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Nuestra anterior colaboración ,en el número de EL TRULLO, correspondiente al mes de mayo del año en curso, nos permitió penetrar, por un postigo polvoriento, en el pasado bullicioso de una Requena olvidada en las amarillentas páginas de un libro viejo, plañidero de nostalgias. Hojearlo y revivirlo es un confortador aliciente para las generaciones, trajinantes siglo y medio después que se desenvuelven en otro ambiente, cuando el real de vellón, como moneda, no tiene ningún valor y hasta la gobernación de la ciudad fronteriza ha cambiado de sentido. Sutilezas llamaremos a estas remembranzas que nos irán mostrando la entrañable Requena que conocieron nuestros antepasados ochocentistas... Huelga decir que en aquellos tiempos del real de vellón, Requena pertenecía a Cuenca; entonces el partido judicial lo componían: Camporrobles, Caudete, Enguídanos, Fuenterrobles, Herrumbras, Minglanilla, Pesquera, Puebla del Salvador y la propia Requena. La mayor densidad de población correspondía al titular comarcal con 2.616 vecinos, 16.404 almas; en la estadística municipal figuran ochocientos sesenta y un contribuyentes, la máxima autoridad de la ciudad la ostentaba el alcalde con mando real, apoyado por dos tenientes y once regidores. En el reemplazo del ejército para jóvenes de 18 a 24 años; de quinientos noventa y dos mozos útiles del partido, el cupo de Requena fue de veintidós hombres incorporados a las milicias nacionales como soldados "rasos". La riqueza imponible ascendió a 916.886 reales de vellón, en concepto territorial y pecuaria; la urbana, 452.406 reales de vellón; industrial y comercial, 411.200 reales de vellón, la moneda imperante. La contribución por ayuntamiento, 248.311 reales (por vecino noventa y cuatro reales, 31 maravedí; por habitante, veintitrés reales y veintinueve maravedises...) No pretendemos hacer ninguna comparación entre los años 1840 y 1971, la única intención es brindar a los amigos requenenses la oportunidad de revivir aspectos marchitos de aquella Requena que ya era prodigiosa. La diferencia de época es enorme: de la diligencia al talgo, o de la galera que se hundía en el barro, al rapidísimo turismo sobre asfalto, hay más de un siglo de tiempo, mal contado, por medio. Entre zozobras y dichas están las sutilezas para descubrimos que la ciudad del vino que ha sabido hacer de la vendimia una extraordinaria fiesta de señorío y rango, tiene un sortilegio que la mantiene digna y hacendosa. En el zaguán de una casa muy vieja de la Villa, se esconde un duende (noble de origen), conoce hasta las estrellas que brillan en el techo celeste de Requena, sabemos dónde encontrarlo y entendemos el melodioso castellano antiguo, seguro que nos contará sucedidos del tiempo romántico, cuando Requena tenía sus alguaciles y regidores para defenderla en rondas bien armados.
(Publicado en El Trullo de Noviembre de 1971) |