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Queremos hacer público nuestro agradecimiento al propietario de "La Pedriza", D. Manuel Lodares Alfaro, por su amable gentileza al permitirnos la visita a la Gruta objeto de este reportaje.
Una fría, pero radiante, mañana de invierno del año 1902, don Gabriel de Alfaro y Saavedra, propietario de la finca llamada "La Pedriza", en las proximidades de Requena, gran aficionado a la caza, tomó su escopeta, zurrón y podencos y salió a dar una vuelta por los montes que circundan la casa. Tomó camino adelante seguido de los perros, torció a la izquierda y fue subiendo una ladera que, suave en un principio; fue haciéndose más y más empinada a medida que sus romeros, aliagas y piedras iban quedando atrás bajo sus recias pisadas. |
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Poco a poco, jadeando bajo la fría brisa de la mañana, fue ascendiendo a la cresta del monte que, si miraba abajo, hacia su derecha, le permitía ver el camino serpenteante que unía la casa con el de la cercana -monte a través- aldea de Villar de Olmos. Allá abajo, de unas grises riscas verticales, fluía el agua purísima, fría y cristalina de la fuente que toma el nombre de la finca. De pronto los perros levantan una pieza. Es un hermoso conejo que, raudo, corre a esconderse detrás de unas carrascas, seguido demasiado de cerca por los canes que quedan ladrando burlados junto a las matas. Don Gabriel llega con cuidado buscando el lugar exacto donde ha desaparecido la pieza. No está. Un perro se introduce entre el ramaje y el cazador le sigue hallando una abertura entre las rocas por la que, muy agachado, casi reptando, puede introducirse una persona. Se aproxima. Introduce su cabeza en la oquedad y percibe, más que ve, un amplio y oscuro espacio. Unas aliagas ardiendo le proporcionan la mezquina luz que necesita para cerciorarse con emoción de que está en la entrada de una cueva que, al fondo, deja adivinar unas galerías de las que penden hermosas y refulgentes estalactitas. |
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Así pudiera haber sucedido, aunque esto sea solamente una fantasía retrospectiva. Lo cierto y verdad es que el día 27 de diciembre de 1902, don Gabriel de Alfaro y Saavedra había descubierto en sus propiedades "La Maravillosa" -como más tarde la llamó- y que después tuvo que guardar bajo sólida puerta de hierro, para evitar que la ignorancia de algunos visitantes, destrozara en unos momentos las estalactitas y estalagmitas que a la Naturaleza; le había costado siglos crear. Esta hermosa gruta abre su boca un poco al S.E. en lo alto del cerro cuya falda baja a juntarse con la carretera de Requena a Villar del Olmo, en su Km. 9'400 poco más o menos. Un arco de medio punto de piedra labrada sirve de pórtico en el que campea en hierro la siguiente inscripción: "La Maravillosa". Gruta descubierta por don Gabriel de Alfaro y Saavedra. 27 de diciembre de 1902", atestiguando la cuidadosa estimación de sus actuales propietarios, gracias a cuya gentileza hemos podido visitarla. |
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Franqueada su puerta se bajan en suave pendiente unos escalones por una galería espaciosa que permite su paso sin encorvarse, flanqueada a derecha e izquierda por otras galerías que posiblemente siglos atrás estuvieron también abiertas, pero que los detritos casi han cegado completamente, dejando hoy solamente al descubierto pequeños agujeros. A la izquierda, una galería más baja y estrecha conduce a "La sima", tenebrosa grieta que desciende en vertical hacia el fondo y por el cual parece que discurre el agua que aflora a la superficie en la fuente del barranco. Es digna de notar una colgadura caliza pendiente a la derecha en la grieta y que, según se le ilumine, adquiere una gran semejanza con una cabeza humana del siglo XVI, con su gola o gorguera. El vulgo la llama "Cabeza de Cervantes". |
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Más adelante, también a la izquierda, por otra galería un poco más baja, se llega a una sala espaciosa de unos seis metros de altura en la que finísimas estalactitas penden manteniendo en sus puntas límpidas gotas de agua que brillan como diamantes bajo la fuerte luz que llevamos. Hermosas estalagmitas de capiteles superpuestos se elevan del suelo, y en ocasiones se funden con una estalactita formando una preciosa columna finamente labrada y de caprichosa figura que la fantasía del visitante identifica con estatuas e imágenes sorprendentes. De aquí y de allá, penden de la bóveda grandes fIorones de piedra calcárea que adoptan figuras de gigantescos moluscos con sus valva s entreabiertas. Por todas partes la mano de la Naturaleza ha creado mil figuras y encajes preciosos, que la palabra no acierta a describir, con el ánimo absorto y sobrecogido por tanta belleza. |
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En el fondo, tras una gran lengua de piedra que parece descender del techo hasta el suelo, en mueca burlona, un estrecho agujero comunica con otra pequeña sala que sirve de acceso, a su vez, a otra menos conocida por precisar su paso el reptar por un estrecho y bajo pasadizo de unos 40 centímetros de luz por unos tres metros de longitud, que produce una extraña sensación de ahogo y temor. Uno no puede dejar de pensar entonces en que un leve movimiento de la tierra, con un descenso de unos pocos centímetros de la inmensa mole que gravita sobre sus espaldas, lo inmovilizaría allí sujeto fuertemente, sin poder avanzar ni retroceder. |
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Todavía quedan dos salas más dignas de visitarse que nos abstenemos de describir para no hacer este trabajo excesivamente largo. También hay dos agujeros en el fondo de una breve galería que descienden verticales y divergentes hasta Dios sabe que profundidades. Estalagmitas en forma de plato, "gours" o pequeñas pilitas de agua cristalina, columnas, colgaduras... La piedra en el curso de los siglos ha dejado allí verdaderas maravillas de la Naturaleza. Una visita detenida a esta gruta, puede realizarse en poco más de una hora. M. GARCIA GOMEZ (Fotos de Nicolás Iranzo) |
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| (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1971) |
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