CUANDO LA VEJEZ ES FIESTA

Poema premiado con la FLOR

NATURAL de los II Juegos Florales

del Homenaje a la Vejez, en Sot de

Chera, el 17 de agosto de 1971.

 

José Mª Sánchez Roda

 
 

"Para saber si lo nuevo es bueno no hay

más que una prueba: aguardar que sea viejo."

(Ramón Pérez de Aya/a)

 
 

                                I

 

     He cruzado a ese anciano en mi camino.

Me ha dicho "adiós" y no me ha sonreído.

En su rostro no quedan ya sonrisas

que el fuego de la vida ha consumido.

 

     Adiós, ¿por qué? ¿A dónde se dirige

tras de ser en la vida peregrino?

Yo le digo que espere, que sonría,

que todos andaremos su camino.

 

     No es el casco crujiente de una nave

que las olas ha hendido en veinte mares,

con brea cuarteada en sus cuadernas

y un salitre de rutas y de azares.

 

     No es el pino, bramante a todo viento,

-vigor de mocedades de resinas-

que al paso de los años y los cierzos

con temblor vegetal la copa inclina.

 

No es el muñón de un bosque al que han talado

los cedros más fornidos de su fronda

y queda en su paisaje el navajazo

de la calva mortal abierta y honda.

 

No es eso, no; no es eso el pobre viejo.

Es, igual que nosotros, caminante

del mismo pedregoso y mal camino

que andamos sin cesar, y él va delante.

 

     Es esa aristocracia positiva

que, rumiando recuerdos, alimenta

la paciente alquitara que destila

gotas de años vividos, lenta, lenta...

 

     Es el noble y sonoro aldabonazo

que llama a eternidad en su partida

y nos deja, citando a reflexiones,

los fríos barloventos de una vida.

 

Mirad los ojos turbios de un anciano

que parece su vida estar ausente,

y hay más vida prendida en su mirada

que en los ojos de un tierno adolescente.

 

     Porque es vida vivida que ha quedado

hecha imágenes vivas, al desnudo,

con un matiz de tiempo y de esperanza,

de dolor y de gozo grave y mudo.

 

     Esos ojos teñidos de paisajes,

de instantes de recuerdo en sangre viva,

más de una vez, vencidos, se cerraron

apresando una lágrima furtiva.

 

     Y esa anciana que mira hacia el vacío,

incapaz de expresar sonoros gozos,

está fija en los mayos de un recuerdo

que encendió de ilusión sus años mozos.

 

     Hay un grave recuento de saudades

en el hondo silencio del anciano,

y un temblor cereal de amores idos

marca húmedos vacíos en su mano.

 

     Allá empezó una vida de ilusiones

que ha prendido en los campos de otras vidas

y hay palomas y amores y promesas

que, en conciencia y en fe, dejó cumplidas.

 

     Y en la plata que cubre su cabeza

se ha esculpido su noble ejecutoria

y en su cepa, desnuda de sarmientos,

quedan sólo cosechas de memoria.

 

     Dan ganas de gritarle: ¡Voy contigo;

cédeme la rebusca del pasado

pero ve tú .delante, yo me espero

por ver si algo de bueno te has dejado!

 

     Y se van hacia Dios con paso lento

mientras un gesto de dulzura ensayan,

i porque los llama Dios tan despacito

que nunca tiene prisa de que vayan!...

 

 
   
 

 

 

                                II

     Tú pasaste la prueba, viejo amigo.

Tú llegaste a la cima de la vida

y es la gloria y la cruz de lo vivido

la luna de tu sien encanecida.

 

     Tú sabes del dolor que paso a paso

va robando vigores a tu mano;

tú sabes con qué usura Dios otorga

la divina virtud de ser anciano.

 

     Cana a cana me dices tu blancura

y nada hay ya en tu nieve que me asombre;

tan cerca estás de Dios que has remontado

la tremenda tragedia de ser hombre.

 

     Tus años, casi mármol, ya te duelen

y en su dolor gozoso toma vida

esta noble parcela en que cultivo

la cosecha de amor de ti aprendida.

 

     Yo estudiante de viejo; tú maestro.

Préstame tu cayado y yo mi lira;

toma estos versos niños que te traigo

y vamos a jugar, que Dios nos mira...

 

(Publicado en El Trullo de Noviembre de 1971)