había algún museo abierto al público. Hice lo que pude por demostrarles el atractivo de nuestra Ciudad y sus alrededores, les hablé de ciertos lugares llenos de sabor y datos históricos y las posibilidades de nuestra población para un general aliciente turístico. Dichos señores quedaron sorprendidos y llenos de interés por lo que vieron, reconocieron que no pensaban nunca que nuestro antiguo recinto de la Villa fuese tan interesante y dijeron que pensaban organizar diferentes viajes este verano. Por lo pronto al siguiente domingo ya tenían preparado uno, yo sentí no poderles acompañar como me lo pidieron por tener que ausentarme, pero les prometí mi pequeña ayuda en lo sucesivo.

     Este pequeño, aunque parezca simple suceso, hace meditar un poco, pensar seriamente en lo que tenemos todos los requenenses y el bien que esto puede representar para nuestra querida Ciudad.

     Puede que en principio sea un bien moral, de satisfacción y orgullo para nosotros, el ver cómo personas ajenas a lo nuestro admiran lo que aquí ven y quieren saciarse de ello y se encantan viendo nuestros rincones, fachadas, iglesias, escudos, etc. El completo, creo yo, sería el que pudiesen ver un museo que termine por explicarles a ojos vista, nuestras reliquias y vestigios de nuestra antiquísima Ciudad.

     Ventajas de hacer atractivo nuestro suelo, yo creo que muchas: en primer lugar, si las personas que pasan lamiendo nuestra Ciudad por la carretera (de primer orden) que nos atraviesa y conduce a nudos tan importantes como Madrid, Albacete, Almansa, etc., encuentran un atractivo en detenerse, creo que entrarían (eso es cosa que nos pasa a todos cuando se viaja por gusto). Igualmente, los viajes organizados en autocares harían sus paradas aquí. Esto representa actividad, comidas para los hoteles, compras para los comercios y popularidad.

     En segundo lugar, darle un carácter más cultural e importante históricamente, que no haría mala pareja con su gran desarrollo material.

     Termino con lo que pensaba fuese el principio de este escrito: "El Museo Requenense". Está iniciado ya, hace tiempo que éste se comenzó y colocó en nuestro Castillo; es arqueológico hoy, tal vez un día se pudiera ampliar y recoger objetos de todas las especies que tuviesen que ver con nuestro pasado. Hay personas que ven esto con buenos ojos, pero hace falta el empujón, una ayuda moral y económica que una a los entusiastas y les permita seguir adelante.

     Dejo en el aire mi idea y ojalá esto se lleve adelante por nuestra autoridades encabezadas por nuestro nuevo alcalde, don José Mª Viana.

C. JORDA

(Publicado en El Trullo de Mayo de 1971)