|
|
|||
|
Es un tema que vaga mucho por los periódicos en estos tiempos. Un gran filósofo escribió hace poco que las nostalgias no eran más que un espejismo. De manera que el pasado era un tiempo perdido al que no se podía ni debía retornar. Pero el poeta "siente" el pasado; quiero decir que "existe" ese pasado. Yo "soy" porque he "sido". Yo me fertilizo con el pasado. Sin él estoy muerto. ¿No cree quien me lea que para pensar, para contemplar la vida, debemos mirar al pasado ligado a nosotros?"Escribo este preámbulo pensando en Requena, porque he vivido mucho, he soñado mucho a lo largo del tiempo desde Requena, que era atalaya, balcón para mí.Mi vinculación con Requena me hizo, por ejemplo, escribir mucho allí contemplando la vida, "cómo se pasa la vida", en el decir de Jorge Manrique. En el campo de las aldeas he "sentido" a ese poeta como en ningún otro sitio. Desde ese balcón he escrito páginas de las aldeas, de un vivir mío en ellas, y también de toda la comarca. De Utiel, de Caudete, de ViIlargordo, de tierras de Cuenca más o menos lejanas. En algunos veranos, estando de vacaciones, o en mis muchos viajes. Pensaba que hay tierras en España, rincones y provincias, que están por "descubrir"; no ha ido por ellas en plan de trabajo o de ensueños el escritor. ¡Hay tanto que decir de esos horizontes, desde todos los puntos de vista: el social, el económico, el de la cultura. En Requena, durante unas vacaciones, escribí mi obrita "Castilla Valenciana"; en las horas de la siesta, sobre los mármoles de las mesas de los cafés. |
|||
![]() |
Llovía una tarde, y en un bar del Paseo del General Varela escribía un poema, del cual son estos versos:
|
||
|
De aquel libro me gusta ahora traer al recuerdo algunos fragmentos: "El campo abierto, los chopos altos. Ondular de majuelos en cuyos repliegues aparecen sotillos, hoyas, hontanares, altos y blancos caminillos que trepan a las largas lomas rojizas del horizonte, por donde mi infancia se iba hace muchos años a Los Pedrones, a Casas del Río." "¡Oh, emoción aldeana de esos caminos que van entre viñas y glebas rojas, pinos, con emociones andariegas y horizontes tendidos! Aún resuena en mi oído el traqueteo del carro y alguna copla del camino, de cuando me llevaron por primera vez a la aldea. De esta terruña natal había quedado un rescoldo o ensoñación de leguas, de un vivir casi trashumante que rezumaba siempre dolor y poesía. No era sólo la canción de mi infancia lo que me atraía; ahora me atraía también la hermosura escondida y pura de la meseta. Remuevo estas remembranzas mientras voy camino de la casilla de San José'." "El rincón de esta Glorieta provinciana ya no puede ser tema, nada queda que decir, pero pudimos haber tenido una novia en este pueblo, como nuestro padre, y pasear con ella escuchándola, mirándola a los ojos, al aleteo de su mano, de su abanico. Hoy no queda tiempo para las sugerencias. Sólo a lo que está vivo, frente a nosotros, podríamos escuchar o mirar. De manera que hoy no se sabe si se vive o se está muerto. Yo prefiero la sugerencia, lo que hubiera podido ser, en esta Glorieta bella y solitaria de Requena. Los domingos se pone alegre con la música del pabellón. Ha ido el poeta, hay mucha gente. Baila la gente joven. Pero son muchos los que pasean dando la vuelta una y otra vez. Bueno, el padre del poeta pasearía por aquí -gesto grave, mocedad tocada del aula del Instituto- siendo muchacho. No está mal la sugerencia. La Glorieta es preciosa. Y vendría por aquí una chica, alegre y nerviosa, haciéndose aire con el abanico; la que luego sería su madre. En otro tiempo se pensaba bastante en trance de folletín. Pero es bonito todo en este rincón tan sugeridor de Requena. Sí." De un artículo: "Puerto de paso parecía, límite o frontera, entre el Reino y Castilla, como antaño. No sé qué tiene Requena, acendrada soledad, cierto ascetismo, piel ruda y aire fino; no sé qué tiene que tanto penetra con el tiempo en el alma. Más que a los sentidos. No es tierra para sensualidades, sino para mirar lejos. Algo dentro de su rudeza castellana, tiene de inconsutil su paisaje al herirnos. ¿La desnudez de la meseta, aun con el viñedo, con los chopos como lanzas, la sangre de los labrantíos? Requena es un cambio de tema. Queda la inmensa pámpana, permanece en la retina."Se trata de mi artículo "Tránsito a Requena", publicado en "Las Provincias". Los chopos de la comarca fueron talados un día. Todavía me canta la nostalgia. Escribí de ellos en el periódico: "¡Qué chopos aquéllos! En los umbrales de Requena comenzaban a ponerse en dos filas, y seguían la marcha, sin dejarlo, hasta pasar Caudete de las Fuentes. Con una enorme gallardía en la figura, cimeras, finos, eran una idea exacta de lo que debían ser las llamas verdes de no sabemos qué alquimia o composición de magia..."
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1972) |
|||