Entre un mar de verdes vides

que a la lejanía llegan...

Entre casas blasonadas

por escudos de nobleza...

En estos campos fecundos

donde según las leyendas

Rodrigo Díaz de Vivar

dirimió batallas fieras

con el pensamiento puesto

en conquistar a Valencia...

Aquí, donde por la Villa

y de San Julián su cuesta

las huestes de Mío Cid

marchaban a la pelea

para cruzando amplio Magro

ir conquistando laderas.

ganando al infiel batallas

bajo cascos de Babieca,

mientras por los Carrascales

llegaba la infamia negra

de unos condes fementidos

que con actos de vileza,

mancillaron los honores

de sus dos hijas esbeltas...

Aquí, donde una Santa

llamada Santa Teresa,

con una Cruz en sus manos

fue por escondidas cuevas,

por callejón de Paniagua,

cruzando calles estrechas,

por Arco del Ovejero,

por la fuerte fortaleza

repartiendo su cariño

y dejando sus poemas

con pensamiento en el Cielo

y las manos por la tierra,

en su caridad fecunda,

en su caridad perfecta...

Aquí, donde Dios un día

derramó tanta belleza,

extendió tanto verdor,

hizo fluir aguas frescas

que en regatos cristalinos

son como música nueva...

Aquí, a pesar de los siglos

transcurridos, siguen gestas

en la batalla diaria

para conquistar cosechas.

y con banderas de paz,

en vez de espadas, con rejas,

por caballos, los tractores,

por lanzas, azadas nuevas,

por escudos, con la fe

que dentro del pecho llevan

esos recios requenenses

que con fríos y con nieblas,

con vientos y con escarchas

por el viñedo pelean.

Hombres del campo curtidos

por el campo y su dureza

que derramando sudores

trabajan, cantan y rezan.

Yo, que soy hombre del campo,

y al campo doy mis poemas,

mi alegría, mi ilusión,

en mis rimas más perfectas,

hoy quiero ser pregonero

de lo que Requena encierra.

Como el requenense suelo

no encontraréis otras vegas

tan fértiles, tan fecundas

y tan plenas de bellezas.

Cristalinos vinos dicen

traspasadas las fronteras

la excelencia de los campos

fértiles de mi Requena.

Millones de verdes vides

con la brisa tremolean

dando la impresión de un mar

verdinegro hasta las sierras.

La Virgen de los Dolores

con su mirada serena,

bendice los verdes campos,

bendice tajo y tarea,

mitiga los sufrimientos

y va aliviando las penas

si la cosecha se pierde

por heladas o tormentas.

Por ello nació del pueblo

hacia la Virgen la ofrenda

de darle fiesta al trabajo

cuando la vendimia es fiesta.

La Fiesta de la Vendimia

con veintiséis rosas frescas

pregona a España y al mundo

que en los campos de la vega

se hace un alto en el trabajo

mientras la batalla cesa

porque en fiestas de vendimia

i Requena es la pionera!

Venid de todos los pueblos,

de las ciudades y aldeas

a contemplar a dos hijos

perpetuados en piedra

mostrando las negras uvas

¡mostrando paz y riquezas!

Contemplar un Monumento,

el único de la tierra

dedicado a la vendimia

¡que sólo existe en Requena!

Venid y contemplaréis

la fe que este pueblo lleva

dentro de los corazones

cuando a la Madre hace ofrenda

de los frutos que ha creado

con voluntad y paciencia.

Veréis mujeres hermosas

que con su garbo y majeza,

con sus trajes requenenses,

cien mil piropos cosechan,

llevando un brillo en los ojos

fulgurantes cual estrellas.

Venid y ver por la Villa

fuertes torres en Iglesias

vigías de nuestros campos

con sus campanas en vela,

mientras se duerme la luna

en sus fachadas esbeltas.

Contemplad bodegas hondas

donde tinajas sedientas

duermen su sueño de siglos

esperando la uva fresca

saturada de rocíos

en fuertes aportaderas.

Por calles engalanadas

en recoletas plazuelas

encontraréis los mesones

donde se escancia y se prueba

ese vino generoso

que a todos gratis ofrendan

con la sonrisa en los labios

los mozos, Damas y Reinas.

y sé que al beber el vino,

saboreando pureza,

con sus más vivos colores,

tan nítido en transparencia,

la alegría saltará

radiante por vuestras venas

llevando un grato recuerdo

de Arrabal, Villa o las Peñas

donde viven labradores

que con el alba despiertan

para marchar al viñedo

apenas el día empieza.

Venid desde todas partes

a ver ondear banderas

pregonando la victoria

de la campesina gleba

sobre el trabajo del campo

con una voluntad férrea.

Por las grandes avenidas

entre rosales y adelfas

os darán en todas partes

amistad a manos llenas

de un pueblo noble y leal

que de corazón se entrega.

Cuando el último cohete

acaricie las estrellas

poniendo broche final

a esta explosión de belleza,

con la luna septembrina

durmiendo por las veletas,

mientras besa campanarios

con sus luces de pureza...

Cuando ya en vuestros hogares

rememoréis estas fechas,

con gratos días pasados

por estas alegres tierras,

por los parajes de ensueño

que a toda Requena cercan,

la alegría saltará

impetuosa a la lengua

diciendo: ¡BENDITO PUEBLO

QUE DEL TRABAJO HACE FIESTA!

¡Bendito sea el solar

donde se asienta Requena!

Salvador Zahonero