XXV FIESTA

(30 de Agosto - 3 de Septiembre de 1972)

El Monumento Nacional a la Vendimia

     Y fue el día 30 de agosto del año 1972, cuando en la ciudad de Requena, con una lluvia pertinaz, se inauguró el Monumento Nacional a la Vendimia; la Fiesta, como prometió su presidente, Francisco Martínez Bermell, había cumplido... Desde el mismo Monumento, José María Sánchez Roda, Flor Natural en los tiempos heroicos, recitó el magnífico Pregón de la Fiesta de las Bodas de Plata.

     En la noche, María Teresa Ruiz-Berdejo e Iznardi, la reina sonriente, era proclamada; un ilustre paisano suyo, don Jesús de las Cuevas Velázquez-Gaztelu, dio un curso de todo lo requenense y con su peculiar oratoria fue muy aplaudido. Dos días antes, María Consuelo Delgado de Molina Cánovas era proclama Reina Infantil, Miguel García-Gianero (mantenedor) y Javier Viana Martínez (presidente infantil) consiguieron brillantes parlamentos.

     El día 31 fue el momento de las inauguraciones, destacando entre ellas el Museo de la Fiesta, archivo de lo que fue nuestro festejo más peculiar. El Monumento empezó a manar vino; las calles, mesones y bodegas hicieron lo mismo. Como detalle báquico, 12.000 litros cayeron, durante los días festivos, en las gargantas de nativos y visitantes.

 
 

     El primer día de septiembre comenzó sobre ruedas; el I Trofeo Fiesta de la Vendimia de Ciclismo y el I Rallye Humorístico se repartieron la atención de los que "amanecieron" antes de las 13 horas. El requenense ausente fue recibido en el Ayuntamiento, donde fueron obsequiados con vino (cómo no), emblemas y un libro sobre Requena, después visitaron el Museo de la Fiesta y el Monumento; la vuelta a sus lares estuvo presidida por la emoción y la simpatía.

     Acto social de singular relieve tuvo lugar en la noche: ocho jóvenes requenenses eran puestas de largo en el claustro del remozado Instituto Viejo.

     Enlazando silencio y diana, las comisiones se fueron a las calles a repartir los premios, los pasodobles resonaron por toda Requena; el sábado se presentía bueno y lo fue. Las Majorettes de Almansa animaron la mañana y abrieron la marcha en la cabalgata, batalla incruenta, que tras dos vueltas gozó con la presencia de los Moros y Cristianos de Villajoyosa, como Julio César (con perdón), "Vini, vidi, vinci", danzaron, cañonearon, bebieron... algunos demasiado, y se fueron a La Villa, donde tendría lugar la Noche del Vino. Desde un balcón de la plaza de Albornoz, y con la culta y entrañable palabra de don Rafael Bernabeu, se procedió a la proclamación de Cristina Huertas Vega como Bodeguera Mayor de la Villa; después, en la Requena subterránea y en la misma plaza tuvo lugar la degustación de platos, embutidos y demás cosas vernáculas, regadas por el vino de la tierra.

 
 

     Y se llegó al domingo, la Ofrenda de Flores y Frutos se desarrolló con su habitual esplendor, realzado por la presencia de Sol Bacharach, Fallera Mayor de las fiestas josefinas, y su Corte de Honor.

     Luego... volvieron las lluvias, y todo lo programado se suspendió: los seis toros-toros (rara avis) salvaron su vida, las peinetas y mantillas, con desilusión se dejaron. El castillo pudo dispararse, resultando una pequeña "Nit del Foc". Una gran verbena popular fue el telón de la XXV, la del Monumento; la Fiesta se despedía, tuvo una Reina magnífica, actos singulares e imperecederos y mal tiempo.

     Desde estas postreras líneas, el reconocimiento a Julián Cano, Manuel Sánchez, Miguel Miralles,.. Ellos han representado y representan la savia de la Fiesta; con ellos va el recuerdo a todos los presidentes de barrio, a sus Reinas, damas y comisionados, que si por razones de espacio no han podido ser citados en esta "Historia", merecen los más altos honores, porque gracias a ellos la Vendimia es Fiesta.

     Como en las farsas, el relato ha terminado; perdonad sus muchas faltas.

 

Fco. Javier Martínez Roda

(Publicado en El Trullo de Enero de 1973)