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REQUENA EN TIEMPO DE POSTAS |
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No está dicha la última palabra sobre el vino, ni es posible agotar el tema. Sólo superado por el agua y la leche, el vino encabeza el orden de las bebidas nobles; hay que tener muy presente que enriquece la comida, transmitiendo a la mesa un sello de reconfortante distinción. Los valencianos tenemos la obligación de aprovechar todas las coyunturas para ponderar las excelencias del vino que se produce en la amplia dimensión geográfica de la región, insistiendo en la calidad y producción vitivinícola de la comarca requenense de secular tradición. El vino, por su condición tonificante y digestiva (de considerable valor), debe acompañar a los manjares; su influencia, en vaso o en bota, alegra a los comensales. Requena es tierra de vino, siempre fue crecido el número de cosecheros, y de continuo estuvieron repletas las posadas de arrieros y las fondas concurridas de tratantes y marrulleros. Sin carreteras asfaltadas, ni camiones, ni vagones cisternas, rápidos en vías férreas, ni red telefónica, para concretar operaciones, la actividad de Requena en el negocio del vino ya era prodigiosa. La abundancia permitía destinar buenas cantidades de vino para la fabricación de aguardiente que "producían mucho y excelente". Los jornales para braceros y peones eran de cinco a seis reales; para el trasiego del vino usaban carros arrastrados por mulas lustrosas y resistentes. |
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Requena en el belicoso siglo XVIII contaba con caminos "que se ponían intransitables en el invierno, a causa de las nieves y desbordamientos de los ríos, cuyos puentes y vados inutilizaban las lluvias". De mayor interés para las comunicaciones con Requena, era la carretera que llamaban de las Cabrillas; pasaba por el centro de la entonces villa, era de mucho tránsito, conducía al mar por Valencia y a Madrid por Cuenca. Requena era parada de correos y mayorales de diligencias. En 1845 la bulliciosa población pertenecía a Castilla la Nueva, por estar enclavada en la provincia de Cuenca; por el camino real llegaban a Requena los lunes, jueves y sábados la diligencia y correo de Madrid; los domingos, martes y jueves la de Valencia, en Requena existía cambio de postas y enlaces para Albacete y Andalucía. La producción de vino ascendía a 156.000 arrobas (sic), las faenas del campo eran atendidas por cuatrocientos vecinos. El movimiento comercial se efectuaba principalmente con Valencia, a donde determinados productos agrícolas iban destinados a embarques para América. Requena tenía entonces 10.404 almas; ya era célebre la feria que celebraban en el mes de septiembre, entre los días 8 al 15. La histórica ciudad estaba siempre muy animada de forasteros, todos compradores y vendedores. Independiente del vino, Requena estaba acreditada en cereales, patatas, zanahorias, azafrán, corderos, cabritos y muletos. La producción, en general, estaba valorada en 35.589.600 reales; habían 861 contribuyentes y la riqueza imponible y territorial alcanzaba 1.369.280 reales de vellón. |
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El paso de los años aumentó el prestigio de Requena. Labradores y artesanos, vinateros y menestrales, en los momentos de peligro para la dignidad de la laboriosa villa, dejaban aperos y artes para aprestarse a defenderla. Una acción heroica les valió a los requenenses que la Reina declarase a la villa: "Muy Noble y Muy Leal Ciudad", título que conserva desde aquel memorable miércoles, 21 de septiembre de 1836, año bisiesto y turbulento. También fue un miércoles, 25 de junio de 1851, cuando Requena se incorporó a Valencia, agregando a su estirpe un dilatado término de noble abolengo. Otra obligación de los valencianos es contribuir a la mayor divulgación de un viejo aforismo: "El vino limpia el diente y sana el vientre", añadiendo que en Requena funciona desde hace sesenta años, la prestigiosa Estación de Viticultura y Enología que tiende a la mejora de los vinos. Por estas y otras razones, no es de extrañar que en Requena se celebrase la primera Fiesta de la Vendimia de España, continuando vigorosa como un festejo anual de gran resonancia; esta manifestación, producida por la alegría que proporciona el vino, llena de júbilo las calles de Requena. El cultivo de la vid, la uva, la vendimia, la ciencia del trullo, la bodega y el trato en el negocio del vino, dio señorío a los cosecheros, dando al campesino una distinción de hidalgo rústico. RAFAEL ROCA MIQUEL (Publicado en El Trullo de Mayo de 1971) |
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