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Cada día se va concediendo mayor importancia al estudio del clima, es decir, de las características meteorológicas que predominan en una región determinada.El microclima abarca las condiciones típicas de una pequeña zona, de extensión limitada. Limitándonos a estudiar nuestra nación, puede hablarse, por ejemplo, de las características que configuran el clima de Extremadura, o de Aragón. Pero dentro de estas regiones existen comarcas que, por su altitud, su orientación, la proximidad de un río o embalse, o por causas diversas, presentan unas características climáticas muy bien determinadas, y distintas de las que predominan en la región en que están enclavadas.El estudio del microclima adquiere mayor interés práctico cuando se aplica a regiones que, como Levante, de accidentada orografía, ofrecen comarcas, zonas y parajes de muy variada disposición climática.La adquisición de una finca rústica, la plantación de una parcela, el establecimiento de una casa de recreo y otras decisiones parecidas, pueden ser eficazmente orientadas, conociendo el microclima del sitio o paraje que ha de ser objeto de compra o transformación.Un primer factor, que aparece como muy conocido, es el de la orientación Norte o Sur del terreno; evidentemente, la primera lleva consigo un conjunto de caracteres (humedad, sombreamiento, frío) propio de las "umbrías"; la segunda, por el contrario, presenta síntomas (sequedad, soleamiento, calor) típicos de las "solanas", No es tan fácil la diferenciación correspondiente a las orientaciones Este y Oeste; y en ellas influye, destacadamente, la existencia del Mediterráneo, al Este de nuestra región. Las tierras orientadas hacia el mar reciben, con facilidad, los vientos marinos, frescos en verano y cálidos en invierno; pero siempre, húmedos. Mientras las orientadas hacia la Meseta (en nuestra región levantina) son alcanzadas, preferentemente, por los vientos del interior, cálidos en verano, fríos en invierno, y siempre secos.Según esto, la orientación al Este da lugar a un clima suave y húmedo; la contraria, origina, contrariamente, un clima áspero y seco. Independientemente del efecto del mar o de la meseta, las tierras inclinadas hacia el Este reciben los primeros rayos del sol, y son alcanzadas por éstos, especialmente durante las horas de la mañana cuando el aire está todavía frío y húmedo, por efecto de las horas de la noche; el calor solar se emplea, en parte, en evaporar la humedad y en calentar el aire, quedando poco margen para el calentamiento de la tierra. En cambio, los terrenos que se inclinan hacia el Oeste, son batidos, especialmente, por los rayos solares, en las horas de la tarde, cuando la atmósfera, pasado el mediodía, está caldeada y seca, y aprovechan los últimos rayos solares en el ocaso. Estas tierras, pues, se caldean más intensamente que las orientadas hacia el Este. En un terreno variado, sin fuertes accidentes montañosos, cada cerro o loma, y cada bosquecillo o masa arbórea, dan lugar a un pequeño mundo climático, a su alrededor, deteniendo los vientos dominantes, impulsándolos hacia arriba, desviándolos o al menos, aminorando su velocidad. Cuando se trata de establecer una vivienda o refugio en pleno campo, así como cuando se planea el establecimiento de una plantación delicada, debería estudiarse siempre, cuidadosamente el microclima del paraje, y evitar, en principio, la exposición a los vientos del Norte y del Oeste.
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Uno de los factores que influye más destacadamente en el microclima de un terreno determinado es su protección contra la lluvia, el sol y la acción del viento, que puede actuar directamente sobre la tierra o encontrar ésta protegida por una cubierta vegetal. El terreno desnudo es batido fuertemente por los rayos solares en verano, o enfriados bruscamente, a consecuencia de vientos secos y fríos, en invierno; la evaporación del agua contenida en él puede ser muy brusca produciendo una baja de temperatura considerable. Las tierras protegidas por vegetación, hojas caídas, restos diversos e incluso piedras se defienden mejor del sol en verano, del frío en invierno, y de la evaporación intensa, siempre. La naturaleza a la que se califica de "sabia", presenta siempre protegidos, por una cubierta vegetal, los suelos del bosque o del prado. Lo contrario, poco deseable, es la estepa o el desierto.
JOAQUÍN PÉREZ-SALAS Y LAMO DE ESPINOSA (Publicado en El Trullo de Enero de 1973) |
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