La distribución en el mapa nacional de los municipios españoles ha ido evolucionando a través de los tiempos, y bastaría examinar algunos datos históricos para comprobar los grandes cambios experimentados, por ejemplo, en las épocas romana, visigótica o árabe.

      El alud musulmán y la posterior Reconquista, "barrieron", primero de sur a norte y luego, inversamente, el territorio de nuestro país, configurando una nueva organización administrativa.

     En efecto, las regiones del norte, con una permanencia breve de los invasores, pudieron reconstruir fácilmente la administración visigoda; mientras que, en las del sur, al cabo de muchos siglos de permanencia árabe en sus tierras, la readaptación cristiana introdujo muchos cambios, como consecuencia de la evolución natural de los tiempos.

     En épocas más recientes, España tuvo una organización medieval basada en la existencia de pocos municipios, que extendían su jurisdicción a amplios territorios.

     Esto era lógico, de acuerdo con las condiciones de la situación político-militar de entonces, con ciudades amuralladas y población campesina dispersa en un territorio colocado bajo su amparo.

     Ello configuró la existencia de núcleos urbanos como Albarracín, Morella o Requena, cabeceras, cada uno, de una vasta comarca.

     Tal situación permaneció durante mucho tiempo, a lo largo del cual fueron acumulándose, en los centros mencionados, la riqueza, los monumentos y las obras artísticas de todo orden; paralelamente, se centraba en ellos la élite dirigente del país y los organismos de toda índole.

     El resto de! territorio, poco poblado, reunía sus habitantes en aldeas, caseríos o casas aisladas, dependientes todos del lejano y poderoso núcleo principal. Sus gentes, dedicadas a actividades predominantemente agrarias, se habían ido distribuyendo de modo que las distancias a las tierras de cultivo no pasaran de límites razonables.

     Con el establecimiento de una organización más perfecta, la afirmación de una autoridad común a todo el país, la roturación de nuevas tierras y el crecimiento de la población campesina, llegó un momento en que, por una parte, resultaba innecesario el papel tutelar de la ciudad comarcal, mientras, por otro, se hacía preciso dotar de servicios adecuados a los moradores de los pequeños núcleos dispersos.

     Ello motivó la creación, ya en época no muy lejana, de nuevos municipios, fragmentando para ello los grandes términos municipales existentes.

     Sin duda, esta reforma obedeció a una circunstancia que así lo aconsejaron, y es evidente que contribuyó a dar nueva vida a las antiguas aldeas y caseríos, que vieron reconocida su personalidad y alcanzaron una organización propia y un término municipal sobre el que ejercer su jurisdicción.

     Pero también es indudable que los anteriores grandes municipios, al resultar mermados en su territorio, población y posibilidades de todo orden, sufrieron (algunos) una postración de lo que no han vuelto a recuperarse.

     Como el "recorte" de su territorio tuvo en cuenta los deseos de independencia de unos y el afán de conservación de otros, se llegó, generalmente, a un término medio, y aún hoy día suelen coincidir los amplios términos municipales con las ciudades que, en otra época, fueron núcleos rectores de una comarca más amplia.

     Un repaso de datos recientes nos permite colocar, ordenadamente, aquellos municipios españoles que alcanzan, actualmente, en sus términos correspondientes, una superficie superior a los 800 kilómetros cuadrados: subrayamos en la lista los que son capitales de provincia.

 

Lorca (Murcia) 1.806   Km2
Cáceres 1.768     "
Badajoz 1.547     "
Jerez de la Frontera (Cádiz) 1.409     "
Córdoba 1.244     "
Albacete 1.231     "
Zaragoza 1.067     "
Ecija (Sevilla) 974     "
Jumilla (Murcia) 972     "
Moratalla (Murcia) 961     "
Andújar (Jaén) 956     "
Murcia  936     "
Carmona (Sevilla) 924     "
Hornachuelos (Córdoba) 905     "
Almonte (Huelva) 865     "
Villarrobledo (Albacete) 861     "
Caravaca (Murcia) 858     "
Mérida (Badajoz) 857     "
Requena (Valencia) 815     "

     En nuestros días el proceso es contrario, al menos, en ciertos aspectos. La población española tiende a agruparse de nuevo, aunque por razones distintas a las que prevalecieron en otras épocas. Muchos municipios pequeños han perdido, o van perdiendo, su razón de existir, mientras que otros, más grandes o mejor situados, van reuniendo una población antes dispersa.

     Las necesidades de la vida moderna, por una parte, y la facilidad de las comunicaciones, por otra, permiten, e incluso hacen aconsejable, una mayor concentración de la población. Los municipios, de acuerdo con estos factores, deben ser menos numerosos y mejor dotados de toda clase de servicios.

     Con esta política el número de municipios españoles que había alcanzado en un tiempo cifras próximas a los 10.000, ha bajado a unos 8.500, y continúa reduciéndose hasta que se estabilice, posiblemente, en un número muy inferior al actual.

     Incluso hemos visto recientemente la fusión de dos municipios pertenecientes a provincias distintas (Burgos y Palencia), por acuerdo pleno, y motivado, sin duda, por razones muy claras.

     Ello abre nuevos horizontes a la administración municipal española, que podrá reducir el número de sus organismos y mejorar, de modo sustancial, las dotaciones de los que subsistan.

 

JOAQUÍN PÉREZ-SALAS y LAMO DE ESPINOSA

(Publicado en El Trullo de Mayo de 1973)