Las maravillosas portadas góticas que, desde hace cuatrocientos años, ennoblecen el primitivo solar roqueñano y patentizan la grandeza espiritual de nuestros antepasados, vienen a ser como retablos de piedra en los que manos habilísimas cincelaron las deliciosas figurillas de las arquivoltas y el primoroso muestrario de cenefas y doseletes.

     Resulta impresionante este espléndido detalle del pórtico del Salvador, con la Transfiguración del Señor en el tímpano.

     Bueno será recordar que nuestra iglesia arciprestal se edificó sobre el solar y aledaños de la ermita de Santa Bárbara, comenzando las obras en 1380, precisamente por la pared del altar mayor, con un retablo pintado. Sobre esta pared estuvo el primitivo campanario.

     Según el maestro Juan Pérez Castiel, el primitivo templo tuvo diferente fábrica y resultó de tan reducidas proporciones que, un siglo después, decidiose ampliarlo y hacerlo claustral, concluyendo tan importante obra en 1533.

     Se ha venido diciendo que el pórtico data de entonces, apoyándose en la fecha que se labró en la repisa del apóstol San Andrés; pero históricamente consta que la obra decorativa de la portada se inició cincuenta años antes. No sucedió lo mismo con el apostolado, hecho a expensas de algunas familias importantes; pues, según el testimonio de Esteban Alonso, varios "nichos" permanecieron vacíos durante largo tiempo. En 1516, faltando todavía cuatro "bultos", el referido Alonso dispuso labrar a sus expensas el de Santo Tomás.

     Lo que sí resulta incuestionable es que las obras del templo y el total remate de la portada datan de 1533, celebrándose con tan fausto motivo brillantes festejos.

R. B. L.

 

(Publicado en El Trullo de Febrero de 1972)