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La luna llena embebía en sus plateados haces la tenue policromía de los enveros agraces. La luna llena besaba las uvas en profusión, y en madureces soñaba de racimos en sazón.
La luna tembló de gozo...¡por el linde de la viña sintió el suspiro de un mozo ante el rubor de una niña! Con vehementes acentos, el mozo quiso ofrecer, para unos labios sedientos, un racimo y un querer... (Presintiendo desvaríos, la luna embozó su faz, por no ver los amoríos de dos novios en agraz.) Poro ella dijo: -¡No quiero este agridulce sabor! -¡No pasemos el lindero de la viña y del amor! No manchó, con su locura, el amor noche tan bella: ¡El mozo tuvo cordura! ¡La niña quedó doncella! y los racimos tempranas ruborizaron su tez, soñando con no lejanos consorcios en madurez. La luna corrió el embozo donde ocultó sus temblores, y en la viña hubo alborozo de efluvios prometedores. Pues, cogidos de la mano, jurando dulces esperas, al ardoroso verano vencieron dos primaveras.
La luna sobre la viña su plata volvió a extender: ¡que era madura la niña pero verde la mujer!
F. Yeves Descalzo
(Publicado en El Trullo de Enero de 1973) |