No sé si alguien recordará ya aquellas palabras: "Vieja Princesa encantada, te miran muchos más de los que saben verte. Resiste inmóvil que un día..."

     Es cierto, teníamos fe en que esa "Princesa encantada" habría de revivir un día, no sabíamos cuándo ni cómo, y que Requena sentiría el calor de su mirada viva. Y seguimos teniendo fe porque el día aún no ha llegado, pero ahora tenemos además una gran ilusión porque nos parece adivinar los primeros albores de ese día y esperamos que esa fe y esa ilusión consigan que salga el sol. 

     Y queremos aclarar que nuestra fe no tiene solamente unas motivaciones anímicas o espirituales sino que también se apoya en fuertes pilares pragmáticos, materiales, económicos. Confiamos que ese sol que debe amanecer para la Villa, habrá de calentar tanto el alma como el cuerpo de Requena. Si Dios nos ayuda, esperamos encauzar y quién sabe si conseguir su conservación, restauración y promoción, estando convencidos de que puede ser para nuestra ciudad una importantísima fuente de fama, de cultura, de arte, de prestigio, de relaciones políticas y sociales, de atracción cultural y turística y en consecuencia y por supuesto, de ingresos económicos: Una fuente de satisfacciones espirituales y materiales, el sol que decíamos que habrá de calentar el alma y el cuerpo.

     Para ello contamos con que es un barrio suficientemente extenso y "vivo", habitado, con un gran contenido artístico e histórico que aún sigue conservando la esencia de sus antiquísimas formas, un barrio medieval (por no extendernos más en ampliaciones históricas) al borde de una carretera nacional radial, a 45 minutos de la tercera capital de España, en una ruta de 350 kms. en la que solamente hay un punto de interés y atracción: Alarcón; con una sabrosa cocina típica sin explotar y con los servicios, en lógicas vías de incremento y mejora, de una ciudad como la nuestra designada además por el Gobierno como "cabecera de comarca" en relación con el III Plan de Desarrollo.

     Todo ello ya sería más que suficiente, pero el Señor ha sido espléndido con Requena. Además de todo eso, contamos sobre todo con algo importantísimo: Dios nos ha regalado La Villa por duplicado. Hay dos barrios, dos conjuntos medievales, dos itinerarios, uno de superficie, otro de subsuelo, uno sobre la roca, otro bajo ella constituido por sus pasadizos y bodegas.

     Ese subsuelo es también por si solo más que suficiente para crear un fecundo y original centro de atracción turística. No hemos visto en toda España nada parecido y menos en esa extensión, porque el subsuelo de La Villa entera, aseguramos con conocimiento de causa, que puede unirse, comunicarse todo él, puesto que sus divisiones actuales son artificiales sobre el primitivo laberinto enteramente comunicado.

     Pues bien, a ese tremendo conjunto de subsuelo se le añade encima por ejemplo, un Albarracín, y "eso" puede ser La Villa, un barrio de Requena que, además, no se mezcla con ella ni condiciona la marcha normal del resto de la ciudad.

     Si un día, ese día que espera la "Víeja Príncesa", conseguimos que cualquiera pueda con comodidad y satisfacción, aparcar, visitar la superficie y el subsuelo, comer y beber nuestro vino y dormir en un barrio medieval sin ruidos, a orillas de una carretera radial (y de una autopista de peaje cuyo tramo Valencia-Requena está previsto en el III Plan), habremos conseguido un importantísimo conjunto de atracción cultural y turística, y La Villa se hará famosa y Requena más. Y al decir esto no pisamos en las nubes, sino en la tierra, aunque además nos guste "volar".

     Pero para eso hay que tener fe y andar los pasos necesarios, no se puede hacer" a medias" ni tomarlo un poco a broma, a ilusión y nada más, no puede hacer cada uno lo que quiera en ese Barrio. No conoceríamos Albarracín o Morella o Santillana si no se hubiese impuesto una tutela firme y seria durante diez o quince años y se hubieran conservado y restaurado. La comercialización y modernización que disfrazan y rompen la autenticidad de lo típico, entendemos que son una enorme equivocación, a veces tolerada, que de momento puede parecer económicamente muy beneficiosa, pero que después y ya sin poder volver atrás, resulta nefasta. No entendemos, por ejemplo, que a un mesón castellano con "garra" se le mediotransforme en cafetería y se le llame "snack bar"; sí entendemos que se limpie, respete y mejore su autenticidad y, sin estropearla, sin mezclas, se le añadan los necesarios servicios actuales.    

     Hay que salvar y restaurar toda la autenticidad de todo lo "viejo" de La Villa, tiene que parecerse lo más posible a como era, quien quiera tener una fachada moderna ya debe pensar en trasladarse a otro barrio; todas las maderas a la vista desde la calle deben parecer tales maderas limpias, pero viejas en su color oscuro; los hierros, negros, antiguos y sin brillo; todas las casas, con aleros y desde luego sin canales; la piedra noble, sin pintura ninguna, en su color natural; los escudos, limpios y "mimados"; las fachadas, blancas; basta de colores en ellas, en las puertas y ventanas, basta de cambiar sus "cuarterones" por maderas nuevas o persianas o ventanas apaisadas; y basta de cegar bodegas y romper tinajas y vender cosas antiguas que se marchan de Requena y que quizá después habremos de comprar a doble precio.

     Y recordamos también de pasada que hay que conservar todos los utensilios viejos de viñas, carros y bodegas, desde la "alportadera" y su mazo, a la prensa o la tabla de trullo, pasando por los "avisperos" y esas maderas de color y brillo tartárico; son también de las cosas que no se pueden comprar o inventar, o se tienen o no.

     Todo lo que vale, cuesta. Esto vale mucho y ,cuesta poco, pero ha de empezar por ser el orgullo de los mismos que viven en ella y de todos los requenenses. No puede ser, como casi nada, la labor de unos pocos que abran brecha; cuando las rodillas se nos doblen y miremos atrás con la tentación del descanso temporal o definitivo, necesitaremos ver que los demás nos siguen y nos alientan o cuando menos que no nos frenan o se nos ríen, porque aun cuando nuestro espíritu no llegase a fallar, ni él ni nuestras fuerzas tendrían el suficiente vigor para seguir.

     Nosotros, un día, tuvimos la gran alegría de saber que la Dirección General de Bellas Artes nos había concedido un millón de pesetas que debía destinarse al empedrado. No era mérito nuestro si no de nuestro Alcalde honorario D. Heliodoro Collado y su Ayuntamiento de aquel momento, según creemos, en gestiones secundadas también por nuestro párroco entonces de San Nicolás. Dios nos ayudaba y esa siembra de "nuestro Alcalde", que al tiempo de cesar pensaba que se había perdido para siempre, daba un fruto maravilloso: Un millón de pesetas regalado a Requena para el fin expuesto. Después hemos conseguido otro medio millón, también a fondo perdido, y tenemos ya encauzada oficialmente la consecución de mayores cantidades que aún no sabemos, claro está, si podremos conseguir.

     Debemos empedrar la Plaza Mayor de La Villa y, si podemos, la placeta de Santa Maria y El Salvador. Para ello, lo primero era asegurarse de la consistencia del suelo, había que conocer lo que iba a soportar el empedrado y sobre todo había que conocer y salvar lo que, sin haberlo visto, "sabíamos" que tenia que estar allí debajo; la realidad ha venido a confirmar nuestra fe y sí que estaban allí esos subterráneos, no estábamos tan locos como podíamos parecer. La Plaza Mayor de La Villa (como se le llama en el proyecto de Bellas Artes) está prácticamente hueca toda ella, con pasadizos, estancias y bodegas, con bóvedas de roca arquitectónica y artísticamente resueltas; ahora, a punto ya de empedrar, esperamos poder comunicarlas todas.

     Pensamos que "ese día" que espera la "Vieja Princesa" ha comenzado a dejarnos ver sus primeros albores. Dios quiera que consigamos hacerle salir al sol.

     Gracias por vuestra atención si habéis conseguido terminar de leerme, perdón por el cansancio o tedio que puedo haberos producido, perdón por hablar una vez más de La Villa (ya son muchas) y siempre, ahora como Alcalde y antes y después como José Maria Viana, siempre al servicio de Requena y España, y al vuestro, en la humilde medida de mi corazón y mi cabeza.

 

JOSE MARIA

 

(Publicado en El Trullo de Abril de 1972)