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VENDIMIA |
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AFANES Transcurre él mes de Diciembre, A una hora muy temprana, -Cuando apenas quiere el sol apuntar tras la montaña:-, un hombre, por un camino, con paso ligero, avanza. En lo que alcanza la vista, y a la luz que presta el alba. sarmientos secos... escuálidos; viñas tristes desoladas. Todo está quieto y callado; hace frío... hay escarcha. El hombre tirita, y piensa. que su tarea es ingrata porque, a la grande ventura que la cosecha depara preceden ¡tantos trabajos, sacrificios, y hasta lágrimas...! Esas cepas que se ven desnudas y solitarias, han de ser, una por una, completamente podadas. Después, hay que sarmentar; seguidamente, abonarlas; acobijar y mullir; hacer hoyos, quitar grama, arrancar y reponer, por cuatro veces labrarlas...
FLOR Y FRUTO
Mas... llega la Primavera. El campesino, un buen día, estalla en gritos de gozo al arribar a la viña: ¡Ya dio fruto su trabajo. su sacrificio y fatiga!... Las cepas, ¡han florecido!, ya, su sudor, cobró vida. y se afana más si cabe con renovada energía las esporga y despimpolla; las sulfata, y deja limpias para que las uvas crezcan sanas, fuertes y rollizas.
Así, viene el mes de Julio. La cepa, madre fornida, alimenta a sus retoños, agraces en lozanía que, durante el mes de Agosto "visten" sus primeras pintas, y al entrar el de Septiembre, bajo las suaves caricias de ese castellano sol, cuyo fuego, ya declina, van cubriéndose de luto cual dolientes mujercitas. Y, por fin, una mañana: Trajinar de carros... prisas. Caravanas de vehículos transportando las cuadrillas, que hacia el campo se dirigen: ¡Va ha comenzar la VENDIMIA!
TRIUNFO
Siluetas de mujer han invadido el viñedo. Faldas que revolotean... pantalones de vaquero; cabelleras que se cubren con el vistoso pañuelo, o se mantienen ocultas en la paja de un sombrero. Ojos alegres... brillantes; rostros vivaces... inquietos. Palabras, risas, canciones que se alzan, raudas, al viento. Manos que, en suma destreza, cortan a diestro y siniestro. Una cepa, y otra, y otra, entre sus ágiles dedos, van quedando despojadas de ese fruto, blanco o negro, que en los trullos, o bodegas, ha de hacerse vino, luego.
LETARGO
Recogida de herramientas, lonas, espuertas y aperos. Personal que se reúne para el último regreso, con... un algo de nostalgia en esos rostros inquietos que, el aire y el sol, tornaron atezados y morenos. Se da la voz de partida... Todos ocupan sus puestos, y en comentarios y planes, el camino vase haciendo.
Las vides, quedan atrás... sin uvas... ¡mirando al cielo! en espera del milagro que ha de darles fruto nuevo.
Emilia López Toledo (Publicado en El Trullo de Agosto de 1971) |
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