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El agua constituye uno de los elementos fundamentales para la vida; ello es sobradamente conocido. Y en todo tiempo, se ha procurado disponer de ella, aumentando las dotaciones y reduciendo, en lo posible, las pérdidas. No es preciso insistir en el gran esfuerzo llevado a cabo, en nuestro país, en todo tiempo; y de modo muy señalado, en los últimos decenios. Los embalses construidos y en período de construcción, suponen una modificación muy notable de nuestro territorio, no sólo por su aportación directa al abastecimiento de agua, sino por el influjo, en ocasiones, muy claro, sobre la climatología de la zona en que están enclavados.Pero sería especialmente interesante un estudio serio sobre otros factores, propios de nuestra época y que han mejorado, sustancialmente, las disponibilidades de agua, aunque no hayan sido efectuados con esa finalidad. La labranza con tractor ha modificado, en pocos años, la situación, en lo que se refiere a la economía del agua. Antes, las tierras, someramente trabajadas, dejaban resbalar buena parte del agua caída sobre ellas que, engrosando el caudal de arroyos y ríos, iba en buena proporción a perderse en el mar. Ahora, filtrándose hasta capas profundas, se acumula en el subsuelo; es como si el clima se hubiera hecho más lluvioso. - El empleo del butano y otros medios caloríficos ha eliminado la clásica estampa del leñador, tanto en su acepción directa, como proveedor de leña, como en su forma evolucionada, de carbonero. Los montes, libres de esas actividades, han ido, poco a poco, espesando su cubierta vegetal, que los protege contra la erosión, y les permite conservar el agua de lluvia. Nuestros montes son ahora "más húmedos" que hace veinte años, por ejemplo; y continúan su proceso de reforestación.- La fertilización incrementada, propia de nuestra época, ha dado lugar a una intensificación de los cultivos, con el consiguiente aumento en la transpiración; y con ello, una mayor abundancia de vapor de agua. Todo parece indicar que este aumento no es despreciable y que contribuye, en cierta medida, a modificar el clima en un sentido favorable. - La llamada polución atmosférica, aunque indeseable en muchos aspectos, parece formar, en ciertos lugares, como una "campana protectora", reduciendo la evaporación y consiguiente perdida de humedad en la atmósfera. Se viene observando una reducción en la sequedad del clima, en determinadas zonas, achacable, posiblemente, a fenómenos de este tipo. - El incremento en los regadíos, finalmente, con independencia de su valor agrícola, ha mejorado sensiblemente la situación, en lo que se refiere al clima; naturalmente, en aquéllos que adolecían de exceso de sequía, como eran muchos de los nuevos regadíos del interior.Evidentemente, todo lo dicho hasta aquí es parcial, puesto que sólo se citan algunos de los fenómenos que contribuyen a "humedecer" el medio ambiente. Es claro que, junto a ellos, actúan otros hechos, modificando en sentido opuesto la situación. Sólo hemos querido indicar que, algunos de los nuevos modos de actuar, propios de nuestra época, están contribuyendo, en cierta medida, a corregir nuestro tradicional déficit de humedad. (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1973) |
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