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| Hacía años que yo sentía interés por vivir las jornadas de las Fiestas de la Vendimia en Requena y fui en el pasado 1971. No las había presenciado antes y mucho me gustó cuanto vi, sobre todo la alegría ambiente y la participación en ellas de toda su población. Bebí agua al chorro en la fuente de los cuatro cisnes que hay en la plaza del general Sanjurjo. Los requenenses, con un gran sentido del humor, dicen al forastero que acaricie las cabezas de las aves de bronce por cuyas bocas mana el agua y así conseguirán que salga ésta. El forastero se muestra incrédulo, pero lo hace. El requenense pisa entonces con disimulo un pomo que hay en el suelo bajo cada figura y el agua surge fresca y limpia. Esto da motivo a grandes risas y algazara y el forastero llega a creer que es su caricia la que hace brotar el líquido. Bebí agua y también bebí al galillo vino de la tierra que se distribuía en vasos y porrones a cuantos lo pedían sin hacer pagar lo más mínimo. Debieron regalarse bastantes hectolitros a lo largo de las fiestas, pues abundaban los pedigüeños. Había cerca de la fuente un monumento a estilo de nuestras fallas que simbolizaba el trabajo de la vid, y a sus pies estaban los distribuidores generosos del caldo que llenaban vasos, cuanto el que se acercase pudiera beber. Visité el Mesón y Bodega del Cristo, a la que se accede bajando anchos escalones de piedra, y vi destacarse en la oscuridad las enormes tinajas y los panzudos barriles que contienen el vino, a los que, de verlos, el buen Quijano hubiese arremetido a cintarazos creyéndolos gigantes. Cada recipiente tiene su nombre. Se llaman Traviesa, Fantasmal, Defensora, Primorosa, Dulce, Moruna, Petenera, Magdalena, Milagrosa, Vinagreta y Borracha. Cada uno tiene una décima que canta las excelencias de su contenido. Me limitaré a copiar la de la última citada, que dice así: |
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La ciudad entera recuerda en esos días las saturnales griegas y romanas en sus fiestas en honor de Baco y de Dionisios. Todo el mundo está alegre, sin ofender a nadie. Sin embargo, al caer el día se nota que alguno está esclavo del mareo, y es que el vinillo de Requena tiene calor y se bebe sin sentir. |
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Presencié la procesión y pude apreciar la belleza de la imagen de la Virgen de los Dolores, patrona de la Ciudad, y el desfile de chicas y chicos ataviados con ricos trajes típicos y, entre ellos, a María Gloria Valiente Martínez, Reina de las fiestas, y a María Carmen Climent, Reina infantil. Y pude pulsar el fervor de las gentes.Me detuve, admirado, ante la maravilla de la portada gótica de Santa María y ante la no menos bella del Arciprestal del Salvador, recorrí sus callejas antiguas que huelen a monte, a flores y a vino, todo mezclado en un especial aroma: El callejón de Paniagua, el Arco del Ovejero que está abierto sobre los restos de la muralla árabe, la Puerta y Cuesta del Cristo, las del Angel, la Puerta de Alcalá... Muchas cosas dignas de verse quedaron por ver. Un día es poco tiempo. Otra vez subiremos la Cuesta de San Julián, veremos la casa que albergó a Santa Teresa y el palacete del Cid, visitaremos sus barrios y el templo de San Nicolás, el Museo del Vino, el edificio del Arte Mayor de la Seda, el castillo... Hay que volver otro año en las Fiestas y fuera de ellas para recorrer tan sugestivos lugares. He conocido a su alcalde-poeta, señor Viana González; al Cronista, señor Bernabeu, en el homenaje que hemos hecho los Amigos de la Poesía en honor del gran poeta requenense Serrano Clavero, del que fui amigo personal, acto en el que tomé parte. Y admiro a la poetisa y recitadora requenense Emilia López Toledo. Requena posee un tesoro histórico-artístico, unos barrios llenos de sabor, un pueblo cordial, unas callejas llenas de atractivo. Hay que volver. Y vi una cosa que no quiero dejarme en el bolígrafo: Las cuartetas. Requena es una ciudad destacada junto a su hermana Utiel en la llamada Castilla Valenciana, pero todos los habitantes de Requena -y parece ser que se acercan a los veinte y cinco mil- se conocen o poco menos y cada uno conoce las virtudes o los defectos del vecino. Al llegar las Fiestas cada casa aparece con una cuarteta en su fachada en la que se elogia o se ironiza al habitante. Si los autores son pocos, trabajaron a destajo. Si son muchos, es que abundan los versificadores. Leí centenares de cuartetas. Para no personalizar, recogeré sólo cuatro de tema general: |
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No quiero silenciar un criterio. El carácter de esas cuartetas es, francamente, de jota aragonesa. En cambio, tampoco quiero silenciar un detalle que me plugo: La abundancia de banderas valencianas. Había más que en muchas de nuestras calles ciudadanas durante las fallas. Es significativo. Requena quiere ser valenciana, no porque nos la diera una División Administrativa, sino por adhesión sincera a lo que el Reino de Valencia es y representa. Por las calles, adornadas profusamente de gallardetes, farolillos y bambalinas, vi muñecos formando grupos o bien solos. Y la gente los personalizaba: -Este es don X. Esta es la Z... y bullían los comentarios y las risas. El pueblo entero estaba en la calle, exaltando el pilar de su economía: El vino. Y corría éste a chorros en fuentes públicas y en reuniones. La verdad es que en Requena la Vendimia es Fiesta. Eduardo BUIL
(Publicado en El Trullo de Febrero de 1972) |
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