"Noche de luna en la viña;

noche de ensueño y querer:

i madura estaba la niña,

pero verde la mujer."

 

(Canción sudamericana)

La luna llena embebía

en sus plateados haces

la tenue policromía

de los enveros agraces.

La luna llena besaba

las uvas en profusión,

y en madureces soñaba

de racimos en sazón.

 

La luna tembló de gozo...

¡por el linde de la viña

sintió el suspiro de un mozo

ante el rubor de una niña!

Con vehementes acentos,

el mozo quiso ofrecer,

para unos labios sedientos,

un racimo y un querer...

(Presintiendo desvaríos,

la luna embozó su faz,

por no ver los amoríos

de dos novios en agraz.)

Poro ella dijo: -¡No quiero

este agridulce sabor!

-¡No pasemos el lindero

de la viña y del amor!

No manchó, con su locura,

el amor noche tan bella:

¡El mozo tuvo cordura!

¡La niña quedó doncella!

y los racimos tempranas

ruborizaron su tez,

soñando con no lejanos

consorcios en madurez.

 

La luna corrió el embozo

donde ocultó sus temblores,

y en la viña hubo alborozo

de efluvios prometedores.

Pues, cogidos de la mano,

jurando dulces esperas,

al ardoroso verano

vencieron dos primaveras.

 

La luna sobre la viña

su plata volvió a extender:

¡que era madura la niña

pero verde la mujer!

 

 

F. Yeves Descalzo

 

(Publicado en El Trullo de Enero de 1973)