En los periódicos ha aparecido la noticia, de que un procurador familiar por Soria pidió la dimisión de las autoridades más relevantes de la provincia, para llamar la atención del Gobierno sobre la situación de Soria, que se encuentra amenazada de extinción física.

     En mi opinión, es un capítulo más del trasvase de población de los centros medianos y pequeños a las grandes urbes.

     El crecimiento español, financiado por las divisas del turismo y por los emigrantes, ha comportado una despoblación progresiva de las zonas más deprimidas.

     En este gran movimiento está inmersa la situación requenense; son muchos los conciudadanos que hemos visto marchar por no tener posibilidades, o tenerlas muy precarias, en su propia tierra.

     Los emigrantes requenenses han preferido quedarse en España; son pocos los que fueron al extranjero. Requena ha aportado más habitantes a Valencia capital que cualquier otro municipio del País Valenciano, siendo el segundo de toda España, detrás de Madrid -según el Padrón demográfico de Valencia de 1960 a 1965-. Barcelona tiene también un buen contingente de requenenses. Es posible que muchos de los que emigraron deseen volver, pero por el momento el panorama no es halagüeño. Bastante se ha conseguido con suplir el déficit de población local con inmigrantes de Albacete y Cuenca. Las iniciativas a nivel local no pueden tener más alcance, ya que aunque se creen puestos de trabajo, en igualdad de condiciones con una capital grande, probablemente se prefiera la capital, ya que, hasta que no quede estrangulada por su "inhumana grandeza", la calidad de vida y las posibilidades de realización y promoción personal son mayores.

     Las soluciones de las comarcas que están como la nuestra, y aún peor como lo demuestran los inmigrantes que tenemos, han de ser a nivel nacional y con una conciencia muy clara de lo que significa planificación regional. Los organismos regionales deben tener capacidad para decidir y medios para realizar lo decidido. Son necesarios grandes proyectos para equilibrar el peso específico, que si no se remedia, tendrán las grandes capitales. Una inteligencia sana no puede admitir que España se convierta en un inmenso desierto -donde haya menos de 25 habitantes por Km2- con 6 ó 7 grandes urbes.

     Desde el siglo XVIII se ha propugnado en vano por un desarrollo equilibrado de las regiones, y dentro de las regiones de cada una de las comarcas; desde Jovellanos a Sampedro hay una trayectoria de hombres que piensan del desequilibrio regional como un hecho triste que debe desaparecer. Hasta hoy poco éxito han tenido estas ideas.

 

     De momento el proceso parece irreversible, todas las regiones tienen sus áreas deprimidas, siendo algunas provincias verdaderos puntos de subdesarrollo. Castilla ya es un inmenso desierto con un monstruo de asfalto en el centro: Madrid.

     No sólo los de Soria tienen motivo de preocupación; esta distribución de población puede repetirse con la misma intensidad en otras regiones españolas.

     Tanto los que sean víctimas de la despoblación como los de la superpoblación, deben tener plena conciencia del problema. Los requenenses, inmersos de lleno en esta situación, con mayor motivo. Sería lastimoso que tuviésemos también dos Españas hablando de población: una llena y otra vacía.

 

Federico Martínez Roda

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1973)