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La gran familia vitivinícola española, cons tituida por quienes, de un modo u otro, tienen algo que ver con los intereses vitivinícolas nacionales o sienten una particular simpatía por la uva y sus derivados, tiene sus propios medios de comunicación en los que suelen abundar, amén de informaciones típicamente mercantiles y colaboraciones de orden técnico, trabajos de contenido fundamentalmente literario donde no escasea el buen humor, la crítica certera y positiva y la promoción de ideas o sugerencias encaminadas a perfeccionar o multiplicar el acervo de nuestro patrimonio material o espiritual.De tales medios de comunicación seleccionamos, sin propósito de catalogación valorativa y sólo a los efectos que nos ocupan, la revista de periodicidad semanal que se publica en Valencia bajo el título de "La Semana Vitivinícola" y la revista de aparición quincenal que se publica en Socuéllamos (Ciudad Real) bajo el título de "La Pámpana de Baco", ambas difundidas y perfectamente conocidas en los medios vitivinícolas requenenses, que estiman en gran medida la utilidad de su información, la variedad de su temario y la amenidad de muchas de las colaboraciones que insertan. Y en ambas revistas, casi simultáneamente, han venido a publicarse sendos trabajos dirigidos a exaltar las excelencias de los vinos españoles y a sugerir la conveniencia de que la España vitivinícola solemnice el expreso reconocimiento que se les debe como fuente de riqueza de proporciones colosales, erigiéndoles un monumento. Concretamente, lo hace "La Semana Vitivinícola", en su número de fecha 29 de enero del año en curso, página 367, bajo el título MONUMENTO PARA UN GRAN SEÑOR, que firma Ruy Vega, y lo hace también "La Pámpana de Baco", en su número de fecha 15 del propio mes y año, página 5, bajo el título EL VINO MERECE UN MONUMENTO, que firma don Pedro-Felipe Calvo Esteban. Desde nuestro punto de vista, como miembros de la gran familia vitivinícola nacional, sólo podemos añadir: ¡Bravo!, suscribimos íntegramente cuanto ambos exaltan y sugieren y aún reforzamos su argumentación considerando que tal monumento, lejos de personalizar el reconocimiento a una actitud o vida meritoria, que, por vía de omisión, implica fatalmente que otras muchas personas, con méritos no inferiores, permanezcan para siempre en el anonimato o poco menos, viene a ser algo así como un testimonio de gratitud hecho piedra o, si hubiere de ser considerado desde otro ángulo, como un monumento al viticultor desconocido y al anónimo comerciante y al ignorado fabricante que, implicados en la obtención, comercio y transformación del vino, han ofrendado y vienen ofrendando solidariamente, como reza el Himno Regional Valenciano, nuevas glorias a España. Desde nuestro punto de vista, como requenenses y voz pública de su Fiesta de la Vendimia, hemos de manifestar: Muchas gracias por vuestra sugerencia, pero vuestra misma idea ya germinó hace años en esta parcela del solar patrio, que es vuestra casa; enraizó lentamente, como corresponde al proceso de gestación de lo grandioso y excepcional; y, finalmente, se ha acometido ya la construcción del gran Monumento Nacional a la Vendimia, emplazado en la gran plaza de D. Juan Grandía, delimitada precisamente por una Cooperativa Vitivinícola y por los edificios docentes de lo que llamamos nuestra pequeña Ciudad Universitaria, cuyo Monumento, en piedra y bronce de proporciones colosales, será inaugurado, Dios mediante, con ocasión de la celebración de las Bodas de Plata de nuestra Fiesta de la Vendimia en agosto-septiembre del año en curso. |
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Queremos añadir dos especificaciones. No ponemos énfasis alguno en habernos anticipado a vuestra sugerencia ni ello nos concede un titulo glorioso; es, simplemente;-que ostentamos la mayor antigüedad entre todas las Fiestas de la Vendimia de España -junto con Jerez de la Frontera- y a lo largo de los veinticinco años transcurridos en un intento continuado de festejar y honrar nuestra más querida riqueza, son muchas las ideas que hemos utilizado para servir aquel intento entre las que, como era muy probable, había de surgir, como surgió, la de perpetuar en forma ostensible, indeleble y monumental nuestro reconocimiento y gratitud al vino (léase pan) nuestro de cada día. Y nos interesa también puntualizar que, antes de que tomara cuerpo la idea de levantar un monumento, fue objeto de larga meditación el motivo, la configuración y su fin teleológico. La configuración quedó resuelta, a posteriori, mediante celebración de concurso entre arquitectos y escultores promotores de ideas, proyectos y maquetas de entre las que se practicó la selección que nos llevó a elegir el monumento que está en construcción. Pero el motivo y su fin último hubimos de resolverlo por nuestros propios medios y sin ligerezas, de cuya ponderación salió la conveniencia de titularlo Monumento Nacional a la Vendimia, puesto que su carácter de nacional obliga -y muy gustosamente, por cierto- a no excluir ninguna forma de aprovechamiento de la vid; lleva consigo en íntima simbiosis al hombre y al fruto, y localiza una de las formas más bonitas y alegres de cuantas recolecciones agrícolas se nos han dado. Y, como remate, lo preside en su cúspide una imagen de Nuestra Señora de las Viñas, en abierto reconocimiento de que bien está que exaltemos el fundamento de nuestra riqueza, pero, antes que ninguna otra actitud paganizante, nos sabemos agraciados con la Divina voluntad, bien que lo testimoniemos a través de una imagen de María, la madre de Dios. |
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Así, pues, queridos amigos, colaboradores, editores y lectores de "La Semana Vitivinícola" y "La Pámpana de Baco", aquellas ideas ya han tomado cuerpo, son ya una realidad en marcha y, si Dios no dispone lo contrario, una realidad conclusa de aquí a pocas semanas o meses, que podréis contemplar, en piedra y bronce, si nos honráis con vuestra visita con ocasión de la celebración de nuestras Bodas de Plata, a la que, con el mayor placer, os invitamos.
P. Gil-Orozco Roda
(Publicado en El Trullo de Abril de 1972) |
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