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Sabido es que las grandes conmociones provocaron en todos los tiempos un incesante trasiego humano. Por razones fáciles de comprender, este fenómeno se acusó mucho en Requena, donde se establecieron, a 'lo largo de los siglos, gentes de todas partes. Y si de este ir y venir pudiéramos hacer un censo, siquiera referido a las últimas centurias, quedaríamos asombrados; porque, ¿qué se hizo de tantos y tantos linajes de hidalgos y plebeyos que moraron en el solar requenense y que desaparecieron sin dejar el menor rastro? Como botón de muestra nos referiremos aquí a los Honrubia, desaparecidos del panorama local hace ya muchos años; y de quienes nos queda un topónimo de evidente porvenir urbanístico: la Huerta Honrubia. Aclararemos que los Honrubia procedían del inmediato valle de Ayora, de donde también vinieron a Requena los Fagoaga, Teruel, Cámara, Pi, Delgado, Carpio, Piqueras, Correcher, Juan, Toledo... --- oo --- Recordaremos que en aquel triste verano de 1812 -"el año del hambre", según las crónicas requenenses-, cuando los invasores franceses sometían la comarca a las más inicuas exacciones, el doctor don Dionisio Enríquez de Navarra, párroco de San Nicolás, "desposó y veló" en dicho templo a don Antonio Honrubia y Badía, de 24 años de edad, y a doña María de la Ascensión Segura Abril y Tenorio, de 16 años. Para darnos idea del estado de inquietud que reinaba por entonces en la comarca diremos que, días después de la boda, los franceses sufrían un fuerte descalabro en el Tollo, cerca de Utiel; acentuándose aquí sus desmanes y, con ello, la huida de no pocos vecinos. --- oo --- |
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En diciembre de 1813 -"el año de la miseria", según las mismas crónicas- venía al mundo, en Requena, Mariano Honrubia y Segura, nuestro protagonista, cuya filiación familiar era la siguiente: Padres, don Antonio Honrubia, de Ayora, y doña María de la Ascensión Segura, de Segura de la Sierra (Jaén); abuelos paternos, don Francisco Honrubia, de Ayora, y doña María Antonia Badía, de Alcudia de Carlet; abuelos maternos, don Vicente Hermenegildo Segura, de Requena, y doña María Manuela Abril y Tenorio, de Santiago de la Espada (Jaén). En cuanto a los Segura, en trance de desaparecer del panorama local, diremos que existieron aquí diferentes ramas, siendo las figuras más destacadas el capitán de granaderos don Pedro de Segura (1705), oriundo de Teruel, y el patriota don Mariano Segura, tío de nuestro protagonista, que vivía frente a la torre del Salvador (en el callejón que se llama de Segura) y que por su condición de hacendado, pudiera tener relación con el nombre de otro topónimo comarcano: la casa de Segura. Después de Mariano vinieron "por riguroso turno" sus hermanos Benito y Juan, a quienes su tía doña Manuela Badía, viuda del regidor don Mariano Segura, fallecida en 1817, dejó bien acomodados en este mundo, pues les legó "un pago de viñas cercadas" (9.725 cepas) en el llamado camino de las Canales de San Blas, una bodega en la calle de las Eras y la heredad denominada El Tesorillo (249 almudes de sembradura, con una hermosa casa y otros anejos), en las cercanías de Campo Arcís. Don Antonio Honrubia, pendiente de su hacienda en Ayora y de la de sus hijos en Requena, debió navegar al pairo en aquel torbellino de pasiones entre absolutistas y liberales, pues no vemos su nombre en parte alguna. En cambio, el cronista Martínez Azorín, en su Historia de la Ilustre Villa de Ayora (pág. 199), refiere que en 1825 fueron asesinadas doña María y doña Antonia Honrubia por tres foragidos (Calandraca, Molinero y Miracielos) que no tardaron en ser apresados y ajusticiados; "y sus cabezas, después de metidas en calderos de aceite hirviendo, fueron colocadas en jaulas de hierro" y expuestas al público: dos en la plaza Mayor y la otra en el Portal de San Vicente. También sabemos que el devastador cólera morbo de 1834, que acabó con la séptima parte de los requenenses, se llevó por delante a Benito y Juan Honrubia, por lo que recayó toda la hacienda en Mariano, ya en edad de cumplir el servicio militar. --- oo --- El de Ayora, velando "por el honor de su estado y el bien de su hijo", no se avino a que éste consumiera ocho años en Ultramar o quedase a merced de la creciente lucha entre carlistas e isabelinos, disponiéndose a revolver Roma con Santiago para ingresarlo como cadete en el Real Cuerpo de Guardias de Corps, custodio de la niña Isabel II, en el que hicieron fortuna Manuel Godoy y Fernando Muñoz. Para conseguir tan loable como ambicioso propósito, don Antonio Honrubia tuvo que realizar en favor de su hijo incesantes gestiones y probanzas a fin de acreditar la "limpieza de sangre", su firme adhesión a las instituciones liberales y, muy especialmente, la seguridad de una renta mínima de ocho reales diarios, pues al Real Cuerpo no podían aspirar los pelagatos. Aunque el negocio ofrecía no pocas dificultades, el hidalgo de "Ia Valle" se presentó ante don Gregorio Rufino Hernández, corregidor de Requena, con solicitudes y certificaciones autorizadas por los escribanos de su tierra (Agustín Barberá, Mariano Pont, Pedro Juan Rubio, Juan Andrés Núñez, el secretario Juan Antonio Buch...). Y para empezar, unos peritos justipreciaron las cepas de las Canales de San Blas (a dos reales y medio cada una), y la heredad de El Tesorillo (tasada en 154.147 reales), con lo que se testificó una renta anual de más de cuatro mil reales para el aspirante a guardia de Corps. Y, por si fallaban estas rentas, el obstinado ayorense comprometía en este empeño toda su hacienda, salvando los derechos de "su" Sandalio: otro hijo que acababa de llegar. Luego vinieron nuevas probanzas, como las de ser los Honrubia "cristianos viejos y sin mancha", constando que siempre fueron tenidos y respetados en Ayora y todo el valle como ciudadanos honrados, pues no en vano desempeñaron los empleos honoríficos de alcaldes, regidores, síndicos, etc. También se testificó que nuestro Mariano Honrubia "fue uno de los primeros jóvenes que se alistaron en la Milicia Urbana"; y que entre los trece mozos de dicha villa que sortearon en aquel reemplazo obtuvo el número dos. En cambio, no pudo acreditar su calidad de noble -"de que me hallo investido", según afirmaba el padre cargado de razón- por el descuido de sus ascendientes y por el saqueo que padeció el archivo municipal de Ayora durante la invasión napoleónica. A este respecto, diremos con Martínez Azorín, que entre las siete familias de hidalgos avecindadas en Ayora a mediados del siglo XVIII no figuran los Honrubia. --- oo --- Olvidábamos aclarar que el heredero de don Mariano Segura y de doña Manuela Badía, que había incrementado su hacienda en Requena bajo la tutela de su padre, según el minucioso expediente que hemos revisado, "era de buen talle, de agradables facciones y finos modales", siendo su talla "de cinco pies, tres pulgadas y dos líneas", lo que no le acreditaba de buen mozo; pues, según nuestra cuenta, apenas si alcanzaría metro y medio de estatura.
EL CRONISTA DE LA CIUDAD
(Publicado en El Trullo de Junio de 1974) |