Virgen doliente y hermosa:

No abandones a este pueblo

que, como a Excelsa Patrona,

te rinde amor y respeto;

que en su Semana Mayor

y sus mejores festejos,

te pasea por sus calles

entre vítores y rezos;

que, ante ese altar que cobija

tu insondable sufrimiento,

tu corazón traspasado

por siete agudos aceros,

y ese llanto, que tu rostro

humedece en todo tiempo,

acude, con la esperanza

de que escucharás sus ruegos.

Líbralo de la epidemia,

sequía, helada, apedreos...

Haz que, a su Dios y su Patria

sea fiel y sea recto,

como a través de los siglos

ha sabido, siempre, serIo.

    

     Y... no llores, ¡Madre mía!,

que me embarga el desconsuelo

cada vez que, al contemplarte,

esas tus lágrimas veo.

Si yo fuera ruiseñor

de suave y brillante acento,

cantaría para ti

con trinos tan hechiceros,

que, al instante, cesaría

el llanto en tus ojos bellos;

mas, no siendo ruiseñor,

ni muy brillante mi acento,

en vez de cantos, Señora,

ofrézcote este soneto:

 

     Quisiera, amada Reina, darte un lecho

de olorosos y nítidos vergeles,

y, con una enramada de laureles

formarte victorioso y lindo techo.

 

     Quisiera, Dolorosa, de tu pecho

arrancar las espadas que, crueles,

inundan con sabor de amargas hieles.,

tu pobre corazón triste y maltrecho.

 

     Y, libre del dolor, ¡oh Virgen pura!,

que el vil e ingrato mundo te causara,

en gozo se trocase tu amargura,

 

     tu inmaculada frente se elevara,

y en todo el esplendor de su hermosura

tu dulcísimo rostro se mostrara.

EMILIA LÓPEZ TOLEDO

(Publicado en el Programa de festejos de la XXIV Fiesta de la Vendimia)