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Fue muy fácil encontrar a nuestro amigo el duende. Tal como corresponde a su condición de hidalgo, se ofreció para acompañamos. Empezamos el recorrido por las calles recoletas del embrujado barrio del Arrabal, el complaciente guía comenzó diciendo: "En este barrio se fundó un convento de religiosos carmelitas de la antigua observancia (calzados), consagrado a Nuestra Señora de la Soterraña. Se supone la fundación a don Alonso de la Cerda; más no es posible en el día presentar un documento que lo pruebe, porque los escudos de armas de aquel infante y de su esposa, que eran el apoyo principal de esta opinión, fueron destruidos por un prior. Era el más antiguo de la orden en las dos Castillas (Requena, en 1840, pertenecía a Castilla la Nueva), y por eso sus priores celebraban la misa del Espíritu Santo en todos los capítulos provinciales. En este edificio se halla hoy -vuelvo a repetir que estamos en el año 1840- las casas consistoriales... " Continuamos andando, ensimismados por el hechizo de los recuerdos místicos; el hidalgo prosiguió con el relato suspendido, fabuloso de conocimientos: "En una elevación que domina la ciudad, por el lado noroeste, hubo otro convento de franciscanos observantes, dedicado a Nuestra Señora de Gracia. Fundóse con las limosnas del vecindario, en el año 1619, por lo que se reservó el común su patronato, en virtud de la cláusula octava de la escritura, que el guardián fray Gaspar García otorgó ante Pedro Serrano, en 11 de mayo de 1663. El edificio, después de haber servido de fuerte avanzado, durante la última guerra (primera contienda carlista), aprovecha hoy para cuartel de los presidiarios, que trabajan en la carretera de las Cabrillas, ensanchando el viejo camino de la sierra. Pedro de Carcajona hizo en 20 de abril de 1629 un testamento, en el que dispuso que si dentro de los tres años inmediatos, se fundaba en Requena un convento de monjas, les dejaba para construirlo unas casas en el portal de Madrid; para sus alimentos 122.300 reales y, además, 2.000 ducados, cuya renta precisamente había de darse a un capellán, con la obligación de celebrar diariamente en la iglesia del convento. Esta excitación no fue desatendida por el obispo de Cuenca, don Enrique Pimentel, que unido con la madre María Ana de San José, agustina recoleta, fundadora de otros conventos, escogió para priora del de Requena a la madre Catalina de la Madre de Dios, y la envió a su destino, acompañada de otras tres religiosas del convento de Palencia. Constituidas todas en la población de Requena, cerró la clausura, en 7 de diciembre de 1631, el arcipreste don Pedro Carcajona, primo del testor, dedicando antes la iglesia a San José..." Continuamos vagando, perdidos en las sombras brujas del atardecer, bruñido de tonos acerados que en la quietud de las callejas requenenses tiene sutil encanto, Topamos con una cuerda de presos, custodiados por corchetes y alguaciles; todos los reos iban condenados a galeras y eran conducidos para cumplir la sentencia: "No te extrañe el triste espectáculo -añadió el duende-, Requena es una ciudad rica y la riqueza atrae a los malhechores". En la penumbra de la tarde dormida sonaron repiques de voces quedas: "Te dejo hermano, la campana mayor de San Nicolás anuncia el ángelus; no me esperes, voy al templo; dentro, arrodillado y rezando, aguardo el tránsito de la medianoche; entonces viene don Gonzalo Gudiel, obispo que fue de Cuenca, fundador de esta parroquia en 1275, para honrar al patrón de Requena, el venerado San Nicolás; allí cantamos maitines y laudes hasta el esplendor del alba, nos vamos cuando el silencio desaparece, absorbido por el rumor de yunques y telares..." .Despertamos del encantamiento, no sabíamos dónde nos encontrábamos; una buena mujer nos encaminó a la plaza; tumultos y luces nos devolvieron a la bulliciosa Requena, moderna y atareada. ¡Ah, el duende de las sutilezas pasadas!, lo buscaremos de nuevo, para ir conociendo la gracia de aquel período de tiempo romántico.RAFAEL ROCA MIQUEL
(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1971) |