La convivencia con el famoso hidalgo, surgido de otra época para mostramos una Requena desaparecida, sugestiva y opulenta, nos llenaba de ciencia y gozo. Como guía era un portento, sin sus conocimientos nunca hubiéramos penetrado en el pasado prodigioso de la gran ciudad valenciana, la cual como villa y castellana ya fue población de mérito. Como siempre acudimos impacientes a la cita con el extraordinario duende...

     "Bien, amigos, hoy les guardo una sorpresa, nos vamos de excursión"; este fue el saludo del amable guía: "Podemos ir por la carretera asfaltada, pero les llevaré por donde íbamos en mi tiempo, por el camino viejo de Requena a Fuente Podrida, porque allí os quiero llevar. Requena es célebre por su bien templado vino, este caldo estupendo es obra de laboreo y trullo, lo que no han hecho los requenenses, es la providencial calidad de las famosas fuentes que brotan en el dilatado término. En todas ellas la calidad de las aguas es sorprendente, entre potables y minerales podría citaros el nombre de casi noventa manantiales, difícil de decir cuál de todas es la mejor, Bernate, Regidores, Fuencaliente, ¡Reina!... todas maravillosas, incluyendo las medicinales. Vamos a Fuente Podrida, he preparado buenas caballerías para vosotros, el viaje es largo, así veremos la serranía de mi amada Requena".

      A punta de alba salimos de Requena. La primera parada fue en una aldea, Casas de Eufemia; continuamos por el camino de Toya, cruzamos la carretera nacional y luego la provincial que lleva a Los Sardineros. Proseguimos y atravesamos La Derrubiada, enfilando entonces el vértice Ripoll a donde llegamos vencida la tarde. Desde la cima vimos el culebreo del río Cabriel y el bosque que cubre el manantial de Fuente Podrida. El guía no sólo era muy versado en detalles del interior de Requena, sus amplios conocimientos abarcaban hasta los más alejados confines de la comarca. Entramos en los dominios de Fuente Podrida cuando el crepúsculo teñía de color fresa y malva el emplazamiento del milagroso manantial, cubierto de frondas vegetales vivificadas por el Cabriel, susurrante y tímido durante el estío, pasando lento y sumiso entre los sauces, refugio de rabilargos y vencejos.

     Nuestro guía volvió a hacer alarde de sus excepcionales conocimientos, en lo que respecta a pormenores requenenses; el manantial de Fuente Podrida, que con el tiempo ha llegado a ser un balneario famoso, no tenía secretos para nuestro duende: "Ignórase en qué año fue descubierto el saludable nacimiento ,de agua medicinal; de muy antiguo se conoce la virtud en las propiedades curativas de las aguas del manantial para sanar de ciertas enfermedades, sabiéndose que en 1850 era visitado y conocido. El doctor don Ramón Medina, por el año 1868 estimó oportuno dar cuenta al señor Conde de Cirat, dueño del manantial, del tesoro que en sus dominios existía, aconsejándole la conveniencia de fundar allí un balneario, advertencia que el propietario acogió, encargando a su administrador, señor Zuazo, la ejecución de las primeras obras en edificios apropiados. El agua minero-medicinal nace a la orilla izquierda del río Cabriel, el manantial siempre se llamó Fuente Podrida, o de la Salud; en un principio brotaba a tres metros del suelo, saliendo al pie de una roca caliza y sobre un lecho de medio metro cuadrado, formado por arena movediza. Las propiedades de las aguas medicinales eran apreciadas para enfermedades de la piel, muy eficaces en el reumatismo de origen herpético. Los precios que regían os causarían risa debido a la mentalidad de vuestro tiempo. Habitación de primera, con el servicio y pensión completa, 5 pesetas; las de clase tercera, con parecidas atenciones, una peseta; un baño de primera clase costaba una peseta; los niños de tres a seis años que se hospedaban en el establecimiento, bañándose en la pila con la persona que los tenía a su cargo sólo pagaban 50 céntimos...

     Cuando se instaló el ferrocarril -escuchábamos embelesados al hidalgo requenense transformado en guía-, los bañistas de Valencia podían efectuar el viaje partiendo de Requena en cómoda diligencia- saliendo de la población en la madrugada de los días impares, los meses de mayo y agosto, y de los pares en junio, julio y septiembre. Para propaganda del balneario se instalaron carteles en las estaciones que decían: "Fuente Podrida, Requena, para los catarros, aguas sulfurosas, balsámicas, hidroterápicas. Terreno elevado a 745 metros: sobre el nivel del mar; aire puro y embalsamado por el pino y el romero. Paisajes deliciosos y paseos impenetrables al sol (la moda de entonces era estar blancos). Alimentación suculenta y reparadora, leche de cabra y huevos del día".

     A principios de siglo, concretamente en el año 1910, para reserva de habitación y baños informaban en Valencia, en la tienda de la Palma, situada en la plaza del Mercado. Con el transcurso de los años Fuente Podrida fue mejorando, llegando a ser un balneario prestigioso, con asistencia masiva de enfermos que al responder la eficacia de las aguas vuelven a sus casas sanos. El duende se fue por el río, nosotros al quedar solos quedamos confusos, afortunadamente llegó el autobús que cubre la línea de Albacete a Requena y subimos alegres. El regreso fue corto y cómodo, La Requenense cuida bien el servicio de pasajeros.

 

Rafael Roca Miquel

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1973)