![]() |
Con ocasión de las Bodas de Plata de la Fiesta y de la exhumación que viene practicándose en los sucesivos números de nuestra revista gráfica EL TRULLO de los acontecimientos más salientes de su historia, queremos que no pase inadvertido el recuerdo de un gran hombre que colaboró en diversas ocasiones con la Fiesta y que, para los hijos de Requena que han cursado los estudios del Bachillerato, ha sido maestro insigne, ejemplo y punto de referencia cuando quiere significarse la difícil concurrencia de aptitudes docentes, dominio de la ciencia que se transmite y del don de la palabra utilizada magistralmente al servicio de la expresión de las ideas. Nos referimos al que fue Catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Requena, don Alejandro Gaos y González-Pola. |
||
|
Don Alejandro nació en Orihuela (Alicante) el 12 de noviembre de 1907 y murió en el Monasterio de Piedra (Zaragoza) el día 12 de abril de 1958, sin haber llegado a cumplir los 51 años. Su tránsito por la vida, breve, como parece que acontece con algunos espíritus privilegiados, estuvo marcado por la angustia (nos lo recuerda en alguno de sus libros de poemas): La angustia provocada por las turbulencias económicas y sociales, por las guerras, por las revoluciones, por tantos desastres como se han dado en el presente siglo y muy particularmente entre los años límite de la existencia de aquél; angustia provocada por circunstancias políticas que le salpicaron en forma adversa y a las que, personalmente, era totalmente ajeno; angustia nacida de ciertos acontecimientos familiares, que ensombrecieron su natural porte optimista, jovial y ocurrente; angustia, finalmente, debida a su afanosa búsqueda de la fe en algo superior a tanta mezquindad, permanente y conectado con su espíritu selecto. Y cuando sin duda llegó a su alma la claridad con ocasión de la visita que efectuó al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, la terrible batalla que venía librándose entre su carne y su espíritu concluyó en una rápida y definitiva victoria de éste sobre aquélla. Al regreso de este viaje, en el Monasterio de Piedra, mostró por última vez la vehemencia habitual de su entrega, y, en la presente ocasión, de la entrega de su alma a Dios, en forma súbita, inesperada, como quien tiene más prisa por iniciar el último y definitivo viaje, que por concluir el que dejó, en vida, inacabado. Durante los últimos quince años de su existencia, concretamente desde el día 31 de enero de 1943 hasta el día de su muerte, tuvimos en Requena la suerte y el honor de tenerlo por maestro. Y en nuestro recuerdo ha quedado grabado, para mientras subsistamos, el sello de su inconfundible personalidad, de su amplia humanidad con apenas algo de pelo en los aladar es, de su mirada eléctrica y nerviosa tras el parapeto de sus gafas, de su voz tronante, de su rigor en la apariencia y de su candorosa bondad a la hora de la verdad, de la exhuberancia de su verbo, de la hondura de su ciencia, de su ingenio oportuno y humorista. Escuchar sus explicaciones en clase de Historia de la Literatura era algo así como deleitarse observando la disección de la vida y obra de los distintos autores con la amenidad de un cuento y con la precisión y el rigor científico de un conferenciante excepcional. Hablar con él, al margen de la docencia, implicaba estar preparado para escucharle la ocurrencia más ingeniosa en el momento más inesperado; como en aquella ocasión en que dirigióse a él el director de una academia para rogarle que sometiese a examen, cuanto antes, a un muchacho que había perdido algunas convocatorias por consecuencia de toda una serie de desgracias que le habían acontecido, de que le hizo relato prolijo, suplicándole también fuese benévolo y concluyendo por preguntarle: "¿Quiere usted examinarlo enseguida?" "Si llegamos a tiempo...", contestó el señor Gaos. Y, sin embargo, él nos lo dice, su intimidad fue una permanente angustia, como corresponde a su formidable sensibilidad de poeta, y de poeta grande, que fue don Alejandro Gaos y González- Pola. Descanse en paz.
(Publicado en El Trullo de Febrero de 1972) |
|||