Los cursos de agua en Requena y su comarca, aunque no muy abundantes ni caudalosos, han jugado siempre un papel de primer orden en la vida humana. Y sus denominaciones muestran detalles interesantes, en cuanto a sus características y a su influencia sobre los pobladores.

     En sus proximidades ha habido siempre núcleos habitados, por lo que ha sido fácil conservar los nombres, que no han sufrido grandes variaciones en el tiempo; o que, en todo caso, se han adaptado a los cambios de idioma, en el curso de los siglos.

 
 

     El único río importante de la zona, Cabriel, parece recordar fácilmente su origen de "río de las cabras" monteses, muy abundantes en él en otros tiempos.

     El Magro, eje primordial en la economía de la zona, puede derivar, en su denominación, de "magro" o "delgado", por su escaso caudal.

     De la palabra "regato" o arroyo pueden derivar nombres como Reatillo ("regatillo"), Regajo y otros parecidos.

     En el caso de la rambla Albosa parece reconocerse un origen árabe, patente en el artículo "al"; o bien, una derivación de "albo" (blanco) por el tono blanquecino de sus laderas calizas. No parece imposible un origen tomado de "bosar" (echar o verter) con lo que el nombre significaría "la vertiente", bastante acorde con los hechos.

 
 

     La rambla de la Esteruela parece derivar de "estero" (encharcamiento producido por un río o arroyo) y referirse a su curso bajo, desbordado o encharcado en ciertas épocas.

     El mismo origen de "estero" (siempre referido al curso inferior) podría tener el nombre de la rambla de Estenas, previo cambio de una letra, en el curso de los tiempos. Si bien podría referirse igualmente a "estenos" (estrecho, derivado del griego) muy acorde con el estrechamiento que se produce aguas abajo de la actual aldea de Estenas.

     Más fácil resulta la denominación de la rambla Alcántarilla (puente pequeño) de claro origen árabe.

     Las fuentes y arroyos han dado ocasión, en ciertos lugares, al cultivo de huertas pequeñas, de las que derivan nombres de núcleos de población, como Hortunas y Hórtola.

     Alguna característica de las aguas ha dado lugar fácilmente a nombres como Fuencaliente o Fuente Podrida, que no necesitan explicación.

     Cuando un río o barranco ha abierto cauce entre terrenos montuosos, ocasionando una garganta o "gola" las denominaciones de ello derivadas han sido tales como Gollizno o Gollete.

     No faltan algunos casos de aguas salinas, aprovechadas para extraer la sal, o de lugares , en que se almacenaba ésta. Lo que ha podido ocasionar denominaciones como la Salobreja o los Sardineros (corrupción de "Salineros").    

 
 

     Los recodos y vueltas de un río tan encajonado entre montañas como el Cabriel, han dado ocasión de establecer en la toponimia local algunos parajes curiosos, como el Retorno (por el cambio de orientación que toma el río, que parece volver atrás). Más difícil aparece el vocablo Contreras, que podría significar "encontreras" o "encuentros", aludiendo a las vueltas que da el río en su curso, que parece volver a encontrarse a sí mismo; en ese caso el significado sería aproximadamente el mismo que "Retorno".

     Los charcos o pequeños embalses que se forman, en ciertas épocas, en barrancos y ramblas, pueden ocasionar nombres como el Balsón, el Charco o los Aguachares.

     Algo semejante ocurre con los "tallos", de tipo parecido al anterior, que dan su denominación a parajes como el Tollo o Cañada Tolluda.

     Ciertas ramblas o vaguadas toman nombre de las piedras de su cauce, como los Toscares; o de la vegetación que abunda en ellas, como las Carrizosas.

     Y cuando la corriente subterránea ha ido socavando el terreno, se ha podido llegar a denominar sitios tales como las Simas.

     Por último, la mano del hombre en un río ha ocasionado la formación de nombres como 'la Noria, o como el Pontón (que parece hacer referencia a "puente grande" por contraposición a otro más pequeño, existente en las proximidades).

J. P. S.

Publicado recientemente en la "Revista Vinícola

y de Agricultura", de Zaragoza.

 
   

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1971)