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¡Muchacha vendimiadora, pródiga en ternura y mimos, que, al circuncidar racimos, tu palma se tiñe y dora; brinda un racimo a la aurora, y en el rosal de tu mano besa el jugo soberano del apretado bobal con el beso virginal con que se besa un hermano!
¡Porque tu hermano mayor es el vino de tu tierra, el que no admite la guerra jamás a su alrededor, el que su gala mejor te ciñe en la doncellez, y el que, allá en la madurez de tus afanes de esposa, vierte en tus labios de rosa el caudal de la honradez!
¡Mozo que, en bella postura, los abrazos no limitas, y en la vendimia ejercitas tu recia musculatura; algo incide en tu bravura trocando en acción la calma, y es que, al oprimir tu palma la uvada en su profusión, te rebrinca el corazón y se te enardece el alma!
¡Bebed conmigo, bebed de este vino fuerte y recio! ¡Bebed su virtud y aprecio, y su excelencia sabed! ¡SUS aromas conoced en dulce paz y armonía, y que su hirviente alegría nos incite a la franqueza de exclamar que su largueza nos da el pan de cada día!
¡Como el águila caudal que se remonta a la altura, proclamad la genitura de vuestro tinto bobal! ¡Sumid conmigo el cristal donde su fervor reposa, y, cuando la copa airosahayáis besado conmigo, bendecid cual yo bendigo a la viña generosa!
F. YEVES
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1973) |