Me enamoré de ti. Yo estaba

esa tarde en la gloria del viñedo.

Octubre, con su luz, iluminaba

la vendimia con todo su ajetreo.

Requena. Industrial y campesina

-campanarios queriéndose alzarse al cielo-

rodeada de un mar de verdes vides,

blanca gaviota, soñando con mar quieto,

se veía tras los verdes valles

reina y señora en vid y olivo tierno.

Me enamoré de ti ¡Requena mía!

y aquella tarde te ofrendé sonetos

que cantaban en todo su esplendor

las gracias que Requena lleva adentro...

Muy Noble, Leal y Fidelísima

en la brisa me enviaste un beso.

Era un beso en cariño, leal, puro,

que se quedó grabado por mi pecho

haciendo que nacieran en mi mente

las humildes flores de mi verso.

Desde entonces Requena, ¡mi Requena!

¡de todo corazón verso te ofrendo!

 

(Publicado en El Trullo de Mayo de 1971)