Un gran amigo me pide le escriba algo sobre Heliodoro Collado, no pudiendo negarme a hacerlo en atención a la amistad de ambos y especialmente a que no me une ninguna relación de dependencia jerárquica con éste, no pudiendo sonar, por tanto, mis manifestaciones a adulación, halago, "incienso" -él sabe que jamás lo he hecho-, sino a la realidad objetiva experimentada por persona que ha convivido activamente con Heliodoro durante bastantes años de su vida pública, llegando a trabar una sincera amistad.

     La brevedad de estas cuartillas hace que expongamos sintéticamente la personalidad de Collado en su vertiente pública.

     Para mí, Heliodoro Collado ha sido un gran político; no en la acepción vulgar e indiscriminada de la palabra, sino en su sentido clásico: entendiendo la política como arte de buen gobierno.

     Su ideario político ha sido fiel a la teoría joseantoniana, dándose la feliz coincidencia de que Heliodoro ha sido "un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble función de las humanas"; teniendo "una manera de ser", consecuencia de su ideario político, que le llevaba, inalterablemente, a buscar siempre y por encima de todo el interés de la comunidad, aunque estuviese en contraposición con los suyos particulares.

     ¡Cuántas veces le he visto y oído comentar ante unas persistentes lluvias en tiempo de sequía por la oportunidad de su caída, con una alegría sincera, casi de niño, los beneficios que iba a reportar a la agricultura requenense y a la economía local, en general; cuando yo sabía que esas mismas lluvias le perjudicaban gravemente en sus intereses particulares!.

     Adoptó, en cada uno de sus actos, "una actitud humana, profunda, completa"; actitud de "espíritu de servicio y de sacrificio, en el sentido ascético y militar de la vida".

     Su preocupación por todos y cada uno de los problemas de sus gobernados rayó, a veces, en la exageración: fruto de su temperamento nervioso.

     Su actitud ante una calamidad pública -hubieron muchos nefastos pedriscos durante su dilatado mandato- fue la de una constante actividad hasta conseguir paliar el desastre: crédito agrícola, moratorias...

     Ante un problema particular -una ruina, por ejemplo- ejercía plenamente su autoridad, sin contemplaciones, ante la posibilidad de un perjuicio irremediable para las personas; resolviendo o intentado resolver la angustia de la familia que se encontraba en esa situación.

     Por desgracia, no siempre fue interpretada su actitud con la buena fe y rectitud que llevaban sus disposiciones.

     "No fue esclavo de un interés de grupo ni de un interés de clase", "ni hubo convidados ni zánganos" en su período de gobierno; sino una actitud igualitaria hacia toda la comunidad que regia, con una especial atención y consideración a sus colaboradores. Atenciones de igual a igual, sin sentido de autoridad o jerarquía, de perfecto caballero; pero sin que ello pudiese suponer prebenda..

     Nunca olvidó a la parte de la comunidad más necesitada. Su sentido social se hizo tangible, entre otras cosas, en la promoción de construcción de cuatrocientas cincuenta viviendas de este tipo, que son hoy realidad y sirvieron para espolear a la iniciativa privada, creándose una importante industria en Requena; y de trescientas más, en las que ha dejado andado el camino. En iniciar la industrialización del municipio, que infatigablemente persiguió -y consiguió- con la ilusión de establecer puestos de trabajo para la mujer, especialmente, que complementarían la débil economía familiar agrícola.

     Heliodoro Collado tuvo la visión de los grandes políticos de proyectar y realizar con miras a un futuro lejano, recogiendo e invirtiendo en lo que, con oportunidad, se presentaba para su pueblo -existiendo la posibilidad de no volver-, dejando por realizar otras obras o servicios que, si bien eran importantes y necesarios, siempre estaban en la mano ejecutarlos. Todo ello, contando con la precaria situación económica de las Haciendas Locales en el periodo de su mandato.

     Dentro de su preocupación general por mejorar las condiciones de vida de sus vecinos -aguas potables, alcantarillados, comunicaciones telefónicas de aldeas, etc.- tuvo una especial predilección por la formación de la juventud, tanto física como intelectual, pues sabía, como dice Platón en su "República", que la ciudad "necesitará de ese gobernante más que de ninguna otra cosa".

     De ahí ese magnífico Parque Deportivo y Recreativo, con importantes instalaciones de este tipo y base para otras de mayor importancia, incluso, para la educación física de nuestra juventud.

     Y al mismo tiempo, las construcciones escolares en las aldeas, los Grupos Escolares de la ciudad y la Escuela Hogar -única en la provincia y segunda de España, cuando se proyectó-, el nuevo edificio del Instituto de Enseñanza Media, la creación de la Escuela de Formación Profesional y Aprendizaje, en régimen de patronato, y mantenida por medios locales hasta su conversión en Escuela de Aprendizaje Industrial oficial, a cargo del Estado, etc.

     Heliodoro Collado, a lo largo de su dilatada gestión pública, ha sido un hombre tremendamente honrado, sin albergar el mínimo rencor o represalia hacia alguien, tras las situaciones desagradables, en pro de la justicia, que da todo sillón de Alcalde. Ha sido eficiente en dicha gestión convirtiendo a Requena en Ciudad, realmente, cuando sólo lo era histórica. Y, sobre todo, ha tenido un gran amor a su pueblo y a las cosas de su pueblo, esforzándose en conseguir lo mejor para él.

     Alguien, al leer esta semblanza, podrá pensar o decir si es que Heliodoro, en su faceta pública, fue perfecto. No, la perfección humana no existe. Pero lo que sí es cierto es que, si existieron estos defectos, fueron de forma, pero no de fondo.

     En recompensa a sus desvelos por la comunidad, el Ayuntamiento actual acordó concederle la más alta distinción que puede conceder: la Medalla de Oro de la Ciudad; que le será impuesta en uno de los días de la próxima Feria y Fiestas en acto público y solemne, como reza el Reglamento correspondiente.

     Como requenense, me satisface plenamente la concesión de esta justísima recompensa moral a su labor y me uno a su homenaje de todo corazón.

Luis Gil-Orozco Roda

(Publicado en el Programa de Fiestas de la XXIV Fiesta de la Vendimia)