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Lo que la ciudad es, lo que es el campo, corresponden a la vivencia crucial de un pensamiento de nuestros días, que nos oprime continuamente. Lo hermoso de ese pensamiento en el hombre culto actual está en la evasión al campo, como solución de su conflicto. Requena es ciudad provinciana en auge, pero es ciudad con campo... y en este aspecto reside la mitad de su encanto. La otra mitad, hay que buscarla en su carácter de ciudad docente. En la personalidad requenense hay, naturalmente, mucho de sugestivo para unos y otro tanto para otros; para la gente contemplativa, inmersa en el pasado, y para la que gusta de lo moderno y en marcha. La historia es cautivadora en esa ciudad docente de nuestros sueños; en esa historia sobresalen luminosas figuras, vivamente creadoras, como el Cid, Santa Teresa, Carlos V, transitorias o arraigadas, y otras no menos ilustres, del ámbito antiguo de la vieja Cuenca, de la "España triste", que dijo Fray Luis; y en ella el Arte de los templos que hay en La Villa medieval, cuyo sueño basta para ennoblecer la vida de un requenense. Y es bello ese patronímico de "ciudad de la Castilla Valenciana" -recreación y ensueño de este cronista-, que es timbre de gloria, ya propia, en esa calidad proteica de lo valenciano. Pueblo de tradiciones y leyendas, señorío del vivir de ayer y de hoy; ciudad de abolengo; embrujo y duende de sus palacios, casas solariegas y fortaleza almenada; recuerdo de un tiempo de hijosdalgos y de buenos poetas y escritores. Síntesis de todo esto es el Instituto, la Estación Enológica, las Cooperativas, la Escuela de Capataces, la Agencia de Extensión Agraria, la Escuela Hogar "Cirilo Cánovas", la Biblioteca... No acabaríamos con las citas. Y no hay sólo imagen progresiva -tiempo y cultura- en lo dicho; hay originalidad. Secreto de esa originalidad, la vasta extensión del viñedo bíblico, salpicada de la presencia humana de los risueños caseríos, de las graciosas aldeas; y también el alma de un hombre ilustre: don Heliodoro Collado. Lema suyo, trabajo y cultura. Y sobre la Requena esbozada, pone el cántico necesario la FIESTA DE LA VENDIMIA. |
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Para mí, el rango de esta ciudad sobresaliente en la provincia proviene sustancial mente de su Instituto Nacional de Enseñanza Media, Centro de relieve y predicamento en España. Durante treinta años, mi atención embelesada no decayó nunca en la contemplación de la vida del Instituto, de sus venerables piedras, su patio central, la actividad de profesores y catedráticos, entre los que tuve amigos, como su director, don José Mª Espinosa Feijó, y el catedrático y gran poeta Alejandro Gaos, ya tiempo en el reino de las sombras; de la vida estudiantil, en su pintoresco vivir y ajetreo por el paseo del General Varela, o en los días de exámenes, viniendo de la aldea o de los pueblos comarcales. |
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Es un ambiente clásico que uno observó mucho en sus frecuentes viajes, en vacaciones completas, soñando cuanto veía, poniéndose paradigmas fantásticos, frisos magistrales, como Alcalá, Ubeda, Baeza. Luego ha surgido esa admirable Escuela-Hogar "Cirilo Cánovas", y se siente un enorme entusiasmo ante esa asistencia de alumnos procedentes de las aldeas... Estos sueños me llevarían, hace ya años, a hablar con el cronista don Rafael Bernabeu acerca de unos estudios y cultura requenenses (cosa de eruditos... sí), y don Rafael habló de crear un Círculo de Estudios Comarcales y de citar gente. ¡Ay los sueños, los sueños!. Hay un aspecto, el de los contrastes. Requena es una ciudad de contrastes. Y no sólo en la vida urbanística, sino también participando en este aspecto la vida rural, o del campo y las aldeas. Otra cosa: observemos el recinto medieval de la Villa, los barrios del centro, las Peñas y el Arrabal. Personajes, murallas, historia, el airoso Torreón. Y si nos vamos hacia el oeste, hacia lo abierto y actual, nos salen al paso el paseo del General Varela, la arboleda; la zona residencial, la piscina, la plaza de toros, la escuela "Cirilo Cánovas". El contraste es bellísimo, armonioso, ¿verdad, amigos?Y el campo, el "pámpano inmenso", que dijo en su poema maravilloso mi amigo el gran poeta ,de Palencia, cantando al dilatadísimo viñedo, que se acerca al río Cabriel, que se adentra a un repliegue de la conquense Iniesta, el señorío que fue de don Enrique de Villena. Tiembla uno de emoción ante horizontes tan extremos, lontananzas irresistibles de pámpanos y uvas. La balanza entre el campo y la ciudad. Ese pensamiento que tortura al hombre. En fin, el "aire aldeano", es ese acento que más me gusta ver en nuestra amada Requena, acento que influye en ella, sin duda. ¡Qué encanto! El mundo rumoroso, en silencio, de las aldeas. Buena parte del pámpano aldeano lo conocí en los últimos tiempos; pero, siendo niño, viví un año en Los Pedrones y su bosque. De esa resonancia de la aventura vivida, hablaremos otro día, con notas sobre Casas del Río, La Portera, Campo Arcís, la vendimia y el misterio del bosque encantado. Indudable sigue siendo la influencia de la antañona Castilla y la presencia natural de sus costumbres, lengua, clima y espíritu. Así, el carácter de los requenenses es austero, recoleto y enérgico, rudo a veces. Toda una personalidad poderosa. Y si pasamos de la vida apacible de antaño a las estructuras y motivaciones de una Requena "al día", a la aparición de las nuevas industrias, a la enseñanza progresiva y los deportes, observaremos el placer que nos causan esas "cosas nuevas" que aparecieron, como en un cuento de hadas, más allá de la Fuente de los Patos o del puentecico del Arrabal. ¡Gloria del Paseo a la sombra de la arboleda, entre rosales, cruzándose con la juventud que va y viene de la piscina; cruzándose con esas requenenses en flor, esparciendo la alegría de vivir! Y ya que de muchachas requenenses hablamos, queremos fijar otro aspecto, muy tiempo actual -y con qué gozo lo hacemos-; y consiste en esa nota juvenil, femenina, que vibra en el área moderna de la ciudad, por la mañana, principalmente. Aludimos a las chicas requenenses que irrumpen en la vida administrativa, la cual ofrece sus hilos de conexión en la calle, y ellas van de aquí hacia allá, cartera al brazo, a los bancos, a las gestorías, a las cooperativas. Son perfiles nuevos en la vida ciudadana. El poeta tiene su manera de ver las cosas. Esas siluetas llevan alegría y color, en un molde nuevo de trabajo. Pues, sí.
(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1971) |
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