|
|
|
|
|
|
DEAMBULANDO por las callejas de la milenaria Requena, fijamos nuestra atención alguna que otra vez en las rejas y balconadas, en los apliques metálicos que decoran viejos portones; no faltando nuestro recuerdo hacia aquellos sencillos artesanos que, tras batir y forjar el hierro "a ojo de buen cubero", coronaban el rústico enrejado con una cruz. Corrían los tiempos en que las oscuras y silenciosas casonas eran algo así como un recoleto refugio, con hierros cruzados por todas partes: incluso en las chimeneas. Pero a lo largo de la pasada centuria, aquellos claveteados portones, aquellas historiadas rejas que aseguraban honras y haciendas, fueron desapareciendo. Porque hablar hoy de rejas es hablar de cárceles; precisamente en el solar de los Cárcel y de los Herrero, donde, dicho sea de paso, quedaron expresiones populares de contenido "metálico", como la de aquel herrero que, "mallando", olvidó el oficio; amén de otras frases sentenciosas en las que se alude a votos y rejas, a llaves y cerrojos, a tornillos y clavos, a aldabas y candiles... |
|
Sin duda, entre las rejas que sobreviven, ninguna tan evocadora como la que flanquea la llamada Casa de Santa Teresa. Y ante ella queremos exhumar el recuerdo de otras rejas floridas que también sirvieron para "pelar la pava", cuando tenía plena vigencia tan delicioso quehacer nocturno, amenizado por el reloj del Salvador, por el pregón del sereno o por el antipático siseo de la lechuza enamorada. De nuestra tradición artesana en materia de herrajes podemos aportar algún que otro antecedente histórico anterior a la Argolla y al Pilón de la Vergüenza, especialmente relacionados con los ynstrumentos de yerro para fazer justizia. En 1562, maese Hierónimo hizo la argolla de hierro para el Pilón de la Vergüenza, así como cuatro pares de esposas para conducir presos a Albacete a "los Ortices". Posteriormente, el herrero Vicente Ruiz compuso el cepo de la cárcel, y maese lñigo hizo para ella varios grilletes. Todavía en el inventario carcelario de 1794, aparecen 20 pares de grillos, 13 pares de esposas y 3 cadenas (una de ellas con argolla y candado, martillo, botado y yunque "para errar y deserrar a los presos"). |
|
|
|
Algunos años después se habla de un herrero apodado el Pardillo, quien centró su fantasía en la confección de rústicos morillos, "seseros" y aldabas (imitando toscamente lagartos, perrillos, badajos, lenguas...); al igual que Fogueles, adquirió renombre con sus chisques; el Herrerete, con sus trébedes; Morcillo, con sus artísticos faroles y, entre otros, Pérez-Duque, con sus estufas y cancelas de auténtica artesanía. " Cerrando esta breve digresión sobre los artesanos de fragua y yunque, sacaremos a colación el siguiente fragmento del poema Venganza, de nuestro Serrano Clavero:
(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1971) |