CINCO lustros en la vida de una persona implican una andadura importante, algo así como un tercio de la caminata previsible; que si todavía colean los setenta y cinco años de vida y aún, en pocos casos, los cien, el añadido es un obsequio de la naturaleza, un acto de mera liberalidad con el que no se cuenta de antemano. Es, por lo tanto, oportuno, detenerse, liarse un cigarro y descansar. Y, mientras el cuerpo se recupera, mirar hacia atrás por si, más fija nuestra mirada en el suelo que el) el horizonte, anduvimos algún trecho a la deriva; y hacia adelante, procurando robarle profundidad a la distancia, con renovado afán de hacer, y hacer mejor, la nueva etapa.

     Este es el símbolo de lo que venimos denominando celebración de las bodas de plata en la vida de una persona natural o jurídica, de un matrimonio, de una institución de cualquier otra naturaleza, de una situación que tuvo su origen y que ha persistido.

     Y así ha acontecido también en nuestra Fiesta de la Vendimia. Parece un sueño. Eran años que duele recordar aunque coincidieran con nuestra mejor juventud, físicamente tan hermosa como la juventud de todos los tiempos, pero mucho más triste que la actual. Y en aquel marco de desolación, privaciones, lágrimas todavía frescas en el recuerdo, surgió, en forma no bien explicable sin admitir el soplo de una inspiración de orden superior sobre la mente y el corazón de unos cuantos requenenses, el embrión de nuestra grandiosa Fiesta actual. Fue sencillo, con resonancia exclusivamente local, breve en su programa y parco en alardes económicos, pero grandioso por su rigurosa novedad y originalidad, y, fundamentalmente, por la profundidad de su propósito, ciertamente escondido al fondo de las bagatelas festivas; tanto que, transcurridos veinticinco años desde entonces, una inmensa mayoría de nuestras gentes -así lo sospechamos- todavía no se han preguntado a si mismos si, además de divertirles durante unos días, la Fiesta, a través de los hombres que la han servido durante estos cinco lustros y de sus propios actos, ha contribuido y en qué proporción a darle a Requena una fisonomía y una talla peculiares creando, además, un ensamblaje socio-económico y constituyéndose en vehículo de comunicación y generación de afectos entre sus gentes como seria difícil imaginar sirviéndose de otro medio. Entonces fue altamente meritorio el esfuerzo de generación en un ambiente hostil a toda comunicación social, hoy no lo es menos sostener contra viento y marea -el viento y la marea del materialismo que nos asfixia- la exaltación de los valores del espíritu.

     De entonces a hoy largo ha sido el camino recorrido y provechoso para la Fiesta y para Requena el entusiasmo que propios y extraños han puesto en su prosperidad.

     Pero mientras echamos el cigarro, que hemos de fumárnoslo en un año, mientras nos regocijamos en la ya dilatada andadura practicada, mientras extraemos lecciones de nuestra pequeña Historia y abordamos la construcción de la que todavía hemos de escribir, vamos a colocar un mojón que, para perpetua memoria, testifique nuestra satisfacción, la de Requena entera, por la dicha que nos ha sido concedida de haber dado creación a la primera Fiesta de la Vendimia de España, de haberla mantenido a ritmo ascendente durante veinticinco años y de poder disfrutarla, si Dios lo permite, cuando ya no es niña ni adolescente, sino guapa moza cuajada en frescura, experiencia y vigor. Así lo ha concebido la Comisión Permanente de la Fiesta, haciendo una excepción a su esquema tradicional, mediante una convocatoria general a todo lo que haya representado colaboración de cualquier naturaleza y en cualquier tiempo en favor de la Fiesta, que se irá articulando y haciendo pública poco a poco, y, de un modo general, a Requena entera, para que, como un solo hombre y con ocasión de esta XXV edición de la Fiesta, hagamos de nuestra ciudad un museo vivo y multiforme de trabajo, ingenio, originalidad y devoción a nuestras cosas como Requena sabe hacerlo cuando empeña su prestigio.

P. GIL-OROZCO

 

(Publicado en El Trullo de Noviembre de 1971)