Con posterioridad a la aparición de nuestro último número de EL TRULLO, concretamente el día 22 de Enero pasado, en Madrid, a primeras horas de la noche, D. Cirilo Cánovas García sufría inopinadamente un trastorno circulatorio que extinguiría su vida en breves momentos. La noticia se difundió rápidamente a nivel nacional, merced a la radio y televisión, dada su condición de ex-Ministro del Gobierno Español, pero, sin duda, en lugar alguno produjo tan honda conmoción como en Requena, su ciudad natal, con la que siempre se mantuvo estrechamente unido.

     Su cadáver fue conducido a Requena, por carretera, al atardecer del día 23 e inhumado en el panteón familiar de nuestro cementerio durante la mañana del día 24 entre una manifestación popular de duelo con escasos precedentes.

     Reservamos a la Historia de España, en cuyas páginas ya tiene cabida, la labor eficiente de este hombre a través de sus cargos oficiales al frente de la Dirección General de Agricultura, primero, y del Ministerio de Agricultura, después, ocupándonos solamente de su persona en sí y en relación con sus amigos y convecinos. Fue, muy según el estilo de las gentes de Requena, profundamente bueno, honrado, serio, trabajador, sin apetencias publicitarias y poco amigo de las frases huecas para "lavar la cara" de nadie ni para dejársela "lavar". Pudo haberse dejado llevar por el estilo del político profesional, rico en agilidad para la promesa en la tierra de nadie, y prefirió renunciar a la aureola popular o populachera de aquél en favor de una fidelidad a sí mismo y a la eficacia en la gestión que le fuera confiada. Favoreció cuanto pudo a sus amigos y convecinos y fue llano en el trato, sin alterar nunca el nivel que tradicionalmente había mantenido con cada cual. Quien lo necesitó lo encontró en buena disposición.

     Requena lamenta profundamente esta orfandad. Descanse en paz D. Cirilo.

 

(Publicado en El Trullo de Mayo de 1973)