¡Bodega Honda de la Villa!

¡Quién supiera tus secretos

para cantar con dulzura

la historia que tienes dentro!

Trovador del siglo XX,

ebrio de coplas y versos,

te daría mis romances,

te ofrendaría sonetos

saturando de alegría

tus rincones en silencio.

¡Bodega Honda de la Villa!

¿Quién te forjó los cimientos?

¡Cuántas penas y alegrías

por tus piqueras cayeron!

Tus muros ennegrecidos

saben de los sufrimientos

de esos recios campesinos

que forja fuerte mi pueblo.

¡Cuánto sudor y trabajos

tus ti najas florecieron!

Una noche, en Bodega Honda

derramé mi alegre verso...

¡Soñé gozando de veras

con el mejor de los sueños!

En la paz de la Bodega

di rienda a mis pensamientos

y aunque estaba junto a todos

¡mi mente estaba muy lejos!

Se perdía en la negrura

de la noche de los tiempos,

y me sentí un requenense

como fueran mis abuelos

con blusa larga, la gorra,

alborgas, faja y pañuelo...

Tomó la Bodega vida

tras centenarios silencios,

y en mi mente soñadora

para cantar a lo bello

en la noche septembrina

los candiles se encendieron,

y hubo un trajinar de cántaros

y un revuelo de pellejos

derramando en las tinajas

la gloria de mostos nuevos...

Arriba, en los callejones,

se acercaban los arrieros

con serones rebosantes

desde los verdes viñedos,

con las uvas con rocío

en racimos grandes, prietos...

En altas aportaderas

plenas ya de granos negros,

mozos fornidos, con mazos,

trituraban con esmero

a los racimos fecundos

de mosto grana ya llenos...

Tomó la Bodega vida...

Los mostos iban hirviendo

en las panzudas tinajas

soñando ser vinos buenos.

Esos vinos de Requena

que al mundo son mensajeros

de alegría, paz, trabajo,

¡pregón de fecundo suelo!

 

Mi mente de soñador

gozó por breves momentos

de aquellos tiempos pasados

y que ya quedan tan lejos.

En la noche septembrina

duerme la villa en silencio.

Besa el Palacio del Cid

con sus brillos un lucero...

La luna en un campanario

parece que está durmiendo...

Asoma la luz del día

tras de la sierra del Tejo.

Los gallos de madrugada

lanzan al campo desierto

para saludar al día

sus kikiriquís certeros.

Campanas del Salvador

dan cuatro sonidos lentos.

Yo, soñando en mis romances,

la Honda Bodega contemplo.

¡Bodega Honda de la Villa!

¡Quién supiera tus secretos!

 

 

S. ZAHONERO

 

 

(Publicado en el Trullo de Febrero de 1972)